En la segunda temporada de Barrabrava, los dos hermanos protagonistas, César (Gastón Pauls) y El Polaco (Matías Mayer), están ya francamente enfrentados, sin ambages y en pie de guerra por el liderazgo de la tribuna del Club Atlético Libertad del Pueblo. En una escena del segundo capítulo, se encuentran en la casa de su madre (Mónica Gonzaga) y ella le dice a El Polaco: “Comé” y este se niega porque no quiere compartir la mesa con César. La madre vuelve a decir con firmeza “Comé” y el personaje obedece y come. Quizás la secuencia rezuma el espíritu de la serie. Los hermanos se creen machos, malos y rebeldes, pero ante el grito de la madre se muestran como realmente son en el fondo: vulnerables, frágiles y débiles. Tal vez, toda la coraza de violencia y de despliegue de la masculinidad hegemónica en sus peores matices no esconda más que el sufrimiento y los deseos de ser abrazados y protegidos de esas existencias precarias.

-La nueva temporada profundiza varios conflictos que apenas asomaban en la primera. ¿Qué te interesó especialmente de esa evolución?

Ya es parte de la ideología de la serie todo lo que rodea el mundo del fútbol y que no solemos ver: los barrabravas, el poder político, el poder mediático y el poder judicial. O, más que los poderes, las manipulaciones judiciales, políticas y mediáticas que permiten o que necesitan que todo eso ocurra en el lugar de más pasión argentina que es el fútbol. Me atrapó cómo ahora aparecen más explícitamente.

-¿La otra gran clave es como exhibe el pasado de la familia Urrutia?

-Exactamente. Intenta llegar a los motivos de por qué César y El Polaco son como son y se relacionan entre sí y con las demás personas de manera violenta. En toda familia hay secretos no revelados, verdades no dichas, no expuestas, no mostradas y no aceptadas que hacen que tengan funcionalidades y disfuncionalidades. Es decir, para formar parte de un entramado social, con sus prejuicios, sus normas y sus hipocresías, pero también para seguir sosteniéndose como grupo, muchas de las cosas que les suceden a las personas son negadas y escondidas dentro de las familias. A diferencia de la primera temporada, en esta se profundiza sobre aquello que es negado y reaparece y viene a sacudir un poco la modorra. La verdad viene a iluminar un poco la oscuridad de una familia, no siempre de la manera más prolija y políticamente correcta. A veces, la verdad puede traer luz y soluciones; a veces, de tan dura e intolerable, puede conducir al crimen o al suicidio, pero la verdad es implacable.

Gastón Pauls: "La marginalidad y la violencia están mucho más cerca de lo que creemos"
César Urrutia y Adrián “El Polaco” Urrutia, interpretados por Gastón Pauls y Matías Mayer, vuelven a enfrentarse en la segunda temporada de Barrabrava.

-¿Por qué suele generar tanta fascinación la rivalidad entre hermanos?

-Con mi hermano Nico teníamos el proyecto de hacer un programa de radio llamado Abin y Cael. Mezclar los nombres bíblicos para mostrar que es como una especie de yin y yang, de que el negro tiene un poco de blanco, de que todo se mezcla entre hermanos. Creo que eso es por lo terriblemente crudo del parentesco, debe ser de las relaciones más cercanas que uno puede tener con las personas. A veces uno comparte con un hermano más tiempo todavía que con un padre o una madre. Es con quien dormís en la habitación, con quien jugás, crecés, con quien te peleás, con quien aprendés. Por lo menos voy a hablar de mí, que yo tengo un hermano como Nico, que era de quien yo aprendía todo: cómo comportarme en la escuela, cómo acompañar, cómo abrir y cerrar la puerta de la casa, cómo pelear. Entonces creo que hay mucho amor, pero puede haber mucho morbo. Los celos siempre están presentes. Es como el lugar donde más culpa te genera, porque yo no puedo tener envidia o celos de alguien a quien amo. Vuelvo al relato bíblico. ¿Por qué Dios le da tanto valor a los regalos de Abel y no a los de Caín? Es un poco el reclamo de los hijos hacia los padres. ¿Por qué a él lo querés y lo cuidás y a mí no? ¿Por qué a él le diste dos cucharadas más de azúcar y a mí me dejaste el café amargo? Esa es un poco la fotografía de la envidia y los celos y también la radiografía de la protección y de la desprotección. Eso está muy presente siempre entre hermanos y sobre todo en esta época frente a tanta orfandad social. Es una época de “¿a quién reclamo lo que me corresponde?”. Estamos en un momento de la humanidad donde ya hay pelea entre hermanos, y no estoy hablando de sangre, estoy hablando de la guerra. O sea, que todavía en el siglo XXI haya gente destrozando a otra por un pedazo de tierra, por un puñado de dólares o de agua o petróleo habla de que no aprendimos nada.

-En el relato bíblico hay una pregunta más interesante aún y es la que Caín le hace a Dios después de matar a Abel: “¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”

-Claro, porque por supuesto que hay una obligación de cuidar al otro. En esta pregunta está implícita la idea de cómo vemos al otro. Porque el dilema es si la patria es el otro, si Dios es el otro, o el otro es un enemigo al que hay que pisar. El otro viene a enfrentarme con mi culpa, con mis miserias, con mis falencias, y también con mis virtudes y mi amor. La pregunta de Caín es la pregunta de qué tengo que hacer con el otro al que tengo al lado.

-¿A qué estrategias recurriste para componer un personaje tan cargado de violencia como César?

-Yo soy absolutamente futbolero y voy a la cancha desde que tengo uso de razón. No recuerdo cuándo fue el primer partido, lo que sí recuerdo es que yo crecí viendo fútbol desde la platea de la cancha. Desde allí se puede observar también el funcionamiento a través del poder, a veces el sometimiento, la imposición de la fuerza por sobre la lógica o, a veces, el juego entre la inteligencia y la fuerza física en el manejo de un capo de barrabrava sobre sus súbditos o acompañantes. Yo no copié a nadie, solo trabajé sobre imágenes que había visto y también sobre mi propia violencia o mi propia negación de la violencia. También trabajé sobre la actuación, la pose que tienen las personas en la sociedad. Casi todos tenemos un personaje para interactuar dentro de los mundos que habitamos. Dentro del mundo literario, por ejemplo, los escritores tienen una forma de hablar y de posar que los hace reconocibles como escritores. Los barrabravas también tienen una forma de ser que es parte de una cosa natural y física, pero también está impostada, también está actuada: tienen un personaje armado que necesitan para accionar dentro de ese mundo.

-Recién me adelantaste algo. ¿Cuál es tu relación personal con el fútbol?

-Absolutamente presente. Yo jugué al fútbol hasta los dieciséis años, quería ser jugador de fútbol, no actor ni artista. Entonces era un apasionado del fútbol, de jugarlo, de verlo. Hoy sigo apasionado con el fútbol, pero también entendí todo lo que lo rodea. Es un fenómeno social y, como tal, puede ser utilizado con diferentes fines políticos. El mundo político lo toma, lo somete, especula con él, sirve para tapar atrocidades, para mostrar a un país unido, para movilizar sentimientos nacionalistas, como pan y circo del pueblo para desviar la atención de los avatares del mundo económico y social. Me sigue pareciendo un fenómeno impresionante. Hay que ver lo que pasó hace cuatro años en Argentina. A pesar de ser un país polarizado, siempre beligerante y dividido por la mentada grieta, el fútbol lo logra unir en festejo. No hay otro fenómeno que lo pueda unir así. No hay nada en cien años que haya unido de esa forma al país, agitando la misma bandera, los mismos colores y gritando las mismas canciones.

Gastón Pauls: "La marginalidad y la violencia están mucho más cerca de lo que creemos"
La relación de los hermanos Urrutia será cada vez más compleja.

-Como ficción hija de su época, ¿por qué te parece que tiene tanta repercusión una serie donde prevalece el enojo fratricida y la marginalidad?

-Los márgenes cada vez se parecen más, entonces aparece la necesidad de imponer un margen para separar. Se necesita ver una frontera que separe al rico del pobre, al bueno del malo, a la gente de bien de la gente de mal, al judío del católico, al progresista del conservador. Siempre hay una necesidad de separar. Hay un punto en donde todos estamos enlodados en el mismo barro, más allá de que algunos se limpien y otros sigan sucios. Por ejemplo, el consumo problemático de drogas es tan gravoso en los sectores privilegiados como en los sectores populares más vulnerados económicamente. La clase media está cada vez más empobrecida o cayó en la pobreza. Entonces aparece la necesidad de pensar que la pobreza, la marginalidad, la violencia, el peligro y la maldad están en otro lado, en el mundo de los barrabravas, por ejemplo. Pero la marginalidad y la violencia están mucho más cerca de lo que creemos. En el mismo barro estamos todos manoseados. En Barrabrava queda clara la especulación de sectores empresarios y políticos que necesitan de esa fuerza de choque marginal para mantener su estatus y su lugar, y también el papel de los medios de comunicación que ensalzan, aplauden y vitorean algunas cosas y condenan otras, dependiendo de intereses económicos. Porque no hay que olvidar que frecuentemente los noticieros son como las drogas: crean un mundo de ficción. Tienen un guion, una tonalidad y una música triunfal o una música en función de lo que quieran transmitir. «

Barrabrava

Creada por Jesús Braceras. Con Gastón Pauls, Matías Mayer, Violeta Narvay, Miguel Ángel Rodríguez, Mónica Gonzaga y Gustavo Garzón. La segunda temporada ya está disponible en Prime Video.

La lucha contras las adicciones

Desde hace varios años, el actor y conductor Gastón Pauls preside la fundación llamada La Casa de la Cultura de la Calle, creada con el objetivo de prevenir el consumo problemático de sustancias.

-¿Qué nuevas acciones se emprenden desde la fundación?

-La semana pasada estuve levantando el teléfono para llamar al presidente, a los veintitrés gobernadores y al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para unirlos en un proyecto que se llama Veinticinco firmas, que los invita a comprometerse con la prevención de adicciones y la salud mental. Pensé: no me importa si se es de derecha o de izquierda, a esta altura es irrelevante. Por el tema de la droga se mueren ricos y pobres, de izquierda y de derecha. Está la realidad de pibes de ocho años fumando paco y de pibas de diez abusadas a las que les pagan sus servicios con pasta base. Hasta acá, de las 25 personas que yo llamé, tuve veintidós respuestas positivas.

Gastón Pauls: "La marginalidad y la violencia están mucho más cerca de lo que creemos"
Pauls tendrá una agenda agitada en lo que queda del 2026.

-¿Cuáles son tus próximos proyectos?

-Tengo una película que se llama El año del dragón, que quiero dirigir este año. Y estoy trabajando en dos libros, con Editorial Planeta: uno que tiene que ver más con mi historia, con la recuperación de las adicciones y parte de mi vida; y el otro es un relato de ficción.