Grabó un disco “de un saque” y con una costilla quebrada  que le dificultaba la respiración y el canto, lo lanzó sin tener pensada una fecha de presentación ni plan de promoción de prensa, lo hizo en un diciembre aciago para él y buena parte de sus seguidores y quienes gustan de su música. Después es un disco que desde su primer acorde dice y piensa qué importa del después. Y no porque la vida de Gastón Massenzio esté centrada en el pasado, casi por el contrario: busca saltar un presente abrumador que angustia hasta sofocar, algo que hay que sacarse de encima sin importar cuánto dolor cause. En esa urgencia está su belleza, una que sólo el tiempo y su después hará perdurar o no.

“Entiendo que algo de eso hay porque podría haber esperado al 2024 con una visión quizás más estratégica, pero eso iba a contramano de la necesidad, la sensación de urgencia que tiene uno con la música”, intenta resumir Massenzio el por qué y el sentido de su reciente Después, un disco de ocho canciones con el que sorprendió a propios y extraños por su proceso casi fulminante y su sonido discrepante con el momento que se vive. “A veces lo veo como una foto viva. La sensación de urgencia tiene que ver desde con el título hasta con el momento en el que lo saqué.”

Puede decirse que el después, como cualquier momento, tiene sus partes. Una que es la inmediatamente posterior al momento que inicia ese después, y otras que luego de ese revelador cimbronazo inicial -que corta la línea de tiempo precisamente en un antes y un después-, se van sucediendo a ese momento de quiebre y a medida que se alejan de él, lo resignifican casi permanentemente hasta agotarlo. El disco refleja ese degradé con tres primeros temas volcados de lleno al nudo dramático que le dan concepción y otros que van tomando distancia en intuiciones varias sobre los que puede venir pero que aún no son reflexiones, menos certezas. “Cuando uno hace música hay algo consciente y otro tanto que opera como a un nivel subliminal que el tiempo termina de esclarecer. Hay algo nebuloso en una parte del disco porque también es difusa la percepción de la realidad. Creo que el tiempo va a terminar de poner en perspectiva parte del mensaje de las canciones del disco”, puntualiza el cantante, compositor y multiinstrumentista.

“Fue casi una semana entera de estar todos los días en el estudio: grabé el piano, las guitarras, las voces, hubo participantes invitados y el disco lo produjo de nuevo Claudio Lafalce. Fue una necesidad de grabar todos los días hasta sacarme las canciones de encima. Y además estaba con una fractura de costilla por una caída y tenía contraindicado cantar por el médico. El disco tenía muchas cosas que yo quería sacarme de encima y más allá de que me doliera el pecho sentí que era la oportunidad para terminar de darle sentido. Así que desoí las indicaciones y canté todas las canciones con el pecho fracturado. Me pareció poético y que no podía esperar y cantarlas después, tenía que cantarlas en ese contexto. Fueron días de mucho esfuerzo grabarlo y cantarlo así, pero siento que así como la salida tiene que ser en este contexto, también tenía que grabarlo atravesado por esa fractura y por el dolor que sentía que era personal y físico. Estaba atravesado por muchas cuestiones personales, entonces me parecía que la fractura que tenía terminaba de coronar el estado en el que me encontraba, así que decidí grabarlo de un saque.”

Ese momento lindante con la desesperación, que a veces se manifiesta más en lo físico y otras más en lo emocional pero siempre es un todo que repercute y daña ambas facetas humanas, por decirlo de algún modo, en Massenzio encuentran una alegoría que se da en la charla, sin ninguna elaboración previa. “Hace poco leía en un libro de Javier Galarza que cuando hay un incendio uno se va de la casa y se lleva lo que tenía en ese momento. Quizás tenías documentación muy valiosa, o tenés instrumentos, pero si justo estabas leyendo un libro o dibujando en un cuaderno y hay un incendio, el reflejo que uno tiene es el de salir corriendo y llevarse lo que tiene en la mano, y no ponerse a ver en detalle qué es lo más valioso y llevárselo. No representa una huida, pero sí cargar con un bagaje de cosas ante una emergencia y tener que llevárselas; sacarlas es como llevarte las puestas, en algún sentido. Hay una necesidad de dejar atrás para poder caminar otros caminos.” Uno que ya recorre aunque aún no sabe hacia dónde lo lleva: “El disco cuando es nuevo para todos es muy viejo para mí”. Ese es otro después, uno que tal vez no esté en el disco, pero que repercute en el hoy de Massenzio.

“La persona que era cuando grabé completamente roto, física y psicológicamente, hace pocos meses, es una persona que ya no soy más. Quizás poner esas canciones en el disco fue la manera de exorcizar esos fantasmas, de exorcizar esas canciones y exorcizarme a mí y permitirme ser una persona distinta. Porque es fácil -o no sé si es fácil-, pero es como un dolor placentero el de regocijarse, el de regodearse, digamos, y el de revolcarse en el mismo lodo una y otra vez: en la comodidad de saberte de determinada manera, esa zona de confort que a veces es una zona de disconfort, en la que uno está como en una cama de clavos pero a la vez tiene huequitos y la forma de tu contorno. Para mí fue una necesidad. Y esto que para el público va a ser nuevo y fresco, para mí es parte de la historia, lo dejo atrás para vivir, para vivir el día después.” «


Gastón Massenzio – Después

  1. «Ensoñación».
  2. «El camino de un sueño».
  3. «Orilla.»
  4. «Una ofrenda».
  5. «Se cae conmigo».
  6. «Kintsugi.»
  7. «Recuerdo del día después»
  8. «Trazos bajo el sol».