Los aires de confianza que irradian los pasillos de Casa Rosada ante la posible aprobación de la reducida Ley Bases, después de varios desencuentros que llevaron al fracaso de la primera edición del proyecto, empiezan a hacerse realidad. El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, confirmó que sus bancas apoyarán el texto que le abrirá las puertas a firmar el Pacto de Mayo propuesto por el presidente Javier Milei para el 25 de ese mes.

“Si le va bien al gobierno nacional, le va bien a todos los argentinos”, justificó en una entrevista el heredero del cordobesismo vaticinando, también, que con las modificaciones introducidas, la ley tiene “un alto nivel de aprobación” a diferencia de la anterior. “Es hora de darle instrumentos al gobierno, por más que uno no esté de acuerdo es momento de acompañar”, sostuvo, enviando un fuerte mensaje a sus pares en plena ronda de negociaciones con el gobierno.

Las declaraciones del gobernador se dan en medio de las tensiones que mantiene el Ejecutivo. Tal como contó Tiempo, en Casa Rosada miran con recelo al cordobés, a quien le atribuyen parte de la responsabilidad por la caída de la primera versión de la ley, a pesar de que sus diputados apoyaron en general su aprobación. El desencanto del gobierno queda a la vista en las cargadas agendas de los dirigentes.

Este martes, el ministro del Interior, Guillermo Francos, viajó a Salta para reunirse con la Liga de Gobernadores del Norte para continuar con las negociaciones, encuentro que replicó al día siguiente con el neuquino Rolando Figueroa, quien pasó la mañana en el despacho de la planta baja de la casa de gobierno para seguir afinando los puntos sensibles de la ley que afectan directamente a la región y su provincia. Lo mismo ocurrirá el próximo 4 de abril con los diez gobernadores que formaban parte del ex Juntos por el Cambio. La invitación a Llaryora, sin embargo, aún no llegó.

Foto: Lescano Laura Telam

Desde el círculo del gobernador apuestan por bajarle el tono a la posible disputa y entienden que aún no fueron convocados por cuestiones organizativas. “Están llamando por partido, nosotros no respondemos a ningún espacio, hay que ver en qué grupo nos ponen”, dijeron a este medio desde Córdoba para justificar la llamativa ausencia del mandatario en la mesa de negociaciones que montó el ministro. Si bien hasta el momento el gobernador no fue convocado, de igual modo hizo llegar sus condiciones para aprobar la ley que el oficialismo espera volver a presentar a mediados de abril.

Al igual que el anterior, el nuevo proyecto de ley incluye entre sus artículos la vuelta del Impuesto a las Ganancias, tributo con mayor índice de coparticipación, cuyo retorno podría garantizar una importante recuperación para las cajas provinciales golpeadas desde el recorte total de Aportes del Tesoro Nacional tras la llegada del libertario a la gestión nacional. Si bien para los caciques provinciales estos ingresos les garantizarían una mayor cintura para afrontar los gastos regionales, lo que entra por un lado, sin más remedio, deberá salir por otro. 

El costo político de la deducción del salario real que traerá la vuelta de este impuesto a los trabajadores que cobren más de 1.141.066 pesos mensuales, entienden todos los gobernadores de la zona núcleo y sur del país, será altísimo y ninguno está dispuesto a pagarlo. 

Es por este último punto que desde El Panal propusieron al gobierno nacional un piso de 2.000.000 de pesos para el cobro de Ganancias, una reversión a menor escala de un tributo a los altos ingresos, una postura que hermana a Llaryora con Axel Kicillof. Aunque su cercanía con el poder central es diferente, ambos gobernadores acuerdan en que “los sacrificios” que plantea la gestión nacional deben partir por la transferencia de los sectores que perciben mayores ingresos a quienes menos reciben y no al revés. Peronismo puro.

“Están evaluando la propuesta, todavía no nos dieron ningún avance”, confió a Tiempo un colaborador del cordobés, quien se mostró confiado frente al posible triunfo de la propuesta del gobernador, a pesar que, hasta ahora, desde el gobierno nacional no mostraron ni un ápice de interés por subir el mínimo no imponible.

La revolución de La Docta

“Los gobernadores e intendentes tenemos que acompañar al presidente”, sostuvo el cordobés, quien esta semana envió al jefe municipal de la Ciudad de Córdoba, Daniel Passerini, a reunirse con Guillermo Francos en la sede del gobierno central. La cumbre, de la que también participaron los intendentes Ulpiano Suarez (Mendoza) y Rosario Romero (Paraná), sirvió como un primer acercamiento del Ejecutivo con el interior en medio de los importantes recortes en materia de subsidios de transporte urbano y obra pública que complica notoriamente las billeteras municipales.

Si bien de esta cumbre no salió ninguna medida concreta, el ministro se mostró receptivo para analizar la posibilidad de continuar obras que sean financiadas con programas internacionales.

Con este primer encuentro, además, el sucesor de Llaryora en la capital cordobesa se posiciona como el principal interlocutor entre la Casa Rosada y las intendencias del país, dándole un rol central entre los jefes municipales nacionales -que realizarán una nueva edición de la Reunión Red Federal de Intendentes en Rosario a mediados de abril- en medio de su propia construcción para también suceder a su líder político en la gobernación en cuatro u ocho años.

De esta forma, los líderes cordobeses vuelven al centro de la escena en medio de un clima político tenso y deseoso de ver aparecer nuevos dirigentes. El envalentonamiento que volvieron a mostrar los dirigentes del cordobesismo combina, además, con las últimas declaraciones de Eduardo Angeloz Jr., hijo del líder radical que supo ser gobernador de Córdoba por tres períodos, quien se adelantó a todos los protocolos de campaña y postuló a Llaryora como candidato a presidente. 

Durante un evento por la conmemoración del 40 aniversario del plan alimentario PAICOR, creado por su padre en 1984, el empresario y heredero de Angeloz le pidió al gobernador que cuando “sea el ocupante número uno de la Casa Rosada» gestione un programa similar a nivel nacional. Los presentes quedaron boquiabiertos, los armadores del gobernador extasiados: el sueño de sentar a un cordobés en el Sillón de Rivadavia podría no ser tan descabellado.