En un contexto donde Argentina proyecta convertirse en exportador mundial de energía a partir del desarrollo de Vaca Muerta, mientras la crisis energética internacional redefine los mercados globales, la industria del norte argentino enfrenta una realidad diferente: altos costos energéticos, falta de infraestructura estructural y desafíos de competitividad.

El ingeniero Gerardo Grippo, presidente del Movimiento Industrial Misionero, analiza el impacto de la matriz energética en las economías regionales, el debate sobre la reforma laboral y los desafíos que plantea la apertura comercial para la industria del noreste argentino.

Argentina proyecta exportaciones de GNL a partir del desarrollo de Vaca Muerta. ¿Qué significa esto para una provincia como Misiones que aún no tiene conexión a la red de gas natural?

– Contar con Vaca Muerta representa un activo económico muy importante para el país. Se trata de una de las mayores reservas de petróleo y de la segunda reserva mundial de gas, lo que le otorga un valor estratégico significativo. Ese valor se incrementa aún más en el contexto actual de tensiones en Medio Oriente, donde cerca del 20% de las reservas globales de petróleo y gas enfrentan dificultades logísticas y de refinación. Este escenario internacional puede generar oportunidades para países con reservas energéticas importantes, que podrían acceder a mejores precios y mayores posibilidades de exportación. Sin embargo, todavía no vemos un proyecto integral de desarrollo nacional que aproveche plenamente este recurso.

¿Qué falta hacer?

– Además de exportar, Argentina debería utilizar esta enorme potencialidad para fortalecer su matriz energética interna y garantizar energía propia a precios competitivos para el mercado doméstico. Hoy gran parte de las áreas están concesionadas a empresas, junto con el rol central que cumple YPF como petrolera de bandera. Todo ese entramado podría convertirse en uno de los pilares de un proyecto de crecimiento económico sostenido, acompañado por una política de infraestructura que permita extender el gasoducto a distintas regiones del país. En el caso de Misiones, la falta de gas natural por redes representa una desventaja productiva muy importante. Los costos de producción se elevan y la logística ya es compleja debido a la ubicación geográfica de la provincia. Actualmente existe un proyecto de gasoducto que llegaría hasta Paso de los Libres con el objetivo de exportar gas hacia Brasil. Es una iniciativa positiva, pero también debería contemplar su extensión hacia Misiones. De lo contrario, la provincia seguirá en una situación de aislamiento energético que condiciona su desarrollo industrial. Además, Misiones ocupa un lugar estratégico dentro del Mercosur. Contar con energía suficiente permitiría potenciar procesos de industrialización y consolidar una plataforma de exportación hacia los países vecinos.

Grippo: "Todavía no vemos un proyecto integral para aprovechar el gas de Vaca Muerta"
El gasoducto Néstor Kirchner integró energéticamente el país pero con foco en la exportación.
Foto: YPF

¿Se está generando una asimetría competitiva entre regiones del país?

– La asimetría energética-productiva es una realidad. Cerca de Misiones se encuentra la represa de Yacyretá, que aporta entre el 15% y el 20% de la energía eléctrica del país. Sin embargo, gran parte de esa energía se utiliza en los complejos industriales de la región pampeana. Muchas provincias cuentan con distintas fuentes de energía disponibles, lo que facilita el desarrollo industrial, el crecimiento urbano y la radicación de población. La disponibilidad de energía suficiente genera un círculo virtuoso de desarrollo económico y social, que mejora la calidad de vida y permite el crecimiento productivo.

¿Qué implicancias tiene para la industria misionera no acceder a gas natural mientras otras provincias sí lo hacen?

– Implica no contar con condiciones equivalentes para producir y crecer. Esto afecta la competitividad, desalienta inversiones y limita la generación de empleo. En definitiva, repercute en toda la economía regional. En pleno siglo XXI no deberían existir estas carencias estructurales en un país con el potencial energético que tiene la Argentina.

¿Qué soluciones estructurales deberían impulsarse desde el Estado nacional?

– Las soluciones deberían formar parte de un plan de desarrollo nacional de carácter federal. Sé que hoy hablar de planificación no siempre genera consenso, pero es precisamente lo que han hecho todos los países desarrollados. Ese plan debería contemplar el desarrollo de las economías regionales, como el té, la yerba mate, el algodón, el tabaco o la vitivinicultura, muchas de las cuales hoy atraviesan situaciones complejas. También debería promover y financiar la educación pública, la ciencia, la tecnología y la innovación, que son pilares fundamentales del desarrollo industrial. A su vez, es importante garantizar acceso a insumos estratégicos como acero y aluminio, que permiten reducir dependencias externas, algo especialmente crítico en contextos de crisis internacionales. Un plan de desarrollo de estas características debe ser necesariamente federal, con participación de todos los actores productivos de cada región.

Grippo: "Todavía no vemos un proyecto integral para aprovechar el gas de Vaca Muerta"
La cadena de valor misionera sufre un deterioro competitivo por su matriz energética deficiente.

En el debate sobre modernización laboral surge una pregunta estructural: ¿la industria misionera necesita una reforma laboral o necesita primero infraestructura energética y logística?

– Podemos discutir adecuaciones a la normativa laboral, pero esas reformas deben surgir de consensos amplios entre trabajadores, empresarios y Estado. La reforma que se aprobó recientemente parece más bien una elaboración jurídica que no logró equilibrar la reducción de costos laborales con nuevas garantías para los trabajadores. Sin consenso social, las reformas carecen de legitimidad. Además, detrás de la idea de “modernización” muchas veces aparece una tendencia hacia el monotributismo y el cuentapropismo, con menor protección laboral. Desde el punto de vista económico, el empleo no se genera simplemente reduciendo costos laborales. Nadie toma empleados porque sean más baratos si no tiene ventas. Hoy el promedio de capacidad instalada de la industria está cerca del 50%, con sectores por debajo del 30% e incluso algunos totalmente paralizados. Cuando la demanda cae, desaparecen pymes y puestos de trabajo. Por eso el trabajo y los salarios son también un factor clave para sostener el consumo y dinamizar la economía. La competitividad de una economía no depende solamente del costo laboral, sino de toda la estructura productiva. Los países como Argentina que se industrializaron más tarde deben atravesar etapas de aprendizaje y maduración productiva. Si pretendemos desarrollar industria propia, debemos aceptar que durante un tiempo puede existir menor eficiencia relativa frente a economías más desarrolladas. Por eso muchos países apoyan a sus industrias en etapas iniciales mediante créditos, incentivos fiscales o políticas de promoción, con plazos definidos. El objetivo final siempre debe ser lograr una industria competitiva y tecnológicamente avanzada.

Grippo: "Todavía no vemos un proyecto integral para aprovechar el gas de Vaca Muerta"
El acuerdo Mercosur-UE una oportunidad con claroscuros.

¿Qué rol juega el tipo de cambio en la competitividad de los países?

– Otro factor clave que define y hace posible la competitividad es el tipo de cambio. Si miramos el escenario internacional, países como Indonesia, Estados Unidos, Italia, Canadá, Brasil, España, Sudáfrica o Australia presentan distintos niveles de productividad. Para explicarlo de forma simple, la productividad es la relación entre la producción obtenida y la cantidad de recursos utilizados; es decir, cuánto se produce por unidad de tiempo o por cantidad de recursos. Por ejemplo, Indonesia puede producir un determinado bien utilizando cierta cantidad de horas de trabajo, con una productividad relativamente baja. Italia puede tener una productividad media, mientras que Estados Unidos suele registrar niveles más altos. Sin embargo, en el mercado internacional el precio de muchos bienes tiende a ser casi único, o al menos está bastante definido por el comercio global. Entonces, países que tienen costos distintos —porque su productividad es diferente— necesitan herramientas para poder competir en esos precios internacionales. Una de las principales es el tipo de cambio, es decir, cómo se posiciona su moneda frente al dólar, que es la moneda más utilizada en el comercio global.  En general, estos países funcionan bajo una lógica unimonetaria, donde ajustar el tipo de cambio es una herramienta de política económica que no genera grandes distorsiones internas. En cambio, países como la Argentina tienen una dinámica bimonetaria. Por eso, cualquier modificación en el tipo de cambio impacta rápidamente en el mercado interno, generando efectos y fenómenos no deseados, como presiones inflacionarias. Esta es una de las razones —no la única— por las que lograr competitividad en nuestro país resulta más complejo. A esto se suman otros factores estructurales como la carga impositiva, el acceso al financiamiento o los costos logísticos

¿El acuerdo Mercosur puede representar una oportunidad o una amenaza para la industria regional?

– La consolidación del Mercosur como bloque económico es fundamental. Un bloque integrado permite mejorar condiciones de comercio, negociar aranceles y desarrollar proyectos comunes de infraestructura, tecnología y financiamiento. Sin embargo, la apertura comercial debe ser acompañada por políticas productivas internas. Si una economía regional no cuenta con energía, logística adecuada, infraestructura y financiamiento, competir con industrias de países más desarrollados puede resultar muy difícil. Por eso, la apertura comercial sin resolver las asimetrías estructurales internas corre el riesgo de profundizar desigualdades entre regiones y debilitar el desarrollo industrial de las economías regionales.