Las canciones de Peor no obedecieron a un plan ni a un concepto previamente diseñado. Guillermo Piccolini descubrió de qué hablaba su segundo disco solista recién cuando las diez composiciones ya estaban terminadas. En ese recorrido se fueron colando la incertidumbre del presente, las historias de amigos, las pérdidas, los encuentros y una forma de mirar la realidad que terminó atravesando todo el álbum.
«El armado de mis discos siempre es aluvional. Nunca digo ‘voy a hacer un álbum sobre tal cosa’. Las canciones van apareciendo y, cuando las escucho juntas, recién ahí descubro que estaban hablando de lo mismo. En este caso tienen mucho que ver con la observación de la realidad, con las cosas que me pasan a mí, con las que les pasan a mis amigos, con el tiempo que estamos viviendo. Uno no necesita escribir de manera directa sobre la actualidad porque la realidad igual te atraviesa. Después sale transformada por tu propio filtro. No es una fotografía. Es otra cosa», resume el músico.

Cuatro años después de Futuro imperfecto, el exintegrante de Toreros Muertos y Pachuco Cadáver regresa con diez canciones grabadas casi íntegramente en su estudio del barrio porteño de Congreso. Lo acompañan músicos con los que mantiene una relación artística y afectiva desde hace años: Skay Beilinson, Julieta Laso, Pablo Dacal, Mariana Baraj, Federico Ghazarossian, Javier Casalla, Ariel Argañaraz y Zelmar Garín, además del núcleo estable integrado por Colo Belmonte en percusión y Alan Bustamante en bandoneón. Entre las participaciones aparece también Daniel Melingo, en una de las últimas grabaciones que realizaron juntos antes de su muerte.
Las colaboraciones surgieron de la misma manera que las canciones: sin estrategia previa ni cálculo. Cada invitado llegó porque alguna composición parecía pedir esa presencia. Así ocurrió con «Me tenés podrido», el clásico de Horacio Fontova que Piccolini grabó junto a Pablo Dacal. La versión nació casi por accidente.
«Con Pablo tenemos un espectáculo juntos y habíamos decidido hacer un par de canciones que no fueran nuestras. Yo elegí esa porque tengo una relación muy especial con la obra de Fontova. Cuando me fui a vivir a Madrid y me quedé sin plata, tocaba canciones de ese disco en el subte para ganarme la vida. Además, me parece que la letra volvió a tener una actualidad impresionante», señala.
La grabación también fue espontánea. «Estábamos ensayando para un show, se hizo tarde, nos quedamos a cenar, abrimos unas botellas de vino y en un momento dijimos: ‘¿Y si la grabamos ahora?’. Así entró al disco. Muchas de las cosas más lindas aparecen cuando uno deja de controlar todo».
Con Skay Beilinson sucedió algo similar, aunque la invitación llevaba meses dando vueltas en su cabeza. «Había una canción, ‘Sin ver’, que desde el primer día me pedía esa guitarra. La escuchaba y pensaba: ‘Acá tiene que tocar Skay’. Me daba un poco de pudor proponérselo, pero aceptó. Hay músicos que no sólo tocan: cambian el clima de una canción apenas aparece una nota».
La decisión de volver a convocar a Daniel Melingo le costó un poco más. No porque dudara de él, sino porque ya había participado de Futuro imperfecto. «Me daba vergüenza molestarlo otra vez. Pero ‘Cara de loco’ necesitaba su voz. Por suerte me animé. Pasamos una tarde trabajando solos, nos divertimos muchísimo y hoy ese recuerdo tiene otro valor. Uno nunca sabe cuándo va a ser la última vez que comparte unas horas con alguien.»
La muerte de Melingo transformó aquella grabación en un recuerdo todavía más valioso. «Dani fue una persona decisiva en mi vida. Primero como músico. Para mí Los Twist y Los Abuelos de la Nada están entre las cosas más extraordinarias del rock argentino. Después apareció la amistad. Nos conocimos en Madrid, compartimos giras, discos, proyectos. Él me presentó a Roberto Pettinato, hicimos UFA juntos. Hay personas que cambian tu recorrido sin hacer demasiado ruido».
Piccolini reconoce que Peor es un disco más oscuro que su antecesor, aunque rechaza la idea de que sea pesimista. «Los tiempos son peores y las canciones inevitablemente cambian de color. No quería hacer un disco derrotista. Escribo desde el lugar donde estoy parado. Si el mundo se vuelve más áspero, eso termina apareciendo en la música. No es una decisión estética; es una consecuencia».

Piccolini tampoco cree haber encontrado una fórmula para escribir. «Cada vez que me preguntan cómo hago canciones siento que voy a decepcionar porque no tengo una respuesta inteligente. No sé cómo se hacen. Algunas llegan como una melodía, otras como una frase o una imagen. Lo único que aprendí es que conviene no molestarlas demasiado. En mi caso, casi siempre terminan armándose solas».
Esa intuición fue también la que lo llevó, hace algunos años, a abandonar los moldes anglosajones que habían marcado buena parte de su carrera. «Para el primer disco me prohibí escribir rock y, dentro de lo posible, también pop. Quería descubrir qué pasaba si me apoyaba en ritmos que me pertenecen culturalmente. Primero apareció la música y recién después entendí por qué estaba pasando».
Si Futuro imperfecto fue una declaración de principios, Peor amplía ese universo. «No me interesa repetir una fórmula. Si el disco anterior necesitaba ciertas reglas, este necesitaba aflojarlas. Por eso aparecen sintetizadores, guitarras eléctricas y una producción más amplia. Pero sigue siendo un disco neopajueranista. Lo único que hice fue abrir un poco más las ventanas para que entraran otros sonidos».
Al repasar su carrera, evita hablar de prestigio y prefiere detenerse en lo que aprendió de los artistas con los que trabajó. «Grabar con Susana Rinaldi fue transformador. Yo creía que sabía cómo se interpretaba una canción hasta que la vi trabajar. Ahí entendí que estaba equivocado. Ver a una artista construir cada palabra, cada respiración y cada silencio te cambia para siempre».
De Andrés Calamaro Piccolini admira otra cualidad. «Lo que siempre me impresionó fue la velocidad. Hay gente que resuelve música con una naturalidad que parece imposible. Es como jugar un picado con Maradona. Compartir tiempo con músicos así es un privilegio porque aprendés incluso cuando no te están enseñando nada».
Lejos de hacer planes, Piccolini prefiere dejar que las canciones encuentren su propio camino. «Decidí surfear el devenir. Eso no significa vivir sin objetivos. Significa entender que la vida suele ser bastante más creativa que uno. Hoy no tengo pensado hacer otro disco… y, sin embargo, ya tengo varias canciones nuevas. En algún momento aparecerá solo, como aparecieron los anteriores».
Mientras tanto, el presente tiene nombre y fecha. Peor será presentado el 16 de octubre en el Club Atlético Fernández Fierro. Antes volverá a compartir escenario con Pablo Dacal en una gira por Córdoba y el 1° de agosto en Buenos Aires. Lo dice sin grandilocuencia, con la serenidad de quien aprendió a desconfiar de los planes demasiado rígidos. «Tengo la convicción de que la música todavía puede transformar el ruido cotidiano en algo parecido a la belleza», concluye.
Peor – Guillermo Piccolini
Colaboran Skay, Daniel Melingo, Julieta Laso, Pablo Dacal, Mariana Baraj, Federico Ghazarossian, Javier Casalla, Ariel Argañaraz y Zelmar Garín. También participan los colaboradores habituales: Colo Belmonte, en percusión, y Alan Bustamante, en bandoneón. Disponible en plataformas digitales.