En una escena que premia la novedad por la novedad misma, Juan Bayon apuesta al trabajo y la constancia. Su nuevo disco reafirma una formación que toca junta desde 2018 y convierte esa persistencia en una forma de resistencia estética: algo poco habitual en la música en general y todavía más en el jazz. Como enfrentar al mundo entero podría ser el título de un manual de autoayuda. Pero en manos de Bayon funciona en sentido inverso: es un tratado sobre el individualismo, la profundidad y los tiempos largos del arte.

“Es un disco que compuse y grabé después de que murió mi padre en 2021. La continuidad temática no es exactamente la misma. El título está puesto en mayúsculas para evitar la tilde y que sea interpretable como vos quieras: Cómo enfrentar al mundo entero como una instrucción es un poco pretencioso, pero a mí me gusta ese tipo de títulos que te llaman, tipo: «OK, acá está pasando algo importante, vení, escuchalo. O Como enfrentar al mundo entero, como que hay algo con el individualismo, con la meritocracia y con la idea de que uno es suficiente para enfrentarse a todo, algo completamente ridículo. Me gusta cuando un disco me trata de esa manera, que las personas se den su propia importancia para que vos también se la des musicalmente.”

El padre de Bayon no murió de COVID y pudo despedirse pese a las restricciones de movilidad del momento. Eran los primeros años de la formación con bajo, batería, trompeta y saxo (“la vengo trabajando desde 2018”) y siente que “hay algo que funciona, que fluye”.

“Con la naturaleza poligámica del jazz -todos tocamos con músicos de la escena local, estamos en varios grupos todo el tiempo-, en este grupo, con esa conjunción humana y con mi música, pasa algo que no quiero soltar. Siento que siempre hay más y que siempre cavamos más profundo. Entonces no es solo continuidad sino búsqueda. Hoy pareciera que la novedad del último minuto es lo que llama la atención, incluso para la prensa. Si estoy con el mismo grupo hace mucho tiempo no es un mérito. Sin embargo, lo que me pasa con este grupo es que siempre va más profundo y termina sorprendiéndome: me dan ganas de escribir música para ver qué hacen ellos con eso, que siempre es más de lo que imagino.”

En términos creativos, reconoce, no es lo habitual: “Yo también caigo en la tentación de buscar alguna explicación que haga que lo que estoy mostrando parezca nuevo, pero básicamente estoy produciendo con este grupo un cuerpo de trabajo, una obra que recién llega al segundo disco y en la que sucede algo que, para mí, es único en la escena local. Escribo una música que quiero escuchar y ellos la tocan de una manera que ni siquiera sabía que quería escuchar.”

En ese sentido, el jazz ofrece posibilidades que otros géneros bloquean. “Digámoslo como queramos: el jazz es un gueto, es minoritario, no demanda una atención que lo vuelva música de consumo fácil. Entonces, en términos de masividad o economía, nadie de mi grupo -ni la mayoría de los músicos que conozco- vive exclusivamente de su música. Lo que sí tenemos a favor es que tocamos mucho, muy seguido y con mucha gente al mismo tiempo. La preparación del músico de jazz hace que podamos sacar la música rápido, a veces con un ensayo, a veces sin ensayo. Hay algo del estilo que tiene que ver con el vértigo y con resolver situaciones. El músico de jazz disgrega sus esfuerzos y toca muchas veces al año. No es un gran show aislado, es un proceso constante que se vive en conciertos, ensayos y grabaciones, en una continuidad laboral y artística.”

No hace falta saber de jazz para apreciar la potencia de Como enfrentar al mundo entero. Solo aceptar la invitación a una escucha que, a poco de empezar, puede volverse profunda: como dice Bayón, el arte es comunicación. “Pienso que un buen artista puede disfrazar su mensaje dentro de algo entretenido y, al mismo tiempo, profundo, que te haga rascar la cabeza y bailar.” Pero la comunicación, como el jazz, es polisémica: siempre hay una diferencia entre la intención de quien dice y lo que entiende quien escucha.

“Grabar después de cinco años también fue una forma de volver a ponerme en contacto con colegas, de la prensa o de programas de radio especializados, reencontrarme con viejos amigos. Es mi mejor disco, un material del que quedé muy orgulloso y al que le puse mucho trabajo. Lo escuché muchísimas veces, cambié el orden de los temas cuarenta veces, mezclé y remezclé. Fue un proceso más largo, de más de un año, quizá un año y medio. Pero era lo que necesitaba.» «


Juan Bayon