El noveno álbum de la banda de Damon Albarn y Jamie Hewlett propone una travesía en cuerpo, alma y melodía por la India que transforma el duelo por sus padres en un disco extrañamente vital. El resultado es un trabajo más conmovedor y cohesionado desde Plastic Beach.

Gorillaz lleva un cuarto de siglo demostrando que lo suyo nunca fue una broma por o para el Britpop. En un mundo donde los “artistas virtuales” y los avatares generados por IA ya son moneda corriente, Damon Albarn y Jamie Hewlett entregan The Mountain, su noveno álbum de estudio, y lo hacen con una jugada maestra: convertir la pérdida personal en una celebración que mira hacia Oriente.

"The Mountain": Gorillaz propone un viaje musical que transforma el duelo en celebración

Si Demon Days miraba al mundo post 11-S con desolación y Plastic Beach alertaba sobre el desastre ecológico, The Mountain encuentra su norte espiritual en la idea hindú del Samsara: un ciclo eterno de muerte y renacimiento donde el final nunca es realmente un final.

El álbum integra de manera orgánica instrumentos como el sitar de Anoushka Shankar, la flauta bansuri de Ajay Prasanna y las percusiones clásicas de Viraj Acharya. La voz de la nonagenaria Asha Bhosle, quizás la artista más grabada de la historia, se eleva en The Shadowy Light pidiendo ser llevada «al otro lado, donde no hay alegría ni tristeza». Es un diálogo entre iguales que evita el ridículo porque existe respeto.

"The Mountain": Gorillaz propone un viaje musical que transforma el duelo en celebración

Gorillaz y más de diez más

Uno de los movimientos más conmovedores del álbum es la inclusión de colaboradores que ya no están. Albarn revisitó archivos de sesiones pasadas y rescató voces que parecen hablar desde el más allá: el spoken word de Dennis Hopper abre el disco; Bobby Womack y Trugoy de De La Soul aparecen en la boogie-sinfónica The Moon Cave; el inconfundible escupitajo de Mark E. Smith irrumpe en la electrónica oscura de Delirium; y Tony Allen, el alma del afrobeat, sostiene The Hardest Thing.

Pero no todo es duelo. Idles, Black Thought (The Roots), Bizarrap y Trueno, Yasiin Bey (Mos Def) y Omar Souleyman aportan la cuota de presente y futuro. El dúo Sparks se luce en The Happy Dictator, pop bailable y satírico más cerca de los Talking Heads que de los trends de TikTok.

"The Mountain": Gorillaz propone un viaje musical que transforma el duelo en celebración

The Mountain es, contra todo pronóstico, uno de los puntos más altos en la carrera de Gorillaz. Frente a la oportunidad de hacer un disco tipo playlist por la cantidad de contactos que tiene Damon, se compuso un trabajo conceptual: aquí hay cohesión, un hilo conductor que ata las 15 canciones con una idea: la muerte no es el final, es parte de un ciclo. Como dice la voz de Dennis Hopper en la apertura: «Todas las almas buenas vienen a descansar». En The Mountain, descansan, sí, pero también hacen una pequeña fiesta.

Lo que hace interesante a The Mountain no es una canción en particular, sino la sensación de que Gorillaz finalmente encontró un hilo conductor después de años de funcionar como una colección de features más o menos logrados. Es un disco que se sostiene solo, sin necesidad de explicaciones ni de recurrir a la nostalgia de los viejos hits. Eso se traduce en un álbum que cierra con una sensación extraña: la de estar escuchando un final que también es un comienzo.

15 canciones, más de una decena de músicos invitados para colaborar y poquito más de una hora de música de un disco que revoluciona la historia de una banda que supo revolucionar la historia.