Cuarenta años es una vida, o al menos lo que tardó Irak en volver a sentir el aroma de una Copa del Mundo. El seleccionado asiático logró romper el hechizo del tiempo y dirá presente en la cita de Estados Unidos, México y Canadá 2026, tras una agónica clasificación que selló al vencer 2 a 1 a Bolivia en la final del repechaje. Sin embargo, el festejo por el boleto obtenido se transformó rápidamente en un desafío de proporciones épicas tras conocerse la conformación de los grupos.
El sorteo ubicó a los iraquíes en el Grupo I, una zona que en la previa asoma como un campo de batalla desigual. Deberán verse las caras con la poderosa Francia, actual subcampeona del mundo; la siempre física y técnica Senegal, y una Noruega que llega en estado de gracia tras haber relegado a Italia al segundo puesto en las eliminatorias europeas. Para Irak, el objetivo inicial de «sumar experiencia» parece ser la única hoja de ruta posible ante semejantes potencias.
El recuerdo de México 86
La única huella de Irak en los mundiales se remonta a México 1986. En aquella oportunidad, el equipo árabe se despidió temprano tras quedar último en el Grupo B, sin sumar unidades. Su debut fue una caída por la mínima ante el Paraguay de Julio César «Romerito» Romero. Luego, vendría la derrota 2 a 1 frente a Bélgica, en un partido donde Ahmed Radhi marcó el único gol iraquí en la historia de la competición, descontando tras los tantos de Enzo Scifo y Nico Claesen.
El cierre de aquella incursión ochentera fue una derrota 1 a 0 ante el anfitrión, México, con un grito de Fernando «Sheriff» Quirarte. Cuatro décadas después, el fútbol le da una revancha a una nación que ha atravesado tormentas de todo tipo y que ahora, en suelo norteamericano, buscará que su segunda participación sea algo más que un paso fugaz. El desafío es mayúsculo, pero el «León de Mesopotamia» ya sabe lo que es rugir contra la adversidad.