El modelo estratégico de “gobierno global” expresa un proyecto geopolítico que prevé vías de intervención en el escenario internacional, tanto en el campo económico como en el escenario bélico. Intervención que, hacia el interior de las naciones, tiene entre sus objetivos nucleares desmantelar los sistemas de salud y científico-tecnológico; apropiarse de recursos naturales; deconstruir las bases e instituciones del Estado social y democrático de derechos; balcanizar territorios, y romper los lazos de identidad cultural, social e histórica de los pueblos.
1.- Crónicas con olor a petróleo. Al momento de asomarnos a las maniobras que se suelen urdir entre empresas petroleras multinacionales con el poder militar y grupos neoliberales nos podemos encontrar, a modo de ejemplo: con el apoyo que brindó la petrolera Standard oil Co. a los miembros del grupo fascista argentino Legión de Mayo y al golpe castrense que derrocó el gobierno de Yrigoyen en 1930. Todo ello al mismo tiempo que esa compañía, por intermedio de su subsidiaria Vacum Oil Company (donde trabajara Eichman), continuaba sus negocios con los miembros del Partido nazi a la par de acompañar el aporte económico que, desde Dupont y General Motors, se brindaba a la “Liga de la Libertad” norteamericana en sus luchas contra el movimiento obrero estadounidense y las políticas reformistas del New Deal.
2.- El modelo de las transnacionales. La reciente invasión militar a la República Bolivariana de Venezuela, que también significó un ataque al principio “Latinoamérica territorio de Paz”, tuvo entre sus objetivos apropiarse de la mayor reserva mundial de petróleo. Una invasión gestada en beneficio de sociedades radicadas en Norteamérica, como Chevron, Valero Energy o Shell (que registran entre sus principales accionistas a las inversoras Blackrock y Vanguard). Se trata de una acto de fuerza este que nos conduce a repasar las características estructurales del modelo imperial de “gobernanza global”, en tanto diseño funcional a los intereses de corporaciones transnacionales asentadas en países hegemónicos.
Corporaciones estas cuyos nombres y actividades se mantienen ocultos. Desconocidas por el pueblo. Ya sea por ignorancia, de manera deliberada o por el peso de una realidad difícil de “ser soportada”, no suelen formar parte de las agendas comunicacionales. Situación que les facilita, entonces, operar en silencio. “En silencio” y bajo la superficie de una intrincada maraña de datos y “puestas en escena” que son dramatizadas por circunstanciales, y pasajeros, presidentes, funcionarios y testaferros variopintos. Dependientes estos que cumplen con el cargo de enmascarar a los Beneficiarios finales de un esquema que se despliega al amparo del aparato tecnológico-militar de sus “Estados gendarmes”.
3.- Gobierno corporativo disciplinario. A la saga de los procesos de acumulación, concentración y centralización de capitales, el referido modelo estratégico de “gobierno global” desterritorializado ‒legitimado en torno a la idea de “soberanía supraestatal difusa‒ expresa un proyecto geopolítico que prevé vías de intervención económicas y bélicas en el escenario internacional. Intervención que, hacia el interior de las naciones, tiene entre sus objetivos nucleares balcanizar territorios, deconstruir las bases e instituciones del Estado social y democrático de derechos y romper los lazos de identidad cultural, social e histórica de los pueblos.
Conforme los aludidos propósitos, no se persigue que el Estado desaparezca en tanto ente, sino que se disuelva, que agote su aptitud a efectos de promover el pensar crítico, producir subjetividad y dirigir políticas en términos democrático-participativos de soberanía estatal y justicia social. En esta senda, se impulsa una metodología de gestión a cargo de empresarios transnacionales “politizados” (en términos de Beck) y de serviciales lumpenes. Operadores estos habilitados con el fin de que desempeñen un papel clave en el quehacer de delinear la economía y legislación en términos planetarios. Posición que detentan a partir del poderío, delegado, del que disponen para corromper; “privar a la sociedad de sus recursos materiales” (capital, tecnologías, puestos de trabajo) y acrecentar el control social mediante el ejercicio de un poder punitivo, bárbaro, reforzado por un desvencijado mecanismo judicial y la injerencia de agencias nacionales y extranjeras.
4.- Fantasmática del Poder real. A lo largo de los últimos tres siglos, se ha puesto en evidencia que aquella idea optimista de una “mano invisible” que conduce a los beneficios de la competencia económica devino, en la realidad material, en un continuo y acentuado proceso de centralización de la actividad económica, generado por la absorción de unos capitales por otros más poderosos. Capitales que, desde el comienzo de su modo de su producción, estuvieron articulados con el sistema financiero y con los prestamistas internacionales “de último recurso”, conforme ya lo expusiera Rudolf Hilferding en 1910.
En ese recorrido, las Empresas Transnacionales (ETNs), en especial los fondos de inversión que se ocupan de gestionar activos, constituyen en los tiempos que corren el actor económico-financiero y político más relevante de la red global. De tal forma, en lo que respecta a nuestro país y a manera de un acotado ejemplo, podemos considerar los casos de las ya aludidas Blackrock (principal acreedor privado con títulos de deuda argentina) y Vanguard, en cuanto a sus participaciones accionarias en los conglomerados: Bunge y JP Morgan. Así, podemos constatar que ambos Fondos se encuentran entre los principales tenedores de acciones de: Bunge −holding transnacional de agronegocios en camino a controlar la empresa Vicentin− y del JP Morgan, uno de los bancos acreedores del país, donde trabajaron como empleados a sueldo quienes, en estos días y desde las catacumbas, tienen a su cargo ejecutar el Ministerio de Economía, el Banco Central, el Plan Nuclear argentino y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Comercio Internacional del país.
5.- Caminos de la democracia formal. Por otra parte, debemos también recordar: la incesante “labor legislativa” que realizan, con el soporte de la academia orgánica, fundaciones y estudios corporativos: el FMI; la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Mundial (BM). Este cometido lo llevan a cabo con el objeto de proyectar normas de matriz neoliberal (financieras, penales, laborales o de seguridad) orientadas a que, con distintos niveles de consenso o bien bajo presión, sean incorporadas en la legislación interna de los países y de sus balcanizados estados provinciales.
En esos contextos, la puesta en práctica de los “planes de negocios” de grupos transnacionales encaminados a concentrar su poder económico-financiero; apropiarse de recursos e incrementar la tasa de ganancia, produce una inequitativa distribución del ingreso. De tal manera, resulta que en Latinoamérica y el Caribe el sector más rico de la población capta el 34,2% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre participa en sólo el 1,7% de ese ingreso. Situación de desigualdad que “echa al pueblo a sufrir” y abre las compuertas para agudizar “la fisura entre capital y democracia”, con grave daño para los Derechos Humanos y sociales, que quedan atrapados entre los vericuetos de una democracia formal.
6.-Desafíos. Una vez más, en estas instancias se nos hace presente el reto de “atreverse a saber”; retomar la Batalla cultural, largamente abandonada, y participar “estando juntos a la par” en la tarea colectiva y plural de construir un nuevo sujeto histórico a partir del compromiso solidario; la defensa de la dignidad humana y de los intereses soberanos de nuestra Nación. «