Juan Quintero viene ensayando desde hace tiempo distintas maneras de correrse de las formas tradicionales del recital. En los últimos años impulsó experiencias en las que el escenario pierde centralidad, el público participa activamente y las canciones vuelven a convertirse en una excusa para reunirse. Esa búsqueda atraviesa tanto Canto a la Mercedes, el ciclo inspirado en el repertorio de Mercedes Sosa, como el Bingo para cantar, una propuesta que tendrá una nueva fecha el próximo domingo 7 de junio en el Vecinal de Saavedra junto a un grupo de músicos de primer nivel.
Días atrás, el compositor y guitarrista tucumano se presentó en La Caja de Madera, el auditorio acústico del centro cultural Cuerda Mecánica, dentro del ciclo Sures (próxima fecha: Juan Falú el 21 de junio). Allí ofreció un concierto íntimo, solo con guitarra y voz, casi sin amplificación, en una sala especialmente diseñada para favorecer la escucha. El repertorio incluyó canciones de un próximo trabajo discográfico y piezas ya clásicas de su cancionero como “Paloma”, “Regalitos” y “Bandera” así como su versión de “Amapola”, de Juan Luis Guerra, que nunca puede faltar.

Lejos de entender la música como espectáculo, Quintero está interesado en recuperar algo del ritual compartido que ocurre antes de subir al escenario: la ronda del ensayo, la conversación entre músicos. “¿Por qué nos desviamos de esa situación?”, se pregunta cuando recuerda que la música suele nacer en espacios donde quienes tocan se miran a los ojos. Esa inquietud lo llevó a experimentar con formatos en los que la escucha se vuelve más atenta y las jerarquías entre artistas y público se desdibujan.
Mientras ordena materiales para futuros discos y continúa trabajando en proyectos junto a Jorge Fandermole, el Trío Patio (que integra con Andrés Pilar y Santiago Segret) y Luis Pescetti, Quintero sigue apostando a experiencias colectivas donde las canciones circulan de mano en mano.
—¿Qué es lo que te interesa tanto de este formato de ronda que estás usando mucho?
—En principio, lo que me estaba pasando era que me empecé un poco a rebelar con la situación. Todos los ensayos que yo vivo, casi históricamente, siempre son con los que estamos tocando mirándonos, frente a frente. Seamos dos, tres, cuatro o diez. Siempre el ensayo es una ronda. Es como la mejor manera de escucharse. Es una manera de conectarse, también de concentrarse. Entonces pienso: ¿por qué nos desviamos de esa situación? Me pasaba que ensayaba de una manera y de repente la cosa cambia y estás frente al público sin que los músicos nos miremos entre nosotros. Empecé de a poco a rebelarme contra eso porque me gusta mucho la situación del ensayo. ¿Y por qué no compartirla así con la gente?
—De hecho, también hacés participar al público en las distintas propuestas que estás haciendo.
—Sí, porque me parece que esta división… Bueno, ahí entra todo un planteo acerca del escenario. Y la verdad es que también me pasó preguntarme qué pasa cuando tu voz es una más entre todas las otras, que también es muy lindo. Yo me he emocionado muchísimo en esa ronda de Mercedes con gente que ha cantado por primera vez, por ejemplo. Es un verdadero tesoro y eso en el escenario nunca va a suceder. Entonces digo: de algo me estoy perdiendo si la música solo sucede en el escenario. Por eso me decidí a abrir este espacio.
—Hace unos días presentaste canciones solo con guitarra y voz, que también va a contramano de lo que hacen muchos, en un ciclo que justamente busca valorar más la escucha cercana. ¿Creés que la escucha es algo que se está perdiendo?
—En principio yo creo que sí. Lo que me di cuenta es que para esta sala, Cuerda Mecánica, hay gente que se ha tomado un trabajo muy grande para que el auditorio sea como es y tenga todas esas cualidades de la madera. Y me parece que establecer el sonido por default hace que a veces nos perdamos la posibilidad de escuchar la sala como es. Un poco con esta decisión de tocar casi sin amplificación me asusté, porque digo: no sé, si no me escuchan, puede salir mal. Y me puse nervioso. Pero por otro lado digo: che, mirá vos, acá está el riesgo. Hay algo de todo eso que me parece que hace que la cosa esté viva y sea honesta.
—¿Y qué canciones presentaste?
—Hay una selección de canciones que vengo trabajando, como ejercicios. Estudios de guitarra hechos canción, digamos. Junté todo el material que en las canciones uso para divertirme con la guitarra. Algunas tienen un tinte más lúdico, otras son más personales, cosas de acá, de allá, de otros, mías. Pero en principio es como un juego de guitarras. Estaba viendo si hacía El Vocero, que es un personaje que me gusta mucho. También es un juego: la gente que no puede ir al concierto me manda mensajes para personas en particular o al público en general, y yo sirvo de vocero de esos mensajes.
—¿Cómo se te ocurrió hacerlo?
—Yo doy un taller de composición. Y surgió varias veces la charla acerca de cuán difícil se pone la cosa con respecto a las canciones cuando la gente está trabada. Y cuán difícil se pone cuando uno lo hace todo desde el lado de uno. Yo, Juan Quintero, digo tal cosa y eso tiene un montón de peso cuando uno lo canta. Entonces salió este ejercicio de decir: bueno, ¿qué pasa si mi rol al cantar es alguien que dice cosas que dijeron otros? Y salió algo muy divertido. Y también muy propio. Me gustó descubrir eso. Una cosa más liviana. Los artistas muchas veces terminamos diciendo todo desde un solo lugar y me parece que eso termina anquilosado. Entonces es introducir un poquito una cosa de juego. Y quedó este espacio que me encantó, la verdad.
—Como el Bingo para cantar, que también es un juego.
—Sí. Somos muchos en esta. Me di cuenta cuando empecé a compartir estas ideas con gente. Hay muchos jugando con el tarot, hay bingos, hay rondas de canciones. Estamos en contacto. Cada ronda tiene su característica, pero me parece que, al menos en ciertos círculos, noto que hay alguna cosa de volver a querer divertirnos y que la cosa sirva para juntarse.
—¿En qué andás trabajando? ¿Estás componiendo?
—No estoy componiendo. Estoy poniendo en orden aquellas cosas que compuse. Y también sigo con mis proyectos con Luis Pescetti, con el Trío Patio y con Jorge Fandermole. Mis proyectos troncales son el taller de composición y el Bingo, por ahora. Son aquellos que mantengo con más firmeza durante este año. Y con Fander, con los Patio y con Luis Pescetti estamos llevando nuestros trabajos a su tiempo. Con Fander vamos a grabar un disco y con los Patio también.

—Fuiste parte del ¡Falklore! que armó Milo J. A partir de eso se habló mucho de que las nuevas generaciones se estaban acercando al folklore. ¿Sentís que es así o que en realidad siempre estuvieron cerca?
—Diría que yo también trato de acercarme. Me parece que, en la medida en que tratemos de acercarnos, cada quien va a tener que liberarse un poco de sus etiquetas. Porque es como si nosotros fuéramos los guardianes de alguna cosa muy importante, que por un lado sí, pero ellos tienen una vuelta, otra cabeza. Me gusta pensarlo como un gesto de acercarnos mutuamente. Por eso me gustó la idea de ir a ¡Falklore!, porque es una mesa para charlar y compartir. Me gustaría que existan más espacios donde eso sea sostenido. Por lo pronto, celebro y me encanta eso. Me gustó mucho lo que dijo Milo J en su momento: “A muchos chicos les gusta el folklore, pero no lo dicen por vergüenza”. Y él tuvo el coraje de decir que le gusta, contra los prejuicios del barrio. Ahí creo que sí rompió con algo y se fueron metiendo otros. Eso está buenísimo.
—Para el proyecto Canto a la Mercedes y ahora para el Bingo te juntaste con unos musicazos. ¿Cómo se armó ese grupo con Hugo Maldonado Barros, Juampi Di Leone, Manu Sija, Luciana Jury y Facundo Guevara?
—En principio, esa experiencia la tenemos que disfrutar entre nosotros y de una manera sostenida también. Entonces salió esta idea de armar un grupito que suene bien y que entre nosotros nos llevemos bien tocando. Así podemos acompañar lo mejor posible a cualquier persona que se venga a la ronda. Estos músicos tienen muchísima cintura para agarrar un repertorio grande, en cualquier tonalidad. Pase lo que pase, la cosa va a salir. También es un ejercicio de estudio para nosotros. Me venía la imagen de los que tocaban con Roberto Galán en Si lo sabe, cante. Un poco así. Solo que nosotros, a diferencia de ellos, tenemos un repertorio que lo vamos eligiendo entre nosotros. Son 90 canciones y es un proyecto que puede durar años. Es cuestión de disfrutar y meterse cada vez más adentro.
—¿Se complicó mucho hacer música ahora? O sea, ¿ de esta manera, independiente, en esta época del país?
—En principio yo estoy muy afuera de los circuitos habituales. Estoy muy en la autogestión. Pero también es un poco por elección. No es porque no me estén llamando. Estos proyectos tienen sus características. No entran en cualquier lugar. Está complicado, pero también en un punto me di cuenta del gran valor que tiene cada concierto. Siento que eso se desvalorizó un poco. Se descuidó el hermoso aspecto ritual que tiene cada juntada. Y después empezaron a primar las cuestiones de plata, las cuestiones técnicas, de nombre y renombre, y todas esas boludeces que me parece que un poco matan la experiencia. Entonces siento que, en un punto, esto también es un gesto de cuidado hacia el entusiasmo por tocar.
Bingo para cantar. Con Juan Quintero
Sábado 7 de junio a las 17 en Vecinal de Saavedra, Avenida Balbín 4221.