El proyecto de reforma laboral del gobierno es un golpe histórico a la clase trabajadora. No tiene un sólo artículo que favorezca a quienes trabajamos, a quienes producimos la riqueza de este país. Nos quieren llevar a las condiciones de trabajo que había hace más de 100 años atrás, cuando nuestra jornada laboral dependía de lo que se le ocurriera al patrón, los sindicatos eran ilegales y no teníamos ni siquiera el derecho de hacer una huelga para reclamar por mejores condiciones laborales.

El gobierno miente cuando dice que la reforma va a crear empleo. Ninguna reforma laboral, que destruyó derechos de las y los trabajadores, creó empleo registrado y de calidad en la Argentina ni en el mundo. Todo lo contrario.

La crisis que vive este país no tiene que ver con la ley laboral sino con la política económica del gobierno que destruyó los salarios y, encima, oculta la inflación manipulando el Indec. La caída de los salarios y del consumo, junto con la apertura de importaciones, provocó el cierre de 30 pymes por día.

La falsa “modernización laboral” del gobierno tiene como enemigos principales a los sindicatos, porque sólo cuando nos organizamos logramos mejorar nuestros salarios y nuestras condiciones de vida. Lo sabemos bien las y los aceiteros, que sólo pudimos tener un salario mínimo vital y móvil -según su definición en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y el 116 de la Ley de Contrato de Trabajo- que nos permitiera vivir dignamente cuando nos organizamos e hicimos huelga.

La reforma no moderniza nada. Debilita y elimina conquistas que costó mucho conseguir y que constituyen toda la fortaleza del sindicalismo argentino, como los convenios colectivos de trabajo de actividad, el ejercicio irrestricto del derecho de huelga, las asambleas y las comisiones internas.

Los trabajadores podemos cambiar el rumbo de este gobierno. No tiene sentido seguir dejando nuestro futuro en manos de unos legisladores que nunca trabajaron bajo patrón o son empresarios o responden a los empresarios que los llevaron a ese lugar de poder. Tampoco podemos confiar en el diálogo con un gobierno que está minado de patrones y que desde que asumió nos declaró la guerra a las y los trabajadores y a las y los jubilados. También a las y los estudiantes.

El jueves pasado, junto a otras 80 organizaciones sindicales, nos movilizamos en Córdoba, donde hace casi 60 años fueron con el mismo cuento de “modernización y transformación” para quitarle a los obreros el derecho al sábado inglés. Lo único que buscaban era que trabajaran más horas por salarios más bajos. Para enfrentar aquella reforma laboral estalló el Cordobazo, que fue una huelga y movilización de obreros y estudiantes. El cuento siempre es el mismo y los que tenemos las herramientas para enfrentarlo también somos los mismos: las y los trabajadores organizados.

La marcha en Córdoba fue el primer paso de un Plan de Lucha que continuará este martes con otra movilización en Rosario. El paso siguiente será la movilización al Congreso el día que el Senado trate el proyecto.

En el marco de ese plan de lucha, desde la Federación Aceitera y Desmotadora de Algodón vamos a llevar adelante una huelga nacional contra la reforma laboral. Lo vamos a hacer porque sabemos, por nuestra propia historia, que no hay forma de conseguir ni de defender los derechos de quienes trabajamos sin pelear. Y eso es lo que vamos a hacer: vamos a hacer huelga y a movilizarnos para que no nos quiten el derecho a una vida digna.