De manera reciente, el Parlamento de Reino Unido aprobó un proyecto de ley que prohíbe la compra de tabaco a los nacidos a partir de 2009. El objetivo es salvar vidas, reducir la carga sobre el Servicio Nacional de Salud y encaminarse hacia una “generación libre de humo”. A su vez, la normativa también prohíbe la comercialización y promoción de los cigarrillos electrónicos y otros productos con nicotina a los menores de edad. De esta manera, Reino Unido apunta a frenar una problemática que provocó en tan sólo este territorio 64 mil muertes al año y, en todo el mundo, más de 7 millones.
El proyecto, que se convertirá en ley la próxima semana con la promulgación, establece que no se le podrá vender tabaco a ninguna persona nacida a partir del 1 de enero de 2009, a la vez que prohíbe la comercialización de vapeadores a los menores. También, restringe el acto de fumar en parques infantiles y en las inmediaciones de escuelas y hospitales, algo que se suma a la medida ya vigente de no hacerlo en lugares públicos. El objetivo es poner fin a la venta de productos de tabaco por completo, a las adicciones y a todos los gastos que esto conlleva.
Jonatan Konfino, subsecretario de Políticas de Cuidado del ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, cuenta a la Agencia: “Es una política interesante porque cambia el abordaje que tienen los países en materia de consumo de tabaco, pasa de una lógica de reducción de riesgos o daños a directamente proteger a una generación entera. El tabaco se consume en las sociedades desde mucho antes de que existan regulaciones al respecto y, justamente, Inglaterra tiene una historia importante de control de este producto. Habrá que ver la aceptación que tiene la sociedad de esta ley. Lo bueno es que es el tabaquismo es la principal causa prevenible de muerte del mundo“.
El último dato que aporta Konfino es crucial, de hecho, el tabaquismo provoca 400 mil hospitalizaciones y 64 mil muertes al año solo en Inglaterra, y le cuesta al Servicio Nacional de Salud 3 mil millones de libras esterlinas en tratamientos para enfermedades relacionadas con el tabaco, como el cáncer y las cardiopatías. Además, en el mundo mueren por esta causa 7 millones de personas al año (6 millones son fumadores activos, el resto son no fumadores afectados por la exposición al humo de tabaco), de los que cerca de 736 mil viven en el continente americano.

Al respecto, Roberto Peidró, cardiólogo y presidente de la Asociación Argentina de Cardiología del Ejercicio y el Deporte, explica: “Con esta normativa se atienden dos cosas: el cuidado de la salud de la población y el gasto que genera la práctica de fumar. Hay quienes van a quejarse y dirán ‘¿por qué no me dejan fumar?’ y la respuesta es ‘porque se enferma el que lo hace, el que no lo hace y, además, el Estado gasta mucha plata y muchas horas de hospital en quienes fuman. El tabaco es un veneno porque realmente mata. La persona lo paga con un infarto o un ACV de joven, con un cáncer o un Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) de adulto y, sino con una insuficiencia respiratoria. Es decir, el cigarrillo trae trastornos gravísimos de la salud, todo lo que hagamos para disminuir su uso es bueno”.
En coincidencia, Adrián Baranchuk, expresidente de la Asociación Interamericana de Cardiología, plantea ante la Agencia: “Antes de pensar en una prohibición, la sociedad tiene que llevar adelante técnicas y campañas educativas para concientizar sobre por qué hace mal el cigarrillo. Ahora bien, si eso fracasa, la prohibición, medida que muchas veces hace ruido, tiene que ser mirada con mejores ojos. Probablemente, en una o dos décadas las enfermedades cardiovasculares o los tumores de pulmón hayan reducido debido a la medida que tomó Reino Unido en este momento“.
A su vez, Baranchuk, presidente de Sociedad Internacional de Holter y Electrocardiología no invasiva, considera que para disminuir el uso del cigarrillo no solo hace falta legislación sino también el abordaje desde varios frentes.
“Cardiólogos, neumonólogos, psicoterapeutas y psiquiatras tienen que intervenir en el cuidado de la salud de las personas. Hay un factor que no se tiene tan en cuenta a la hora de evaluar por qué fuma o deja de hacerlo una persona que es la salud mental. Se trata de uno de los conflictos más serios que tenemos en medicina pública en la actualidad: la condición social del individuo promueve el incremento de sustancias adictivas, como tabaquismo, alcohol, fentanilo y drogas de más alto peso. Vamos a pagarlo muy caro como sociedad si no entendemos rápidamente que todo lo que pasa en el cerebro y la mente impactan en el sistema cardiovascular y a la inversa”, afirma.
Las investigaciones científicas, por su parte, son sustento para este tipo de medidas. La OMS, por ejemplo, plantea que aunque no se conocen del todo los efectos a largo plazo del cigarrillo electrónico con nicotina, “se ha demostrado que libera sustancias tóxicas cancerígenas o que aumenta el riesgo de sufrir trastornos cardiacos y pulmonares“. Además, esas sustancias pueden afectar al desarrollo del cerebro y causar trastornos del aprendizaje en los jóvenes. Inclusive, un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Texas demostró que el uso de cigarrillos electrónicos aumenta el riesgo de asma en adolescentes que nunca fumaron cigarrillos tradicionales.
En esta línea, Peidró afirma: “Que la medida de Reino Unido se dirija directamente hacia quienes hoy son menores de 18 años es fundamental porque durante la adolescencia es cuando las personas somos más propensas a desarrollar adicciones que pueden durarnos toda la vida”.