Desde París, el abogado y escritor argentino José Salem recorre las imágenes y los desafíos de su novela histórica Cuarenta y nueve días bajo la niebla: en la Primera Invasión Inglesa, de 1806, hay luchas de poder, intrigas y crímenes mientras Buenos Aires pasa a manos británicas y la vida cotidiana se revoluciona con enigmas y traiciones. ¿Por qué José Salem, de 66 años, eligió la Primera Invasión Inglesa? “Me interesó por el lapso corto de tiempo en que transcurrió: cuarenta y nueve días. Quise mostrar las expectativas de la gente común, en el Virreinato del Río de la Plata, durante la invasión, la ocupación y la reconquista”.

El comienzo de Cuarenta y nueve días bajo la niebla gira alrededor de la familia burguesa de Eustaquio Etcheverry, de extracción española pero con afinidad inglesa: flota la bruma en Buenos Aires y sus hijos Ignacio y Antonia comandan la trama mientras el Virrey Sobremonte abandona la ciudad, con el tesoro público, rumbo a Córdoba. Abunda la desconfianza mientras los invasores alcanzan Buenos Aires; se elabora la resistencia, surge el liderazgo de Santiago de Liniers y los hechos criminales surcan la historia. ¿Nacerá el deseo patriótico a la par del rechazo a los ingleses? ¿Recobrarán su dominio comercial los españoles?

Cuarenta y nueve días bajo la niebla (Cuatro Letras Editorial) registra los usos y costumbres de la época y capta ambientes, vestimentas, aromas, comidas y otros detalles en sintonía con el conflicto militar y con el retrato de la clase acomodada porteña. Pero también hablan los esclavos y otras fuerzas negadas por la historia oficial: la novela es un gran arco de personajes y voces atravesadas por la momentánea ocupación inglesa. Aún no existe la Argentina como tal, pero las energías en pugna buscan una salida hacia el futuro. “Investigué mucho cómo vivía la gente -cuenta José Salem-: sobre todo me interesan los detalles”.

José Salem: “Siento como si hubiera estado en la Buenos Aires de 1806”

Y profundiza: “Cuando me empecé a meter en la trama tenía que vestir a los personajes, decir qué comían, qué tomaban, qué música escuchaban y cómo era la relación con la religión en esa época. Eso es lo que no abunda en los libros de historia. Me llevó tres años escribir la primera versión y la dejé macerar. Dos o tres años después volví a trabajarla durante varias etapas. Luego saqué el libro de cuentos Donde la vida nos lleva, de 2021, y la novela Dominó, de 2024. Más tarde revisé la novela durante seis meses y por fin se publicó. Para mí fue como un viaje: siento como si hubiera estado en la Buenos Aires de 1806”.

José Salem sabe qué potencia tenía esa época: “El mundo se estaba moviendo como nunca. Antes había ocurrido la Revolución Francesa y también la Independencia de los Estados Unidos. Entonces, yo noté que ahí estaba un poco el germen del espíritu independentista. Si bien en 1806, en Buenos Aires -la capital del Virreinato- seguíamos apoyando a los españoles y pocos se animaban todavía a pensar en la independencia, creo que la invasión inglesa nos vino bien porque aceleró el proceso emancipatorio.

 De hecho, dos días después de que se fueran ellos, el 14 de agosto de 1806 fue el primer Cabildo Abierto”. Entonces, “si no hubiera ocurrido la invasión los tiempos habrían sido distintos -evalúa Salem-. Por lo que he leído e investigado, frente al sistema mercantilista y monopólico español los ingleses ayudaron a abrir mercados y aceleraron el proceso histórico”.

En Buenos Aires, como bien cuenta la novela, “el Virrey Sobremonte primero miró para otro lado y pensó que los ingleses iban a ocupar Montevideo y no este lado del Río de la Plata. La ciudad estaba muy desguarnecida, aunque ya se comentaba que podía venir una invasión. Me pareció muy bueno analizar por qué las fuerzas locales dejaron entrar a los ingleses”.

Allí apareció el vigor de la novela: “La invasión británica interesaba a un núcleo determinado, pero el pueblo empezó a despertar y personas que ni se habían preguntado el porqué de ser independiente se lo empezaron a plantear. Se decía: ‘¿Nos quedamos con los españoles o con los ingleses?’. La gente comenzó a tomar partido y fue a reuniones en casas particulares, en estancias o en iglesias”. Tras la batalla de las tropas de Liniers, de la caballería de Juan Martín de Pueyrredón y de los civiles organizados por Martín de Álzaga, hubo doscientos muertos y finalmente se produjo la Reconquista de Buenos Aires.

¿Por qué José Salem eligió el punto de vista inicial de la familia Etcheverry? ¿Qué estrategia hubo allí? “De entrada me apareció la idea de una familia española porque quería ver qué actitud tomaba -dice-. A mí me interesa el conflicto interno, personal, y busqué mostrar cómo Eustaquio Etcheverry va en contra de su propia Corona para reflejar la contradicción humana. Me pareció interesante que esa familia representara la sociedad de Buenos Aires de esos años y luego me serví de varios personajes secundarios, pero que para mí tal vez gustan más que los principales, para ir al llano y pintar cómo calaron los hechos en ellos”.

Por eso José Salem reflejó “cómo se vivía la esclavitud en Buenos Aires”. Justamente, “un capítulo que me costó mucho, y que me parece muy importante, es aquel en el que la esclava Teodora recuerda su historia: cuenta cuando fue robada de Angola y relata el periplo que hizo desde que ella estaba con sus hermanos en plena naturaleza. Teodora se da cuenta de que nunca más va a ver a su familia y explica cómo fue el trayecto en barco hasta Buenos Aires. Ese pasaje me costó mucho desde lo emocional y elegí párrafos bastante extensos para que ella hablara como sin pausa, sin respiro, para poder ponerme en su lugar”.

José Salem y la busqueda de otras claves

Otra clave de Cuarenta y nueve días bajo la niebla está en el reflejo de los usos y costumbres de la época: “Traté de ser lo más verosímil que pude y descubrí un montón de cosas acerca de los porteños: conductas de la gente en las distintas capas sociales”.

Justamente, casi al final de la novela, William Carr Beresford y Home Riggs Popham, los líderes militares de la Primera Invasión Inglesa, “mantienen una conversación acerca de cómo son los porteños”, revela Salem. Y de su final se proyecta a los comienzos: “La novela empezó a cerrarme mucho ya en su primer tercio, cuando ya se había producido la invasión. Hice una evaluación de esas ciento y pico de hojas que había escrito y ahí vi que empezaba lo jugoso para mí”.

José Salem sentía que la trama lo atrapaba y, en el fluir del texto, desplegó una serie de crímenes que le agregan tensión y oscuridad a la historia. ¿Qué buscó con ello? “En mi novela anterior, Dominó, también hay un crimen, pero en el arranque -recuerda-. A mí el crimen me interesa porque busco investigar qué pasa y poder poner a los personajes en situaciones extremas: me gusta jugar con eso para tratar de entender por qué alguien se siente con el derecho de asesinar o de robar. En algunas de esas situaciones, como se cuenta en Cuarenta y nueve días bajo la niebla, es donde uno halla mayor material para analizar”.

José Salem celebra toda la construcción visual que buscó en la novela: “Cuando empecé la investigación, años atrás, encontré mucha información sobre los hechos históricos, pero se decía muy poco acerca de cómo se vestían, cómo hablaban o cómo comían los personajes. Poder contar todo eso fue lo más difícil y fui reconstituyendo toda esa información: me hice una lista de cincuenta o sesenta temas -música, religión, comida, baile, etc.- y se fueron abriendo un montón de ramas posibles. La parte más complicada del texto fue reconstruir el escenario, que no se limitaba a la casa de los Echeverry, sino a las calles y a la propia ciudad”.

José Salem: “Siento como si hubiera estado en la Buenos Aires de 1806”

Al rearmar esas imágenes “pude sentir el trasfondo de la historia, estar en las tertulias, tratar de sentir el gusto de las comidas y ver si las calles estaban empedradas: poder remontarme a 1806”, dice Salem. “Y el final de la novela apareció no antes de las tres cuartas partes de la novela. Luego tuve que volver atrás para dejar algunos indicios”, detalla el escritor en un alto de su labor de abogado para un estudio porteño: “Yo hago teletrabajo y estoy mucho en el tema de asesoramiento, más que en litigio. Pero, sobre todo, el ritmo de París, que es tan distinto al de Buenos Aires, me deja mucho más tiempo para escribir”.