Algo ocurre cuando un hombre adulto deja sus actividades laborales, aquello a lo que se dedicó toda su vida, se sienta en un sillón de su casa y no sabe qué hacer. Todo lo que imaginó que sería puede desbaratarse. Una escena parecida es la que construye, en apenas unos minutos y con mucho humor, Gustavo Garzón al hablar directamente con el público en el comienzo de su nueva obra.

Ese hombre, que se llama Joaquín V. González, es un descendiente del escritor riojano, cuya marca es ser el hijo menor en una sucesión de hijos menores. La elección del nombre, y el juego que Garzón establece con él, no tiene relación con la historia que va a contar, pero perfila cierto tono del trabajo, que se permite jugar con el intercambio, la comedia, la literatura y cierto tono confesional.

“La pregunta era cómo hacer un biodrama sin ser yo mismo”, reflexiona Garzón frente a Tiempo. “Decidí que me cambiaba el nombre y listo, y elegí Joaquín V. González porque me gustaba cómo sonaba: me manejo mucho con los sonidos”.

Garzón no conocía la historia de uno de los principales intelectuales y políticos riojanos, pero poco tiempo después viajó a la provincia para presentar uno de sus documentales y, al ser recibido por el gobernador Quintela, se encontró con un cuadro que lo representaba, junto a su texto “Lección de optimismo”.

“Cuando uno está con las antenas creativas paradas empiezan a aparecer las cosas casi mágicamente. Así fue como me convertí en fan de Joaquín V. González”, revela.

Gustavo Garzón: “El biodrama es la manera más directa de interpelar al espectador”
La obra propone un juego entre la ficción y la realidad.
Foto: Prensa

-¿Por qué elegiste hacer un biodrama y hacerlo tomándote un poco en broma la propia naturaleza de estas dramaturgias?

-Me enamoré del género biodrama después de haber hecho 200 golpes de jamón serrano, porque tuve una experiencia muy trascendente a nivel personal y artístico. Después de esa experiencia quise pasar a lo opuesto, a la pura actuación, porque se supone que ahí no actuaba, que era yo mismo sin el artilugio de la actuación. Quise pasar a lo contrario con Bufón, una experiencia chejoviana, y lo sufrí. Así fui tomando conciencia de lo que soy y de lo que no soy, de lo que puedo y de lo que no, de lo que me gusta y de lo que no me gusta. Por eso volví al biodrama, porque me parece que es la manera más directa y concreta de interpelar al espectador desde la verdad absoluta. Con la ficción nunca llegué a semejante grado de verdad. Volví al biodrama, pero no quería llamarme Gustavo Garzón ni repetir esa experiencia. Así armamos este falso biodrama donde hay un 70% de verdad, sobre todo en la parte del pasado, que es muy mía. La historia de amor contiene, desde lo emocional, cosas de mis claroscuros en las relaciones con las mujeres.

-¿Qué es lo que te atrae de la autoficción?

-Genera una polémica y me gustan las cosas polémicas. Acá hacemos un juego con la dramaturgia, con lo que es teatro y lo que no es teatro. Cualquiera puede preguntarse ‘qué gracia tiene contar la vida de este muchacho. ¿Dónde está el arte?’ En 200 golpes de jamón serrano, Marina Otero hizo una maravilla con la idea autorreferencial de una persona que cuenta su vida. La cuestión es darle teatralidad a eso, porque si no es un bofe. Si no es una conferencia TED, un chabón parado hablando de su vida y sus amores. Pero tanto Marina como Julia Morgado, en este caso, lograron teatralidad. Acá lo importante es que no me gusta decir lo que yo pienso. Me gusta contar la cadena de sucesos. No importa lo que yo piense de lo que me pasa, yo cuento lo que me pasa y que los demás vayan viendo qué piensan.

-En general los hombres hablan mucho menos de sus inseguridades, de sus temores, especialmente en una edad como la de este Joaquín V. González. ¿Qué implica que este alter ego tuyo rompa la cuarta pared para abrir ese espacio de intimidad?

-Es exponerse en zonas de angustia, de inseguridad, de aburrimiento, de miedos. Pero también las otras, porque a cualquier edad puede vivir etapas plenas, alegres, felices, vitales, creativas. Cada edad tiene sus cuestiones y sus cuitas. El tema de la soledad, que es el título, no es mío. Se lo robé a Antonio Porchia. Su frase es: “Un hombre solo es mucho para un hombre solo”. Yo le puse “demasiado”, porque quería hacer hincapié en la soledad y el amor. Después terminé escribiendo sobre el amor y de la soledad se habla poco, aunque la soledad está implícita todo el tiempo. Hay una parte de soledad en uno y hay que saber llevarse con eso. Me gustó tanto el título porque dice algo. Yo sé que es así porque a los hombres no nos gusta estar solos. La mujer no. En los cines ves mujeres de a dos o tres, van al teatro, charlan en los bares. El tipo que está solo se encierra, mira la tele, busca minas por las aplicaciones, pierde el tiempo, pierde energía. Se frustra. Pero en la obra no aparece eso, porque el tipo está acompañado todo el tiempo. Está primero con la mujer, después con la chica y al finaaal (NdR: estira la vocal) se queda solo, pero sueña para la próxima etapa, no se imagina como un tipo solo.

Gustavo Garzón: “El biodrama es la manera más directa de interpelar al espectador”
Garzón cuenta con una extensa trayectoria en cine, teatro y televisión.
Foto: Pedro Pérez

-Sos un actor que funciona muy bien tanto en el teatro independiente como en el comercial. ¿Hay formas de actuar o trabajar en ambos espacios o te resulta igual?

-Yo siento que no pertenezco a ningún lado. Hago teatro independiente, pero no pertenezco al teatro independiente. Hago teatro comercial, pero no pertenezco al teatro comercial. Soy un poco todoterreno. A veces me lamento de no pertenecer a nada. Sé que tengo la posibilidad de autogestionar, lo aprendí de muy chico. Entonces, si lo comercial no me convoca y me atraviesa alguna de las crisis argentinas, me invento algo para ir por los pueblos. Un poco así surgió este proyecto, pensado para que la escenografía entre en el baúl de un auto y poder salir a ganarme la vida. Pero de a poco, durante la escritura, me di cuenta de que me estaba involucrando un montón, y ya no era solo para meterlo en el baúl de un auto, así que la quise hacer acá. Con El bufón no quise, porque acá competís con 450 obras y sentía que no estaba a la altura. Esta obra cumple los dos cometidos: estamos compitiendo en Capital, porque por suerte la sala se llena, y también me la cargo en el baúl del auto y salgo a hacer funciones. Este es un momento difícil económicamente, pero le busco la vuelta. Felizmente puedo decir que vivo de mi profesión, aun atravesando la crisis más espantosa de este país: aun así, logro salir a flote con mis recursos.

-Más allá de las muchas películas en las que actuaste, dirigiste cuatro. ¿Qué es lo que te llevó a ese lugar tan diferente?

-Me encanta dirigir, pero soy un poco vergonzoso para dirigir a los actores. A mí actuar no me desespera. Hice cuatro películas: una ficción y tres documentales. La ficción, Por un tiempo, estuve diez años escribiéndola. Después hice dos documentales sobre discapacidad: primero Down para arriba y después Danielito. Y la última es Buscando a Shakespeare. Cuando ganó Milei pensé que no filmaba más, entonces hice la obra de teatro. Ahora estoy pensando en llevarla al cine. Varios amigos que vieron la obra me dijeron que ven ahí una película. De hecho, empezó cuando estaba escribiendo una película sobre mi historia con el amor y las mujeres, pero, tal como cuento en la obra, estaba bloqueado. Hasta que se me destrabó con esta obra. Mi amigo cineasta Miguel Kohan, que cree que la idea puede caminar, me propuso ver cine juntos para resolver algunas cosas, como la manera de contar el pasado, y empezamos a buscar recursos para lograr que tenga algo experimental, porque si no tiene algo de experimento, me aburro.

-¿La protagonizarías vos?

-No sé, no me importa mucho. Preferiría incluso que la haga otro actor. Me gusta mucho escribir, dirigir y editar dentro de ese mundo, y si también estoy implicado en la actuación, no tengo la distancia suficiente. «

Gustavo Garzón: “El biodrama es la manera más directa de interpelar al espectador”
“Me enamoré del género biodrama después de haber hecho 200 golpes de jamón serrano”.
Foto: Prensa

Un hombre solo es demasiado para un hombre solo

Dirección: Julia Morgado. Dramaturgia: Gustavo Garzón. Actúan: Victoria Baldomir y Gustavo Garzón. Jueves a las 21 y domingos a las 18 h en Nün Teatro, Juan Ramírez de Velasco 419 (CABA).

Gustavo Garzón: “El biodrama es la manera más directa de interpelar al espectador”
Foto: Prensa

Crueldad y propaganda política

El actor es padre de Juan y Mariano, dos jóvenes con síndrome de Down. Dirigió dos documentales sobre el tema, e impulsa iniciativas para incorporar personas con esa condición genética al mundo laboral. Tanto por esto, como por su condición de artista, es parte de dos de los colectivos más atacados por el gobierno de Javier Milei: “No me sorprende nada de lo que está pasando, porque quien le presta atención al mundo político sabía quién era este personaje nefasto. Pero me sorprende que todavía tenga apoyo. Estamos en una difícil, no solo acá, en el mundo. De golpe la gente ha entrado en una especie de fobia de los gobiernos populares, de la que creo se van a arrepentir mucho. Los gobiernos populares son denostados por las derechas, pero finalmente los gobiernos populares son los que dan el bienestar a la gente, mientras la derecha no trae más que malestar. Malestar económico, moral, social. Me da mucha pena estar viviendo esto, más allá de lo personal o lo sectorial. No hay quien se salve. Han instalado odio a los gobiernos populares y lograron convencer a la gente que los buenos gobiernos han sido malos, y que los malos gobiernos son buenos».

Gustavo Garzón: “El biodrama es la manera más directa de interpelar al espectador”
Foto: Pedro Pérez

Cristina, Axel y el kirchnerismo

Garzón es peronista desde hace más de 50 años y reconoce ser parte de los militantes echados de la Plaza de Mayo en 1974. Ahora declara enfáticamente su apoyo a Axel Kicillof. “Soy un kirchnerista crítico. Hoy estoy con Axel, muy convencido. Eso en cuanto a mi identificación política en la interna. porque hay una interna y hay que reconocerlo. Soy parte de un grupo que estamos con Axel hace como diez años, y ahora apoyando la construcción de su espacio a nivel nacional. Con él tenemos un vínculo muy amable y muy constructivo, de escucharnos mutuamente”, destaca. A partir de esta relación política, fueron convocados como grupo para que fueran parte del espacio cultural del movimiento de Derecho al futuro. “Pero también sostengo que Cristina debe estar libre, que es inocente y que fue la mejor presidenta argentina. Hasta mejor que Néstor, porque la tuvo más difícil que él, lidiando con la oposición más brava de la Argentina. Entonces, todo mi respeto y mi agradecimiento a Cristina. Pero así como fue la mejor presidenta de la historia, también creo que no fue una buena vicepresidenta”.