Venezuela atraviesa horas cruciales. Bajo esa noción, se pueden sintetizar diez puntos para el debate y la orientación política de las fuerzas populares de Nuestra América.
- La reciente agresión militar de Estados Unidos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro constituyen el ataque más grave y explícito que el imperialismo estadounidense ha ejercido en toda la historia de la nación venezolana. Al mismo tiempo, representan la ofensiva imperial más profunda contra los proyectos soberanos de nuestra región en lo que va del siglo XXI y la ruptura del derecho internacional establecido desde 1945 pos segunda guerra mundial.
En sus propias declaraciones públicas, Donald Trump dejó en claro que el objetivo central de esta operación es retomar el control directo de las reservas petroleras venezolanas, las más grandes del mundo. Desde el punto de vista político-estratégico, la operación vuelve a colocar en el centro de la agenda la histórica Doctrina Monroe: en los documentos del Departamento de Seguridad estadounidense se afirma abiertamente la necesidad de recomponer el control sobre los recursos naturales estratégicos de toda Nuestra América. - Hasta ahora, un desembarco frontal y masivo de tropas estadounidenses en territorio venezolano resultaba inviable debido a la amplia movilización y organización del pueblo venezolano, así como por su capacidad concreta de confrontación (con al menos ocho millones de ciudadanxs armadxs en defensa del proceso bolivariano). A ello se sumaba que la comunidad internacional difícilmente hubiese tolerado una ocupación terrestre abierta, en un contexto mundial ya convulsionado por los bombardeos de Israel sobre Gaza y el creciente rechazo global a la guerra.
- Un elemento importante a considerar es la política interna de Estados Unidos, en donde Trump no cuenta con la correlación de fuerzas adecuada en favor de una intervención militar a gran escala, incluso dentro del movimiento MAGA. Incluso la “Operación Resolución Absoluta” produjo signos de desestabilización en el escenario político interno, cuyo impacto aún está por verse de cara a las próximas elecciones de medio término en noviembre de este año. La popularidad de Trump viene en baja con derrotas electorales en Nueva York, Virginia y New Jersey. En los últimos meses una baja histórica de popularidad en el sector agrario y sin poder resolver el problema inflacionario a nivel general. No sólo el alcalde de Nueva York y sectores del Partido Demócrata se pronunciaron abiertamente en contra de la intervención, sino dentro del mismo Partido Republicano diversas voces cuestionaron el accionar de Trump.
- La operación militar ejecutada por Estados Unidos contó con una estructura logística de gran escala: alrededor de 150 aeronaves, el despliegue de buques de guerra estratégicamente ubicados en el Caribe con capacidad de ataque misilístico, y la intervención de unidades de élite como la Delta Force. Se trató de una operación minuciosamente planificada, que incluyó ensayos en una maqueta a escala real en territorio estadounidense, así como una acción de infiltración previa por parte de la CIA en Venezuela.
Durante el operativo se produjo un enfrentamiento militar abierto en el que Estados Unidos asesinó a cerca de 50 combatientes -32 de ellos de nacionalidad cubana- y, previamente, se habían llevado a cabo ataques selectivos contra instalaciones militares clave para la defensa del país. Estos bombardeos también produjeron bajas civiles y militares cuyo número aún no ha podido cuantificarse. Las operaciones mediáticas que buscan instalar la idea de una intervención sin resistencia y una entrega del primer mandatario, relativizan deliberadamente estos hechos y omiten el dato estructural: hoy Estados Unidos es la principal potencia militar del planeta, con una superioridad tecnológica abrumadora respecto de cualquier país de nuestra región. - La estrategia en curso por parte de Estados Unidos continúa la misma línea que viene desarrollando desde la muerte de Hugo Chávez: quebrar internamente al proceso político bolivariano y, en particular, destruir la alianza cívico-militar que lo sostiene. La escalada actual logró, por el momento, descabezar el liderazgo político mediante el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Sin embargo, la conferencia de prensa encabezada por Delcy Rodríguez -actual responsable de la conducción política- junto a Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López, ministros y altos mandos de las FANB, mostró con claridad la vigencia de la unidad cívico-militar y el control efectivo del aparato estatal por parte de las fuerzas del chavismo.
- En paralelo, se ha desplegado una operación psicológica y mediática destinada a presentar a Delcy Rodríguez como figura de “transición” y supuesta garante de los intereses estadounidenses en el país. Este dispositivo busca, por un lado, fracturar internamente a la fuerza política bolivariana y, por el otro, presionar para que el chavismo ceda ante las exigencias imperialistas.
Frente a este escenario, es necesario tener en cuenta dos elementos centrales. En primer lugar, la probada trayectoria de lealtad a la revolución bolivariana de la familia Rodríguez y del conjunto de cuadros políticos que hoy conducen el proceso político-militar. En segundo lugar, la necesidad de reanudar canales de diálogo internacional, en un contexto en el que Estados Unidos había roto unilateralmente dichas instancias y donde, a nivel global, las perspectivas revolucionarias y socialistas atraviesan una etapa de retroceso. El análisis de este momento exige un equilibrio muy fino: sostener la soberanía y la independencia de Venezuela, al mismo tiempo que se preserva la continuidad del proceso político bolivariano frente a la agresión imperial. - El contexto mundial es un elemento clave para comprender la situación actual. Deben descartarse, de antemano, los análisis que suponen una división rígida del mundo en la cual Rusia y China se limitarían únicamente a declaraciones públicas frente a los hechos ocurridos en nuestra región. En primer lugar, una intervención militar abierta por parte de estas potencias nos colocaría, en cuestión de segundos, al borde de una guerra nuclear a escala global. Pero además es necesario observar cuáles han sido, efectivamente, sus orientaciones políticas en los últimos años. Ni China ni Rusia han impulsado una política de bloques con lógica de “reparto del mundo” en términos tripartitos. En cambio, han promovido vínculos materiales -tecnológicos, energéticos y militares- con diversos países de Nuestra América. En el plano económico, consolidaron el espacio de los BRICS y avanzaron en esquemas de intercambio comercial en monedas alternativas al dólar, incluidos acuerdos con Venezuela. Ambas potencias, a su vez, se pronunciaron de manera clara y contundente en favor de la liberación de Nicolás Maduro y su restitución a territorio venezolano.
- En nuestra región, tuvieron lugar posicionamientos claros de Brasil, México, Uruguay y Chile, que reivindicaron el principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados y condenaron la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela. Sin embargo, estas declaraciones presentan una debilidad sustantiva: el denominador común ha sido la omisión al secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores. Responde a la confluencia de dos factores. Por un lado, existe un cálculo cauteloso frente a la volatilidad, el comportamiento imprevisible y la tendencia a actuar con impunidad del presidente estadounidense, quien ha demostrado reiteradamente su desprecio por el derecho internacional e incluso por los límites constitucionales internos de su propio país. Por otro lado, opera una debilidad política doméstica, asociada al “lastre Maduro”. En países como Colombia o Brasil, con procesos electorales en el horizonte, predomina la dificultad a ser interpelados por una oposición y unos medios que llevan años construyendo una imagen profundamente negativa del liderazgo bolivariano.
- En este marco, resulta imprescindible seguir construyendo perspectivas unitarias amplias, con capacidad real de movilización en cada uno de nuestros países y en el conjunto del Sur Global. Una eventual derrota o quiebre de la Revolución Bolivariana significaría un retroceso histórico de enorme magnitud para las aspiraciones populares y para los procesos de ruptura con el orden hegemónico, cuyos efectos podrían medirse en décadas. Es necesario disputar con fuerza las narrativas producidas por Estados Unidos y los grandes medios de comunicación globales. Esa disputa debe expresarse tanto en el plano de la comunicación política y cultural como en la intervención concreta en los espacios institucionales nacionales e internacionales. Al mismo tiempo, debemos anticiparnos y recrear formas novedosas de acción política y organización militante, capaces de sostener niveles altos de movilización y compromiso social. En el centro de cualquier estrategia común debe colocarse una exigencia clara e irrenunciable: la liberación inmediata de Nicolás Maduro y su restitución a Venezuela como máximo líder del proceso revolucionario.
- Las horas que atravesamos son decisivas e históricas para los pueblos de nuestro continente y del mundo. Las fuerzas populares no podemos titubear. Es necesario convocar a la movilización y asumir una posición de vanguardia en la defensa de la Revolución Bolivariana, de la soberanía de Venezuela y de la libertad de Nicolás Maduro. Debemos comprender que el escenario permanece abierto. En Venezuela, el chavismo mantiene el control político y militar del Estado. En el continente existen procesos políticos de enorme importancia -como los de Brasil, México y Colombia- que necesitan consolidarse, continuar en el gobierno y proyectarse hacia el futuro. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha manifestado de manera abierta su intención de intervenir en Colombia y Cuba, lo cual confirma que se trata de una ofensiva más amplia sobre toda la región. Frente a ello, la tarea estratégica es avanzar en la más amplia unidad en defensa de la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la continuidad del proyecto emancipador de Nuestra América.
Las Madres de Plaza de Mayo nos enseñaron a los pueblos del mundo que, incluso en los momentos más duros, jamás hay que bajar los brazos ni entregarse a la desmoralización. Su ejemplo de dignidad, organización y perseverancia demuestra que la verdad y la justicia sólo se conquistan mediante la unidad consciente y la lucha sostenida de los pueblos. Hoy, frente a esta nueva agresión imperial, retomamos ese legado. Con organización popular, con firmeza política y con la más amplia unidad, defenderemos la soberanía de Venezuela y de Nuestra América. Porque tenemos la convicción profunda de que la lucha colectiva es el único camino que hará posible nuestra victoria.
