Dicen que Napoleón Bonaparte afirmaba que los países tienen la política de la geografía que les toca en suerte. Tal vez sólo formaliza así una oposición entre las potencias cuya fuerza reside en el dominio del mar y los imperios que se basan en el control terrestre. Surge la referencia de las guerras en la antigua Grecia, cuando la terrestre Esparta y la marítima Atenas se masacraron por el Peloponeso. Pero es un tema que va más allá. En efecto, el tráfico de esclavos y la consiguiente revolución industrial convirtieron en fundamentales el manejo de las vías comerciales marítimas. Los esclavos fueron la fuerza de trabajo necesaria para extraer las materias primas que debían ir desde la periferia a los centros para ser procesadas. Un poco como ahora. Por supuesto, quien descolló en esas (malas) artes fue el Reino Unido. De la necesidad como isla hizo una virtud, tanto desde el punto de vista comercial como militar.
Asistimos entonces a la combinación entre los avances tecnológicos de la navegación en alta mar y de las técnicas militares con el comercio triangular entre Europa, África y América, el manejo de las rutas por donde transitan los recursos, en un “vale todo” por apropiarse de los lugares que sirven a la acumulación primaria del capitalismo marítimo. Holanda, potencia naval, y Francia, poder terrestre, trataron sin éxito de romper la primacía de la Royal Navy. Como en toda ideología dominante, lo que fue necesidad luego fue virtud y pronto se convirtió en deber. Eran los tiempos de “Rule, Britannia”, un hit patriotero inglés de 1740 que postulaba el gobierno de los mares para los ingleses, “que jamás serán esclavos”. Claro, hay que esclavizar a los demás. Y eso por derecho divino, obvio.
Algo quedó de todo eso. El dominio de una técnica elevado al rango de mandato celestial es la característica de todos los imperios. Así es como el contraalmirante norteamericano Alfred T. Mahan (1840-1914) teorizó a fines del siglo XIX sobre la primacía del poder naval por sobre todas las cosas. Tanto, que consideró lícito apropiarse de bienes y tierras de quienes no tuvieran prominencia marítima, además de equiparar poder con raza. Sin embargo, fue un geógrafo inglés, que también era político, quien revalorizó el dominio de los territorios por sobre la dominación de las olas. Se llamaba Halford Mackinder (1861-1947). Es conocido por sostener en 1919 que “quien domine Europa del Este mandará en el corazón del continente; quien mande en el corazón del continente regirá el Mundo Isla” (Eurasia); “quien mande en el Mundo Isla dominará el mundo”. Ah, mire usted, casi una descripción de los BRICS, de la Iniciativa de la Ruta de la Seda y de la Franja, de la Organización de Cooperación de Shanghai, de la organización institucional del Sur Global. Mahan, se te escapó la tortuga de mar.
De allí que el conflicto de occidente contra Irán venga fallado de origen. Los anuncios de envío de portaviones con nombres de presidentes permanecen fuera del alcance de la misílistica persa. Además el USS Gerald Ford tuvo problemas en las letrinas y en las cocinas (notable concordancia), lo que obligó a repostar lejos del frente. Quizás los estadounidenses hayan olvidado que del Presidente Ford se decía que no podía caminar y mascar chicle al mismo tiempo. ¡Qué yeta! El hecho de poner un bloqueo sobre el paso selectivo que Irán estableció sobre el estrecho de Ormuz tampoco parece decidir el día. Es que esos caprichos geográficos de la tierra sobre el mar estrangulan el paso, como también en Bab-el-Mandeb, del lado del mar Rojo, que está bajo la mira de los hutíes, aliados de Teherán.
La acción naval le ha servido a los Estados Unidos para derrotar a Japón, varias islas, en la Segunda Guerra Mundial, lo que no es poco. También le posibilitó imposibilitar el desarrollo de Cuba, la Isla. El Reino Unido derrotó a la Argentina en Malvinas, Nuestras Islas. Y sin duda hay más ejemplos. Primacía naval. Pero Irán es una potencia terrestre. También Rusia. La India. Y sobre todo China. No se olviden de Turquía… Con la guerra de Ucrania y la agresión en Medio Oriente, pareciera que la teoría de los océanos quiere vencer sobre la práctica de las tierras. Es cierto que la tecnología avanzó, pero aviones, misiles y drones son los recursos, nada desdeñables, que le quedan a las flotas occidentales. Ah, los otros también tienen de eso. Entonces, ¿habrá que mandar la tropa? Siempre es una posibilidad, pero es cuando alguien en algún lugar del Pentágono se preguntará si el objetivo vale las pérdidas. Que es la pregunta fundamental de la guerra. Es en ese momento en que comienza la geografía de la política. Y eso es otro asunto.