Jimena Néspolo revela una voz que escribe. En su nueva novela Cuando florezcan los agapantos presenta a Leonarda Nosquiewicz, una inmigrante polaca en Lobos que contará en Tres Cuadernos, desde los años ‘70 hasta los ‘50 -en sentido inverso-, su vida y la de su hermano Casimiro, un sacerdote parroquial de la Teología de la Liberación. Leonarda verá aparecer la Triple A y la represión previa a 1976 y con dolor recordará Europa y su llegada al país, lejos del nazismo: sus padres, su infancia. ¿Qué habrá descubierto en la Argentina?

Y, lo fundamental: ¿cómo habrá aprendido a contarlo en castellano? ¿Cómo habrá sido su vida en Lobos desde los álgidos ‘70 hasta -siempre hacia atrás- el fin de la Segunda Guerra Mundial?

 Lo descubrirá Manuel, un historiador español, al transcribir esos Tres Cuadernos y sumar unos breves Excursos para revelar la experiencia de Leonarda y los desgarros de la Guerra Civil Española en su propia familia.

Así, dos voces, dos historias y dos registros distintos anudarán el vigor de las luchas políticas, la memoria y la catarsis de la palabra. Y sus múltiples tonos son el secreto de la novela Cuando florezcan los agapantos (de la editorial Batata Libros): la escritora, periodista, editora e investigadora de Letras Jimena Néspolo muestra cómo Leonarda gana amigos en Lobos, lee con éxtasis y asiste a la fe militante de su hermano Casimiro. ¿Qué hecho, con los nazis como foco, unirá pasado y presente? ¿Cómo atravesará al cuerpo y a la voz? Manuel, el historiador, lo sabrá al copiar los Cuadernos y anotar sus propios Excursos: son varias épocas regidas por un mismo temor.

Así, los lectores podrán ver cómo se enlazan historias distintas en Cuando florezcan los agapantos:cómo se habrá apropiado Leonarda de la nueva lengua -a la par de su propia fe religiosa-, cómo habrá sido la vida rural en Lobos y qué será de la protagonista cuando conozca el amor y el espesor, cercano, de la vida por una causa. ¿Podrá, Manuel, entender  los anhelos, las motivaciones y las pasiones de esa mujer polaca, de los años ‘70 hacia atrás?

Jimena Néspolo: “Las pasiones de los personajes disparan mis ficciones”

“Manuel se encuentra con la historia de Leonarda y no sabe qué hacer. Es un investigador maduro que acarrea con un tipo de experiencia vital al copiar esos Tres Cuadernos”, explica Néspolo: el de los Excursos fue el último registro de la novela. Según sus diarios, había terminado de escribir los Tres Cuadernos de Leonarda el 28 de mayo de 2006. Luego los presentó a editoriales, y, al completar la novela con los Excursos de Manuel, la novela vio la luz recién veinte años después. “Había que tomar distancia y darle voz a aquel personaje”.

Lo dice Néspolo y profundiza: “La novela demandó mucho trabajo de investigación, por ejemplo, para hablar de la Teología de la Liberación, de los curas casados, del asesinato de Carlos Mugica y de otros temas que abordo en el texto”. Y sobre Leonarda tiene algo en claro: “La suya fue una voz bautismal, o de apertura, porque fue la primera construcción de un registro totalmente extraño a mí. Leonarda me permitió vivenciar esa gran experiencia de transmigración que es la literatura: poder construir otra experiencia vital de un modo total”.

Néspolo y sus personajes

Y eso es lo que celebra Néspolo: “Poder meterse en un personaje y construir un tono, una voz, una experiencia dramática que no tenga que ver con el sujeto biográfico. En tiempos en que está tan de moda la autoficción, para mí la novela fue una experiencia de bautismo, no sólo porque está la búsqueda de una lengua en la escritura de Leonarda, sino también por su experiencia al aprender el idioma argentino. Eso está trabajado en uno de los cuadernos: poder encontrar la lengua propia. Y esa fue una de las búsquedas clave de la novela”.

Entonces Néspolo revela: “Realmente me metí en un personaje que yo sentía que era real por cómo se va dando a conocer a través de los Tres Cuadernos. Leonarda va contando su experiencia cotidiana a través de ellos: va encontrando de a poco su voz. Para mí, darle vida a ese personaje fue un desafío inaugural. Fue un antes y un después”. Y por eso mismo “siempre supe que a esta novela la iba a publicar: cada libro demanda la construcción de su propio lector y estoy absolutamente feliz de que por fin haya salido. Tenía que suceder”.

¿Qué fue lo que la obsesionó contar en torno a esta inmigrante polaca que llega a la Argentina y, en Lobos, halla su propia voz? ¿Cómo dejó atravesar los hechos políticos de los años ‘70 para ir hacia atrás? Néspolo piensa un segundo y responde: “Yo diría que la literatura nace de una inquietud histórico-política o de una inquietud eminentemente conceptual sobre los procesos históricos. Pero yo no escribo novelas históricas. Esa inquietud no moviliza a ninguna de mis ficciones. Y tampoco busco a los lectores afines”.

Jimena Néspolo: “Las pasiones de los personajes disparan mis ficciones”

En realidad “siempre hay un problema de la contemporaneidad, o de la historia contemporánea, con el que estoy dialogando -distingue Néspolo-. Pero esa inquietud o esa investigación siempre se da de un modo velado, y en un segundo movimiento respecto del personaje, de los personajes o de las pasiones que los movilizan. Así que diría que, justamente, las pasiones de los personajes son las que disparan mis ficciones”.

En sintonía, “tampoco es que tenga muy en claro el tema -aclara Néspolo-. Hay algo que me está llamando y eso hace que me ponga a escribir. Eso tiene que ver con un montón de cosas: con tu momento vital, tu experiencia cotidiana, tu fantasmagoría, tu infancia. Pero, en definitiva, me parece que la motivación pasa por las pasiones de los sujetos en determinados momentos históricos. Y a la historia la voy encontrando en la medida en que me voy dejando guiar por esos personajes. Eso es lo que tiene de fascinante lo literario”.

De hecho, “Leonarda era un personaje absolutamente menor, y no pensé que me iba a tomar así, pero el relato te va llevando: es como si fueras dándole luz a algo que, en algún punto, ya está escrito”. Es más: “En mi novela Vértigo de mí, de 2020, le di voz a una CEO de una empresa farmacéutica que no tiene nada que ver conmigo. Una no sabe por qué apareció ese personaje, pero en un momento surge y es crucial atender a eso. Hay que poder hacerse cargo, incluso, de los personajes que pueden ser absolutamente deleznables”.

Jimena Néspolo vive hace décadas en Pilar, Provincia de Buenos Aires. ¿Hasta qué punto la ambientación de Cuando florezcan los agapantos tiene que ver con su propia experiencia vital? “Bueno, no sé hasta dónde tiene algún sentido diseccionar qué es lo tuyo y qué es lo que tomás, qué es lo que mezclás, qué es lo que se viste con otros ropajes y qué es lo propio -concede-. Como ciudadana de la Provincia de Buenos Aires, hay un montón de experiencias pueblerinas que están orbitando en mi novela, pero a la vez todo eso está muy mixturado”.

Y piensa en algo central: en los Excursos de Manuel, el historiador que transcribe los Tres Cuadernos de Leonarda. “Para mí fue un desafío darle verosimilitud a un historiador que fuera español, pero no castizo, y que a la vez sonara creíble: que tuviera una formación disciplinar, y con un habla singular, muy distinta a la de una escritora inmigrante polaca, como es Leonarda”, establece Néspolo. “Por eso, lo que prima en la novela es una construcción de lo pueblerino desde la extranjeridad, ya sea en Lobos o en la Polonia natal”.

Entonces concede una idea liberadora: “Creo que Cuando florezcan los agapantos es la novela que más me ha costado publicar, y este sello, Batata Libros, se inaugura con esta ficción. Es una de las novelas que elaboré durante más tiempo, ya que tiene muchas capas, y el personaje de Leonarda después derivó en otras ficciones que se fueron engarzando”, dice Néspolo. “Pero no sólo fue un trabajo difícil por el tiempo de escritura y de corrección, sino por el hecho de pensar problemas, a través de personajes, para conformar un universo”.

En ese sentido “esta novela tuvo distintas lecturas, y, el no encontrar un lugar de publicación durante mucho tiempo me hizo pensar bastante en los Tres Cuadernos de Leonarda de manera independiente. Ese fue el primer nudo desde el cual se desglosaron otros”, cuenta. A partir de ello “empecé a pensar si yo misma debía invertir en su publicación, hace veinte años, o qué sentido tenía. Pero se hizo cada vez más necesario que Leonarda apareciera. Y es muy satisfactorio que haya podido ser editada, por fin, en un sello independiente”.