El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, afirma que la inflación es un tema terminado, sin embargo el Indec informó que, en diciembre, el IPC subió un 2,8%, superando los pronósticos del mercado. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) esperaba que fuera 2,3 por ciento. No se trata de un hecho aislado, el indicador mensual viene subiendo de manera consecutiva durante los últimos siete meses.
Ante este reiterado tropiezo, el gobierno se dispuso a celebrar el 31,5% que dio la inflación anual como la más baja en ocho años. Intenta soslayar que es más alta que la que dejó Cristina F. de Kirchner cuando finalizó su mandato presidencial en 2015. Según la Ciudad de Buenos Aires, a noviembre de aquel año (último mes completo de Cristina; en diciembre el presidente Macri devaluó) fue del 23,9%. En esos años la economía crecía, y los salarios todavía le ganaban a la inflación; pero con el modelo Milei-Caputo impera el estancamiento y la pérdida de poder adquisitivo, con su consecuente deterioro del nivel de vida de las mayorías de trabajadores y clases medias.
Como viene siendo una constante del gobierno, en diciembre los servicios subieron 3,6%, o sea un incremento mayor que el nivel general. Los regulados, es decir, los monopolios de servicios públicos que requieren autorización para aumentar, subieron 3,3%, continuando con el axioma de que las tarifas siempre van para arriba; a lo sumo se turnan un mes cada una. En diciembre le tocó al transporte, que tuvo un incremento de 4%. Por su parte, Vivienda, Agua, Gas y otros subieron 3,4%. Comunicaciones, donde está internet y la telefonía celular, aumentó 3,3%.
Si hacemos un balance del año que finalizó, vemos que la inflación de Bienes fue 26,5%, y la de Servicios la duplicó, cerrando el 2025 en 43,1%. En cuanto a la regulación de Milei-Sturzenegger, resulta ser zona liberada para que dispongan de los aumentos que deseen. En suma, desde que Milei es presidente la combinación de las quitas de subsidios y tarifazos hicieron que las facturas de luz subieran 339% y las de gas 709%. Un verdadero despropósito si además consideramos la caída de ingresos por salarios y jubilaciones. Pero hay más. Para este año ya están estipulados aumentos, y debutará el nuevo esquema sin segmentación por niveles de ingreso (alto, medio y bajo). Solo habrá dos categorías: los que reciban subsidio y los que no. Dependiendo de los consumos, los aumentos en luz irán entre 20% y 36%, mientras que los de gas serán entre 10 y 54%. Este nuevo esquema arranca el mes que viene.
Pero los sectores más humildes fueron castigados una vez más. La canasta básica alimentaria y la canasta básica total subieron 4,1% en diciembre, mucho más que la inflación, que dijimos fue de 2,8%, sosteniendo un diferencial que se viene dando en los últimos meses. Recordemos que se trata de una canasta de alimentos que contiene lo más elemental, al punto que podría llamarse “canasta al borde del hambre”. Para los más humildes todo se hace más empinado, y el modelo económico no establece ninguna política pública para remediarlo. No olvidar el estigma de que este es el gobierno que clausuró los depósitos con la comida de los comedores, dejándola pudrir, incluso desacatando órdenes judiciales.

Extranjerización de tierras e industria
Estos niveles inflacionarios podrían entenderse en una economía en crecimiento, pero no es el caso argentino. El gobierno de Milei ha desplegado políticas de ajuste a la inversión social, como hospitales, educación pública y ciencia, y la apertura importadora más abierta del mundo, que sacrifica la producción nacional. En noviembre, la utilización de la capacidad instalada en la industria fue de apenas 57,7%, aún más baja que el año anterior, que había sido de 62,3%. En cuanto al indicador sintético de la actividad de la construcción (ISAC), volvió a registrar un desempeño negativo, cayó 4,7% interanual, planteando un pronóstico más preocupante aún para el sector.
La industria volvió a caer en noviembre, tocando mínimos de un año y medio. Cayó 8,7% comparada con igual mes del año anterior. Se suponía que después de las elecciones se terminaría la excusa del “riesgo kuka”, pero lo cierto es que los empresarios productivos no pueden invertir ante un escenario de achicamiento severo del mercado interno y competencia desleal extranjera promovida deliberadamente por el propio gobierno. Textiles, prendas de vestir y calzado están un 22,7% abajo respecto a 2024. Automotores y otros equipos de transporte un 20,7% de caída interanual. Hasta el presidente de Ford para Argentina y América Latina, Martín Galdeano, dijo: “no me sorprendería que la industria argentina pierda fábricas. Competís contra un mercado global donde se incentiva a la industria”. Sólo falta para completar la llegada de un barco con 5000 autos híbridos y eléctricos de China, como parte de un cupo de 50.000 que se pueden importar sin pagar el arancel extrazona del 35%. Así es muy difícil evitar la caída de la industria nacional.
Productos de metal, maquinaria y equipo cayeron 18,2%, un rubro delicado para los electrodomésticos. Según el Indec, la producción de heladeras, freezers y lavarropas disminuyó un 39,7% en noviembre respecto a igual mes del año anterior, debido a una menor demanda local y el ingreso de importados. Justamente el 20 de noviembre pasado, Día de la Soberanía Nacional, en el que se conmemora la gesta en Vuelta de Obligado, cuando en 1845 la armada anglo francesa pretendía entrar por nuestros ríos escoltando buques mercantes para colocar sus importaciones, Paolo Rocca se quejó sobre el vertiginoso crecimiento de las importaciones. El pope granempresario, a pesar de su adhesión ideológica al modelo de Milei, señaló: “El año pasado se importaban 5000 lavarropas por mes y este año el número creció a 85.000, mientras que en heladeras se pasó de 10.000 a 80.000”. Este gran jefe de la burguesía local no debería eludir la verdad: esta situación dramática de las pymes y de la industria nacional es la consecuencia de la liquidación de la soberanía en nombre del mercado.
Acaso no haya ejemplo más directo de cesión de soberanía con fines pecuniarios como la venta de nuestra tierra. El gobierno ha tomado la privatización del patrimonio nacional y nuestro acervo cultural como una de sus principales políticas públicas. El pasado 9 de diciembre, Adorni dijo: “en cuanto a tierras rurales, se libera la compra a privados extranjeros. También se elimina la prohibición de cambiar la actividad productiva del campo por 30 a 60 años, tras un incendio”. Un mes después Chubut y parte de la Patagonia están en llamas. Resulta imposible ocultar la responsabilidad del gobierno nacional: en 2025 se dejó sin ejecutar el 25% del presupuesto asignado al Manejo del Fuego, cerca de 20.000 millones de pesos. Cabe aclarar que la adquisición por parte de los extranjeros no es para construirse una casa de descanso, se trata de zonas con acceso a recursos naturales escasos y críticos, como el agua, tierras raras y minerales; en un escenario donde los Estados Unidos de Trump manifiestan abiertamente que están dispuestos a tomar los recursos de América Latina, incluso por la fuerza. Ante la agresión a Venezuela, comenzó a divulgarse el término “jalabolas”, aplicado a los que se allanan ante las arbitrariedades del poder colonial. Aquí, una parte del país se prende fuego, sin cañoneras extranjeras.