“La imagen sintética más fuerte es la de Roberto Baggio en el banco. Cuando un deporte, debido a un montón de motivos, se transforma hasta el punto en que se vuelve sensato no hacer saltar al campo a su punto más álgido (el talento, el artista, la excepcionalidad, lo irracional), entonces es que algo ha ocurrido”, escribe, admonitorio, Alessandro Baricco en Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (2006), y se pregunta: “¿Qué deporte sería el tenis si John McEnroe no estuviera entre los 100 primeros? En la tristeza de los números 10 sentados en el banco, el fútbol refiere a una mutación aparentemente suicida”.
La imagen de Roberto Baggio en el banco corresponde al Mundial de Francia 1998. Solo había espacio, supuestamente, para un 10 (Alessandro Del Piero). Ahora la selección italiana no deja a trequartistas y fantasistas como suplentes: carece de talentos creativos de calidad, entre líneas. ¿Qué deporte sería el fútbol si Italia no estuviera en el Mundial 2026, primero ampliado a 48 selecciones?
Italy will ALWAYS give 110% when it comes to their national anthem 🇮🇹🔥
— Stan Sport Football (@StanSportFC) March 26, 2026
World Cup qualification on the line. Their passion on display.
↳ European Qualifiers™. Every Match. Live & Exclusive on Football’s New Home, Stan Sport.#StanSportAU #WCQ pic.twitter.com/1ic5loHHQP
La Azzurra –tetracampeona del mundo (1934-38, 1982 y 2006), ausente en Rusia 2018 y Qatar 2022 y eliminada en primera ronda en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014– se jugará, este martes desde las 15.45, la suerte de volver a un Mundial ante la Bosnia y Herzegovina de Edin Džeko (40 años) en el estadio Bilino Polje de Zenica, que será un volcán (el ganador completará el grupo B que integran Canadá, Suiza y Qatar). Para llegar al partido final de su tercer repechaje consecutivo, Italia, envuelta en nervios, estática, jugó a no cometer errores y derrotó 2-0 a una débil Irlanda del Norte en Bérgamo. Y Bosnia superó en los penales a Gales luego de haber igualado 1-1 en Cardiff. Italia, cuna del costumbrismo dramático, deberá vencer, además, a su mayor enemigo para volver tras 12 años a un Mundial: sus propios fantasmas. Minutos después del triunfo ante Irlanda del Norte, las cámaras de la RAI tomaron a un grupo de futbolistas italianos que parecieron haber festejado que el rival fuera Bosnia en lugar de Gales. “¡Falta de respeto y arrogancia! Ya celebran después de que ganamos los penales ¡Nos vengaremos en Zenica!”, calentó Bosnian Football en X.
Classica arroganza di chi poi paga tutto.
— Max Vader (@Potereaisith) March 26, 2026
Non va bene esultare ora, si esulta martedì. Ci vuole rispetto per la Bosnia e per l’avversario che andremo ad affrontare.
Bisogna essere concentrati, non si va mai convinti di essere più forti#ItaliaIrlandaDelNord#ITANIR pic.twitter.com/s0jHeGIpH3
Fue Sandro Tonali, el mejor ante Irlanda del Norte –destrabó el partido con su disparo desde la medialuna y asistió a Moise Kean–, quien rescató a Gennaro Gattuso, hoy entrenador de Italia, ídolo de su infancia (Tonali, milanista, quería ser como él, no como Andrea Pirlo). A Gattuso lo acompaña al costado de la cancha Gianluigi Buffon, jefe de la delegación italiana. Gattuso y Buffon –y Pirlo– fueron campeones mundiales en Alemania 2006, último título de Italia. En aquel Mundial coincidieron Del Piero y Francesco Totti, artistas de la pelota.

“Cargo con un país sobre mis espaldas. No voy a negar que en los últimos siete meses escucho todos los días: ‘¡Clasificanos al Mundial!’. La presión es enorme”, dijo Gattuso, afectado por la scaramanzia (por superstición, decidió que la localía ante Irlanda del Norte fuera en Bérgamo, donde había debutado como DT de Italia con una goleada, y así evitar San Siro, escenario de la eliminación ante Suecia que la dejó afuera de Rusia 2018). “La Nazionale es un reflejo de la Serie A: practica un fútbol obsoleto y aburrido, con una formación, el 5-3-2, que en Europa solo encuentra equivalente en las selecciones más pobres, con jugadores apenas por encima de la media, sin circuitos de juego, sin extremos ofensivos de calidad y sin talentos capaces de ocupar los espacios intermedios”, sostiene el periodista Maurizio Pistocchi.
The lack of option between the lines for Italy is embarrassing.
— Uncle Sharma 🎙️ (@RSharmzz) March 26, 2026
Bastoni visibly frustrated. pic.twitter.com/qrVnF9oVyR
Bajo la dirección técnica de Maurizio Viscidi y con la participación de los campeones mundiales Simone Perrotta y Gianluca Zambrotta, la Federación Italiana presentó este mes un nuevo plan para el fútbol formativo. Más juego en entrenamientos, más vínculos entre federación, clubes y escuelas y, sobre todo, menos obsesión táctica extrema entre los 5 y los 12 años. Recentrar el aprendizaje en el desarrollo de la técnica. El Como –en el cuarto puesto de la Serie A, clasificatorio a la Champions– es el equipo que más minutos les dio a menores de 23 años en la temporada. Pero tiene un solo jugador de campo italiano (Edoardo Goldaniga, 32 años, jugó 104 minutos en la 2025/26). El fútbol italiano no confía en el talento que genera. ¿Los italianos no se sienten y no se ven como italianos desde un plano estético? Según el Observatorio de Fútbol del CIES, la Serie A le otorga a Sub 21 elegibles para la selección del país de la liga el 1,9% del total de minutos juego (segunda cifra más baja en el mundo, solo por delante de la liga de los Emiratos Árabes Unidos).

¿Por qué no surgen “nuevos Baggios y Tottis”? El investigador Daniele Lalli dice que “el talento aún existe en Italia”, pero que se desperdicia por falta de instalaciones e inversión, merma de juego espontáneo, resultadismo, superpoblación de futbolistas extranjeros y costos altos para acceder a clubes (uno de cada cuatro chicos de entre 5 y 16 años juega al fútbol en el país). Lalli lo relata en Oro Sprecato. Come il calcio italiano sta uccidendo il talento (2022). A pesar del “oro desperdiciado” y de que “mate el talento”, Italia se jugará un pleno ante Bosnia y Herzegovina en Zenica. Italia sabe lo que es reconstruirse. Y los italianos son tan especiales que hasta llaman diferente al fútbol. Calcio.