Son las 9 am y el ex editor y agente literario Guillermo Schavelzon, de 80 años, ya planea actividades sobre el mundo editorial: “Llevo dos horas trabajando. Todavía tengo jet lag”, sonríe. “Willie”, como le dicen los amigos, es una figura fundamental de la edición de libros en Argentina: se inició en la legendaria editorial Jorge Álvarez, fundó Galerna y se exilió en México; luego trabajó para editoriales españolas como Alfaguara y en los ‘90 fue gerente de Planeta Argentina. Entonces dio un giro y se convirtió en agente literario, luego en consultor y vive en Barcelona hace veinticinco años. ¿Cómo fue su fugaz regreso a Buenos Aires?

Habló tres veces en la 50º Feria Internacional del Libro (“que tiene una magia y un interés de la gente que no es común en el mundo”) y brindó la charla “El ecosistema editorial de hoy. Lo que ya no funciona y los cambios que necesitamos”, para la web de noticias editoriales Señalador y la editorial Ampersand en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA): lo entrevistó el director general de Siglo XXI Editores, Carlos Díaz, y Schavelzon dijo: “Con las crisis económicas en Argentina, los editores argentinos dejaron de jugar fuerte en el mercado internacional de los derechos de autor”.
Schavelzon y Díaz reflexionaron sobre los cambios en la industria del libro y abordaron desafíos y caminos de salida en momentos de crisis, además de describir la mega-concentración editorial y el rol de las editoriales independientes. Al día siguiente, a las 9, Schavelzon -de cabello corto blanco, bigote y anteojos- profundiza su diagnóstico junto a Tiempo Argentino: “En la cadena de valor del libro -el autor, el traductor, el corrector, el editor, el diseñador, la fabricación, la distribución, la librería y el lector- todos están en crisis. El autor está ganando poco, el lector está pagando un sobreprecio por el libro y hoy hay una devolución en el mundo de entre un 40 y un 50 por ciento de los libros que se fabrican”.
Y eso tiene dos problemas: “El primero es la huella de carbono que se produce -dice Schavelzon-. O sea, el libro tiene el doble de logística porque no se vende. Y el segundo es un problema financiero: el libro vuelve sin ningún rendimiento. El derecho de devolución no fortaleció a las librerías, que siguen siendo débiles, aunque si ese derecho no existiera cerraría la mayoría. Hoy, el derecho la devolución es utilizada para que las grandes editoriales comerciales decidan qué venden las librerías y eso las uniformiza. Y estos problemas llevaron a la gran aceleración de rotación de los libros. A eso hay que cambiarlo”.
Schavelzon abre otro foco: “En los años ‘70 se fabricaban en Argentina 50 millones de libros. Hoy se fabrica la misma cantidad, pero la población es el doble. ¿Cómo se sostiene esto? Se multiplicó por cuatro el número de títulos y se bajó por cuatro el tiraje de cada libro. Antes se hacía un promedio de 10.000 ejemplares por título y la mitad se exportaba. Hoy se hace 1.500 por título. ¿Esto qué implica? La pérdida de rentabilidad de todo el circuito: las editoriales pierden dinero. Además, a las independientes les cuesta consolidarse y son castigadas por las grandes editoriales a través del descuento: si las librerías compran más les dan más descuento, pero las más chicas compran poco y la fragilidad es brutal”.
Y en Argentina “el cambio es mucho más urgente que en España -sabe Schavelzon-, porque el editor y el librero español tienen acceso al crédito y pedir dinero a un banco cuesta menos del 3 por ciento anual: solicitar financiamiento es sostenible. Eso no pasa en la Argentina. Entonces, hay que cambiar el modelo de negocio del libro y eso se hace con el consenso de los distintos sectores: las editoriales ganarían un 30 por ciento más. La sobreproducción es una bola de nieve espantosa. Yo estoy convencido de que las grandes editoriales serían las primeras en hacerlo, porque trabajan como locas pero ganan poco o dependen de que haya una coyuntura de consumo floreciente. Y estos son períodos de altibajos económicos”.

Otro problema que ve Schavelzon es la injerencia cada vez mayor de los algoritmos en la decisión de lo que publican las grandes editoriales. “Hasta hace veinte años, los libros se publicaban por el olfato del editor o de la editora, y de cada diez libros publicados tenía éxito uno -dice-. Ahora la información algorítmica es tan agobiante, tan clara y tan definida, que ha reemplazado la capacidad de decisión del editor. Y lo que dice el algoritmo no es lo que la gente quiere leer: es lo que se vendió. La inteligencia artificial es una herramienta poderosísima que nos puede ayudar mucho, pero difícilmente reemplace totalmente la capacidad de control sobre el lector. Veremos qué pasa en el futuro”.
Schavelzon y Díaz
Schavelzon conoce la dificultad de los editores locales para insertar a los libros en el mercado internacional: “Desde los negocios son muy pocos los que miraron a la Argentina como si estuvieran sentados en Londres. Pero si podés ver el negocio del libro desde afuera, no importa dónde estás. Entonces, hay que utilizar ese talento editorial y de diseño para imaginar productos para todo el mundo. Hoy, en que la población se duplicó y no se exporta nada, se produce una situación asfixiante. Y los libros no deberían hacerse sólo para el propio país. Los cambios se generan cuando las cosas están mal: hoy es una buena oportunidad”.
En lo que concierne a exportación de libros también pesa el rol -presente o ausente- del Estado: “El Programa Sur, algoritmos de decisión de Cancillería, hizo que se produjeran 2.000 o 3.000 libros de autores argentinos en todo el mundo, en todos los idiomas. El programa aún existe, pero con un presupuesto ridículo y se acabó la traducción. Y que se traduzca a escritores argentinos no es sólo importante: es una estrategia nacional”, concibe Schavelzon. ¿Qué piensa, a la vez de la concentración editorial en el mercado español? “Es brutal, pero las ventas de los dos grandes grupos -Planeta y Penguin Random House- son menos de la mitad del total, y la otra mitad, 3.000 millones de euros anuales, está en manos de editoriales independientes”.
El mercado español “es muy maduro, muy estable, con una situación económica que permite financiarse a unos costos muy razonables. Pero también ellos enfrentan este problema de la devolución”, dice Schavelzon. Hoy ya no trabaja en Barcelona como agente literario, y también dejó su rol de asesor en la venta de derechos de novelas a cine y televisión: se dedica a la consultoría para autores. ¿Qué extraña de la agencia? “La relación con los escritores. Me desentendí del trabajo administrativo de la agencia literaria, que es la parte oculta del iceberg. A la oficina la dirige Bárbara Graham y le va muy bien”.

En su rol actual de consultor para escritores, ¿qué tareas abarca Schavelzon? “Ellos tienen una enorme cantidad de problemas que yo les ayudo a resolver. ¿Qué es lo que yo aporto? Conocimiento del negocio y sentido común”, define. ¿Cuál es uno de los problemas acuciantes que los escritores tienen que resolver? “Los contratos firmados sin leer -prosigue Schavelzon-: eso implica que el escritor cede una cantidad de derechos, que van desde la traducción hasta una gran variedad de posibilidades que tiene una obra. La máxima posibilidad es la adaptación al cine y televisión”.
Y esa instancia “implica que los escritores puedan vivir de su trabajo. Ningún escritor mediano, en el mundo, vive de las regalías por ventas de derechos de autor. Pero si no desarrolla esos otros aprovechamientos de su obra no obtiene esos ingresos”, dice. Y amplía: “Para los autores con los que yo trabajo, que en la jerga llamamos la ‘mid list’, vender una novela para un medio audiovisual puede implicar más o menos como vender 50.000 ejemplares de un libro: la realidad cambia brutalmente. ¿Y cuántas novelas llegan a vender 50.000 ejemplares? Muy pocas”.
¿Qué satisfacciones le dio a Schavelzon haberse volcado, hasta hace siete años, a las adaptaciones de libros al cine y la televisión? “Recibí muchas enseñanzas -siente-. Pero los escritores no suelen estar conformes con la adaptación de su libro a una película o una serie: tienen que entender que ambas cosas no son la versión audiovisual de una novela. Es una obra del guionista, de un productor y de un director. Son las reglas del juego de este negocio y un modelo diferente”. Es más: “Hoy las producciones audiovisuales no son más una obra absoluta de quien dirige, como estamos acostumbrados los que somos más viejos”.
Aunque Schavelzon no es nostálgico: siempre mira hacia adelante. ¿Cómo imagina sus años futuros en el sector de los libros? “Creo que lo que puedo y debo hacer es lo que estoy haciendo, que es tratar de rescatar algo de la experiencia y de la tradición para que la gente que empieza en el mundo editorial no arranque de cero. A mí me interesa ayudar a quienes entran al mundo de la edición. Ese es mi objetivo central. El mundo de las multinacionales del libro es muy duro, pero se puede trabajar para cambiar las cosas”.
Los caminos de un editor
Así se presenta Guillermo Schavelzon en su blog, al que define como “un espacio para escritores sobre el libro y la edición”: “Me llaman Willie y tengo más de 50 años de experiencia en el sector editorial como director de grandes grupos y como editor independiente en Buenos Aires, México, Madrid y Barcelona. Ejercí durante 25 años como agente literario y audiovisual. Actualmente me dedico a la consultoría editorial para escritores profesionales”.
Además, “fundé y dirigí varios años el Centro de Promoción del Libro Mexicano, un organismo que me llevó por todo el mundo y que me facilitó una visión y experiencia muy internacional. He participado activamente en eventos profesionales en Madrid, Barcelona, París, Fráncfort, Londres, Moscú, Nueva York, Chicago, Las Vegas, Miami, Los Ángeles y en casi todos los países de Latinoamérica”. Y sigue: “Durante diez años ejercí como profesor en el máster de edición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. He publicado artículos sobre temas profesionales en diarios y revistas y dicté cursos y conferencias”.
: El conciliador del libro
En 2022, Guillermo Schavelzon publicó el libro El enigma del oficio (por las editoriales Ampersand, en Buenos Aires, Océano, en México, y Trama, en Madrid): es un recorrido por las últimas décadas en la historia del mundo literario en castellano a través de una crónica subjetiva de las relaciones que él mantuvo con sus principales protagonistas en España y América Latina. El texto describe momentos y experiencias únicas, tanto públicas como privadas, con las autoras y autores que trató y de los cuales también aprendió.
Así, en El enigma del oficio aparecen Mario Benedetti, Domingo Villar, Elena Poniatowska, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Adolfo Bioy Casares, Ricardo Piglia y muchos otros: es la memoria de toda una vida, con momentos felices y también con las dificultades y sinsabores que Schavelzon atravesó como librero, editor y agente literario. Como dice él mismo mirando hacia atrás: “Un agente literario es el gestor de la obra de un escritor. En última instancia, es un conciliador de intereses, tensiones y problemas”.