Por estas horas los pueblos bonaerenses disfrutan la semana de carnaval donde su identidad, su historia y la realidad se unen en esta fiesta popular que combina oficio artesanal, música y comunidad y se convierten en un imperdible para locales y turistas.
Las luces del corso se encienden y suenas los primeros tambores y redoblantes. Pero los preparativos vienen de todo el año porque arrancan en talleres improvisados, clubes de barrio y casas de familia, donde las mesas se cubren de bocetos, telas y lentejuelas. Allí, manos pacientes cosen trajes, moldean máscaras y dan forma a carrozas que son protagonistas.

El detrás de escena también es un imperdible para conocer esta celebración de Carnaval que nace de antiguos rituales ligados a la renovación de la vida, al fin de la cosecha y que augura tiempos mejores. Las raíces afro y criollas se fusionaron junto con las costumbres de cada rinconcito de nuestro territorio. La calle se convierte en escenario y el festejo, en experiencia compartida. En muchos pueblos bonaerenses, la fiesta que se aprende, se hereda y se renueva. Para quienes viajan, conocer ese proceso suma valor porque es conectar con la historia viva. Es el caso de Roque Pérez, donde el carnaval se vive cerca de las raíces. Entre calles tranquilas, plazas arboladas y el pulso de una comunidad que se reconoce en sus tradiciones, la fiesta recupera su esencia más auténtica. El Carnaval Rural transforma al pueblo en un punto de encuentro, con un desfile de comparsas, murga, sorteos, patio de artesanías y música en Plaza Mitre. La fiesta además tiene su rol social: lo recaudado se destina al fortalecimiento de las instituciones participantes.

“Los carnavales forman parte de nuestro patrimonio cultural y social. Se sostienen gracias al compromiso de vecinos, instituciones y artistas, y llegan también a los parajes del partido para que todos puedan participar”, dice la directora de Turismo, Candela Barreneche.
Lincoln es la Capital Nacional del Carnaval Artesanal. Sus tradicionales carrozas y gigantes cabezudos, muestran el trabajo reconocido en todo el país: es un espectáculo a cielo abierto cuya historia se remonta a fines del siglo XIX, y consolidó su identidad en 1928 con la incorporación de la técnica de la cartapesta con una historia vinculada con el Teatro Colon de Buenos Aires. “El Carnaval de Lincoln es una experiencia completa: arte, color, tradición y comunidad. Cada noche la avenida Massey se transforma en un gran corsódromo al aire libre”, explicó el intendente de Lincoln, Salvador Serenal acerca de la propuesta local donde también hay patios gastronómicos, ferias de artesanos, peñas y espectáculos musicales.
Viajamos al oeste de la Provincia. Las 107 ediciones ubican al Carnaval del Arte y la Alegría de Guaminí como una de las fiestas más antiguas de la PBA y un símbolo de continuidad y pertenencia. Durante seis noches, el corsódromo de la avenida Gregorio García Pereyra se llena de color con carrozas, carros de ingenio, Fiesta de la Espuma, carros dicharacheros, comparsas y murgas que convocan a toda la comunidad. “Todos, de algún modo, forman parte del carnaval, ya sea desfilando o colaborando en la organización”, explicó la guía de turismo local, Mercedes Patricia Benítez.

La celebración se construye de manera colectiva a través de un Consejo de Carnaval integrado por el Municipio, artesanos, instituciones, comercios y clubes, reforzando una identidad local que se abre al visitante.
Ahora estamos en el centro de la PBA. Aquí, el Carnaval de 25 de Mayo se vive desde el escenario y se multiplica en la calle. La fiesta convoca a más de 6 mil personas y se vuelve el principal atractivo turístico del año. “Lo vivimos con mucha intensidad. Subirse a la pasarela, cantar, animar, compartir. El carnaval nos llena de energía para todo el año”, contó Viviana Luna, presidenta de la comparsa Mirú Mirá. El desfile reúne comparsas, batucadas, pasistas y carrozas. Participar en los carnavales es elegir destinos donde la cultura se vive en la calle, recorrer pueblos y dejarse llevar por una energía que contagia. «

Tilcara, una celebración imperdible al norte
Si salimos de la Provincia de Buenos Aires, uno de los carnavales más emblemáticos es el de Tilcara, en la Quebrada de Humahuaca (Patrimonio de la Humanidad), en Jujuy. Porque es mucho más que una fiesta: es una celebración ancestral donde se mezclan rituales andinos, música, colores y una fuerte identidad cultural.
Allí, el carnaval se vive en las calles, con comparsas, diablos, coplas y rituales que honran a la Pachamama, en un clima festivo que convoca tanto a locales como a visitantes.
Además del carnaval, Tilcara ofrece atractivos culturales y naturales imperdibles, como el Pucará de Tilcara, el Museo Arqueológico Dr. Eduardo Casanova, el Museo José A. Terry y paisajes únicos como la Garganta del Diablo.
Tilcara se ubica en el espectacular valle montañoso Quebrada de Humahuaca. Justo afuera de la ciudad están los restos reconstruidos parcialmente de Pucará de Tilcara, una fortificación prehispánica sobre un cerro. Un destino imperdible, en todos los sentidos. Podés disfrutarlo en cualquier momento del año, pero en carnaval es único.