La Cámara de Diputados de la Nación aprobó esta semana el proyecto impulsado por la Casa Rosada que propone un régimen de incentivos para grandes inversiones en nuevas industrias: el llamado «Súper Rigi». La iniciativa, que contó con 130 votos a favor, 106 en contra y 7 abstenciones, ahora continúa su camino parlamentario en el Senado.
Si bien en la cámara que preside Victoria Villarruel, el oficialismo liderado por Patricia Bullrich tiene intenciones de darle celeridad al tratamiento del proyecto, al cierre de esta edición no estaba confirmada una convocatoria de reunión de comisión para la semana que viene. A diferencia de Diputados, en la Cámara Alta el caso del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, mantiene paralizada la agenda parlamentaria del oficialismo.
Tras la sesión que aprobó el Super Rigi, Tiempo dialogó con el diputado de Unión por la Patria Itai Hagman, quien posee una postura crítica sobre la iniciativa del gobierno. De hecho, el espacio político que tiene al frente del bloque a Germán Martínez votó en contra. Se estima que lo mismo sucederá en el Senado, aunque tiene mayor peso la posición de los gobernadores.
La iniciativa establece, entre otras cuestiones, beneficios cambiarios, fiscales y aduaneros por un plazo de 30 años para inversiones de US$ 1.000 millones por proyecto. Para Hagman, que además es economista, «el costo más importante que generará el Súper Rigi para los argentinos no es solamente el fiscal, sino que es una serie de concesiones sin contraprestación».

En ese sentido, el diputado nacional por la Ciudad explicó: «Uno puede tener un régimen de incentivos o un régimen de atracción de inversiones, que es algo que está muy bien, pero hay una contraprestación; es decir, yo hago una concesión para que venga una inversión, pero a cambio obtengo otra cosa, por ejemplo, puestos de trabajo, encadenamientos productivos que permitan que crezcan otras actividades o servicios vinculados a esa inversión, o divisas para el país. Bueno, acá son sólo concesiones sin ninguna contraprestación, transferencia tecnológica, nada».
«Entonces no hay nada para el país y es todo para los que vienen a invertir. Por eso nosotros decimos que el Rigi y el Súper Rigi es un esquema de saqueo, no un esquema de inversión», agregó.
-¿Cómo impacta este tipo de regímenes especiales en la industria nacional?
-Obviamente a la industria nacional la perjudica por dos vías: primero, la complica el modelo económico, más allá del Rigi en particular, que es de apertura comercial y de caída, de retracción del mercado interno. Esto obviamente hace que, tanto por las menores ventas al mercado interno como por la competencia con los productos importados, la industria nacional esté en retroceso. Pero, aparte de eso, el Rigi en particular la afecta. Por un lado, porque permite a esas inversiones traer todo de afuera (los insumos e incluso los puestos de trabajo), con lo cual las industrias nacionales no pueden ser proveedoras o no está garantizado que sean proveedoras de esas inversiones. En segundo lugar, porque reorienta la inversión hacia el Rigi. Es decir, una empresa, por ejemplo, transnacional que ya está operando en la Argentina y que ya lo venía haciendo en el sector minero, de hidrocarburos, en el agro o lo que sea, va a reorientar sus inversiones al Rigi y, por lo tanto, va a desinvertir en otras actividades que sí estaban generando algún tipo de encadenamiento para la industria nacional. Entonces es todo pérdida para la industria nacional.
-¿Cuánto influye la estadía de Peter Thiel en Argentina y la denominada tecnocracia en este tipo de legislación?
-Lo de Peter Thiel y la tecnología la verdad que no lo sabemos, pero todo indica que el Súper Rigi está hecho a medida de alguien, porque dice que es para industrias nuevas. Cuando le preguntamos a los funcionarios qué tipo de industrias o quiénes podrían invertir, nos dijeron que no sabían. Cuando se ponga en vigencia nos vamos a enterar quiénes son y para quién estuvo hecho. Pero bueno, sí es posible que tenga que ver con las grandes corporaciones tecnológicas que hoy son las que están emergiendo como un nuevo poder económico global.
-¿Conoce otros casos de regímenes de inversión similares en algún otro lugar del mundo?
-Como este, no. Este régimen de inversión, con este nivel de concesiones y sin beneficios para el país, no conozco ninguno. Por eso nosotros decimos que es un régimen más concesivo de lo que las propias empresas piden. Por eso es una mezcla de corrupción, seguramente, porque recordemos que el Rigi y el Súper Rigi son totalmente discrecionales. Es decir, el Poder Ejecutivo decide quién entra y quién no entra. Con lo cual es fuente de corrupción, obviamente, y además una combinación entre eso e ideología. Ideología extrema, libertaria.
