La gestión del presidente Javier Milei enfrenta fuertes cuestionamientos desde sectores que, en teoría, deberían ser sus aliados naturales. En un análisis demoledor, el diputado nacional Miguel Ángel Pichetto acusó al Gobierno de ejecutar una “estrategia para eliminar un entramado productivo” bajo una ideología económica que calificó de anacrónica y dañina. Según el legislador de Encuentro Federal, los ataques verbales a grandes empresarios no son meros exabruptos, sino la punta de lanza de un plan que desprecia la industria local y busca convertir al país en una mera productor primario.

Esta visión, según Pichetto, se encarna en una “mirada estúpida” de libre mercado que ignora el proteccionismo vigente en las potencias actuales. Denunció que, a pesar del alineamiento retórico con figuras como Donald Trump, Argentina no replica la defensa de la producción propia, permitiendo que el acero y el aluminio nacional sufran aranceles excesivos mientras el mercado interno es inundado con importaciones. “El mundo hoy protege a sus empresas y cuida sus empleos”, afirmó, responsabilizando a asesores como Federico Sturzenegger de una concepción que “atrasa 200 años”.

Las críticas del exsenador no se limitan al plano económico. Pichetto también cargó contra medidas institucionales, tildando la renuncia de Marco Lavagna al INDEC como un “golpe a la confianza internacional” y repudiando la creación de oficinas para hostigar al periodismo, prácticas que consideró propias de modelos autoritarios. En un mensaje dirigido tanto al oficialismo como a la oposición, instó al peronismo a renovar sus banderas y recuperar la bandera del “capitalismo productivo” si aspira a ser una alternativa real de poder.

Martín Rappallini Unión Industrial ARgentina
Martín Rappallini, presidente de la UIA.
Foto: Prensa UIPBA

Una industria quebrada

En sintonía con este diagnóstico, aunque desde un tono más técnico, se expresó Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA). El referente industrial coincidió en señalar los graves problemas estructurales que persisten, más allá del ordenamiento macroeconómico y la baja de la inflación. Rappallini alertó que la presión fiscal se mantiene en “niveles insostenibles”, acumulando distorsiones que ahogan a las empresas, con cargas que en muchos casos incluso han aumentado a nivel municipal.

El dirigente describió un panorama industrial heterogéneo y complejo, donde la apertura comercial obliga a las empresas a vender a precios internacionales con márgenes reducidos, profundizando la crisis en sectores como el textil, la construcción y la metalmecánica. Rappallini sostuvo que, si bien la integración global es el camino inevitable, el Estado debe corregir urgentemente las fallas que colocan a la industria local en una desventaja insalvable. “Hoy en el mundo no compiten las empresas, sino también compiten los sistemas que las rodean”, argumentó.

Respecto a los enfrentamientos públicos del Gobierno con sectores empresarios, el titular de la UIA tomó distancia y abogó por rodear de prestigio social al empresariado, presentándolo como el motor de la economía. Defendió la complejidad de las cadenas de valor locales y atribuyó los altos costos a la acumulación de impuestos, rechazando las críticas simplistas. Aunque visualizó una oportunidad en el acercamiento con Estados Unidos para diversificar proveedores globales, remarcó que esto solo será posible si se equiparan las condiciones internas.

Ambas miradas, la política y la gremial-industrial, convergen en un punto crucial: una crítica frontal a la implementación y el rumbo de las políticas oficiales. Lejos de celebrar la ortodoxia liberal, advierten sobre riesgos de desindustrialización, ataques institucionales y una presión fiscal que sofoca cualquier posibilidad de competitividad real. El descontento ya no proviene solo de la oposición tradicional, sino de espacios que el Gobierno esperaba tener de su lado.