La Tercera Guerra Mundial ya está aquí desde hace tiempo. Ya lo había advertido el papa Francisco: es una guerra en cuotas. Que no es parecida a la primera o segunda contienda global sino que inaugura un nuevo género que combina la guerra total con la inteligencia artificial. Los diferentes frentes tienen sus momentos de atención mediática, como en Ucrania; de silencio, como en África; de horror, como en Medio Oriente. Aparecen tendencias y tensiones propias de cada momento y lugar.

Por ejemplo, Estados Unidos vive una tensión estructural. Todavía no sabe por qué atacó a Irán. Acaso quiera convertir a la República Islámica en un Estado laico, pero entonces habrá una guerra civil antes de aceptar un remedo del Shah. Al mismo tiempo Trump dijo que quería participar en la elección del nuevo guía religioso de Irán, un deseo bastante imposible, pero que tampoco llevará al “cambio de régimen”. ¿Querrá desmembrar esa milenaria nación? Así sugieren que prometer a los kurdos de Irán un país independiente a cambio de combatir a Teherán. Suponen que los kurdos no saben de la promesa del gran Estado que los europeos le prometieron a los árabes para la primer posguerra no funcionó demasiado bien. También puede desear destruir la capacidad militar de Irán, en especial los “cohetes intercontinentales que apuntarán a Estados Unidos” que no existen o las armas nucleares que Irán no tiene. Por eso entre otras ciudades bombardea Teherán (10 millones de habitantes). Estados Unidos libra una guerra sin objetivos.

El que tiene claro los objetivos es el Estado de Israel. Quien mejor los define es Mike Huckabee, el actual embajador de los Estados Unidos en Israel. “Israel tiene el derecho bíblico de tomar todo el Medio Oriente”, según lo cita el diario The Guardian. Este exgobernador de Arkansas y predicador bautista insiste: “Israel es la tierra que Dios le dió, a través de Abraham, al pueblo que el eligió. Es un pueblo, un lugar y un propósito”. Después del relativo escándalo provocado, Huckabee dijo haber dicho una “hipérbole”, una figura de retórica que exagera una determinada posición. ¡Vaya aclaración! En un mundo donde la metáfora no existe más y prima la interpretación literal existe la peligrosa tendencia en confundir las sagradas escrituras con escrituras de propiedad.

Para Israel, la campaña de Gaza ha sido provechosa. La destrucción de ciudades y la masacre de la población, con la secuela de desplazados, hambre y enfermedades, han demostrado que a occidente tales cosas no importan. Al contrario, fascina la mezcla de guerra total e inteligencia artificial. ¿Morbo de envidia? Israel ahora busca gazatizar al Libano. El libreto es el mismo. 

En nombre de la lentitud en el desarme de Hezbollah por parte del ejército libanés, Israel interviene de nuevo. Aunque no lo respeta, exige el cumplimiento del cese al fuego que implica la neutralización de la milicia, y amenaza con invadir el Líbano. El problema para el ejército libanés es que no puede desarmar a una fuerza que combate a Israel mientras Israel bombardea el país y en especial Beirut (3,5 millones de habitantes), sobre todo los desplazados. Incluso si lo intentase por la fuerza, un enfrentamiento entre libaneses llevaría a otra guerra civil. Un día hablaremos del Líbano.

Por otra parte los compromisos israelíes son de geometría variable: arrasa Gaza por la presencia de Hamas, aunque no todos los gazaties pertenezcan a esa organización. Ataca al Líbano y bombardea Beirut, como si todos los libaneses fueran de Hezbollah. En Cisjordania, donde no existen ni Hamas ni Hezbollah, los colonos israelíes apoyados por el ejército practican la limpieza étnica de palestinos. La organización israelí de Derechos Humanos B’Setelem contó ya 90 aldeas destruidas desde 2023, con corte de olivos, robo de ganado y pozos de agua cementados. Eso que Cisjordania está gobernada por lo que queda de la Organización de Liberación de Palestina (OLP), que renunció a la lucha armada y reconoció al Estado de Israel en 1993. En ese contexto, los incentivos para negociar con Tel-Aviv quedan más que desdibujados. O es que ya no se negocia.

Porque el ataque a Irán se realizó en el momento en que había negociaciones en curso en la ciudad de Ginebra, justo sobre el tema nuclear. Con la habitual pericia tecnología, Israel y Estados Unidos realizaron los habituales ataques de precisión para descabezar la dirigencia iraní así como los bombardeos de terror para vulnerar la voluntad de combate en el adversario (universidades, hospitales, civiles). Lo que diga Palantir y afines. Sin embargo, parece que existe cierta sorpresa en el bando occidental frente a las capacidades iraníes en la respuesta. En una guerra asimétrica, los menos fuertes deben infringir un daño que los más fuertes no puedan soportar. Si pueden aguantar las tensiones internas les conviene alargar el conflicto. Les basta con no perder. Los más fuertes deben hacer una rápida guerra de exterminio (que para eso sirve la Inteligencia Artificial). No pueden no ganar, a menos de sufrir el paso del tiempo, cuya tendencia conduce al desgaste logístico, militar y moral de las grandes potencias.  «