Juliana Cassataro: “No sé cómo pasamos de aplaudir a los médicos a no creer en nada, ni siquiera en la inmunización”

Por: Luciana Mazzini Puga

Es un personaje esencial para hablar de la pandemia iniciada hace seis años: las huellas en la sociedad, cómo fue desarrollar la primera vacuna y el cientificidio actual.

Parece una eternidad, pero apenas pasaron seis años del inicio del Covid-19. Una pandemia que trazó a fuego el mundo y los primeros años del período del Frente de Todos, y que dejó huellas que aún perduran en lo social, en lo sanitario, en lo político (se podría pensar que sin pandemia no hubiese explotado Milei). Y en la ciencia. Apenas seis años de esos momentos en los que las vacunas eran ansiadas por la sociedad, que aplaudía a médicos, que valoraba a investigadores. Hoy la realidad exhibe desfinanciamientos, recortes, desmantelamientos. Si hay alguien que sabe del tema y que se volvió una síntesis de ciencia y salud es Juliana Cassataro. Doctora en Biología, inmunóloga e investigadora de la Universidad Nacional de San Martín y del Conicet, se convirtió en plena pandemia en la líder de un proyecto único: desarrollar desde cero la primera vacuna argentina de la historia y la primera en Sudamérica contra el SARS-CoV-2.

En diálogo con Tiempo, Cassataro rememora cómo vivió ese período, cómo fue diseñar la vacuna ARVAC Cecilia Grierson. Y del pasado al presente, también opina sobre el ajuste que está llevando adelante el gobierno nacional en el sistema científico y universitario: “Necesitamos que sea política de Estado. Si no, somos rehenes de los cambios de gestión”.

-¿Qué recordás de los primeros meses de la pandemia?

-Había mucha incertidumbre, todo el mundo quería saber qué pasaba. Como científica puedo decir que fue la primera vez que nos encontramos con un problema que había que investigar, y encontrar una solución sobre la marcha. Si no hubiese habido científicos en el mundo que trabajaban con vacunas desde hace 20 años, no hubiese sido posible avanzar tan rápido.

-¿Cómo recibiste la propuesta de desarrollar la vacuna?

-La primera vez que se charló sobre el tema fue en una reunión del Ministerio de Ciencia de la Nación. Más tarde, presentamos una propuesta para diseñar el prototipo a “Ideas Proyecto” y recibimos 100 mil dólares para llevarlo adelante. Siempre fuimos cautos, en ciencia no se puede asegurar que algo va a funcionar. Es prueba y error. Entonces, tratamos de contar a los medios lo justo y necesario porque no queríamos generar expectativas en la gente sobre algo que podía no salir. Finalmente, con el apoyo de la Agencia I+D+I, cerramos un acuerdo con el Laboratorio Cassará. Recién cuando obtuvimos buenos resultados del estudio de fase I en humanos, vi posible este desarrollo.

-¿Dimensionaste que estabas haciendo la primera vacuna argentina?

-Sí. Y me daba bronca. Pensaba: “¿cómo puede ser que sea la primera vez? Esto se tendría que haber hecho antes”. En Argentina tenemos mucha capacidad para hacer ciencia: tenemos una buena industria farmacéutica, la posibilidad de hacer ensayos clínicos, médicos e investigadores excelentes. ¿Por qué esperamos a que haya un contexto de emergencia para desarrollar una vacuna y no la hicimos con tiempo? Ahora quedó demostrado que tenemos una red de profesionales, tanto del sector público como privado, que saben hacer un desarrollo de este tamaño.

-¿Qué pensás de la vinculación con el sector privado?

-Se da un trabajo sinérgico que es crucial. La universidad nos permitió hacer el desarrollo preclínico de la vacuna, pero las pruebas, certificaciones y la producción a escala industrial requieren de la industria farmacéutica que tiene otras capacidades. Si se logra un buen acuerdo entre el sector público y privado donde el Estado, el Conicet y la universidades cobren regalías por el trabajo, se puede hacer algo muy bueno.

-¿Cómo se está aplicando la vacuna?

-Está en farmacias y vacunatorios a un precio súper accesible, cerca de $ 23 mil. Sin embargo, lo más frustrante para mí es que ni el gobierno anterior ni el actual, por ahora, decidieron comprarla. Mi sueño es que la vacuna sea accesible desde el Estado para toda la sociedad.

-¿Qué importancia tienen las inmunizaciones para la sociedad?

-Son fundamentales. Cuestan dinero, pero disminuyen drásticamente los casos de internación, los gastos en salud, los problemas a largo plazo de la población y las muertes. La inmunización evita alrededor de cinco millones de muertes al año por enfermedades. El tema es que no es una decisión individual, sino colectiva. Si un chico no se aplica ninguna dosis y le transmite el virus a otro que tiene una respuesta inmunológica más baja, seguramente el contagio le afecte peor. Hay que vacunarnos para cuidarnos y cuidar al otro.

-¿La pandemia dejó huellas en la sociedad?

-Sí, algunas malas y otras buenas. No me esperaba la desinformación y el miedo a las vacunas. No sé cómo pasamos de aplaudir a los médicos a no creer en nada, ni siquiera en la inmunización. Sin embargo, el proyecto de la ARVAC Cecilia Grierson también nos hizo ver que era posible hacer un desarrollo así. Todavía tenemos profesionales excelentes e instalaciones capaces de llevar adelante algo tan complejo como crear una vacuna de principio a fin.

-Municipios y provincias como PBA y Córdoba denunciaron que el gobierno nacional recortó el suministro de vacunas. ¿Qué papel tiene el Estado en un tema así?

-Es clave. El Estado no puede dejar en manos de los individuos algo que es de toda la comunidad. Tiene que promocionar su aplicación, realizar campañas de inmunización y estar presente en todos lugares. Además del recorte, hay personas que no se las quieren aplicar. Eso no pasa solo en Argentina, sucede en todos lados y se debe a la desinformación que hay. Es responsabilidad del Estado informar adecuadamente.

-¿Cómo vivís el recorte en ciencia?

-No lo puedo creer. Al principio decía “esto va a pasar” pero hoy no puedo creer que el ajuste sea tan profundo. Yo me doctoré en 2003, mientras hacía la tesis atravesé la crisis del 2001. Aún habiendo vivido eso, puedo decir que nunca se vivió nada como esto. No hay un horizonte.

-¿Habla el gobierno?

-Después de dos años, hace poco hubo un llamado de la Agencia I+D+i para los subsidios de “Apoyo a la Investigación”. Pero, más allá de eso, no hemos tenido casi oportunidades. El problema es que esto afecta a nuestros sueldos y a las investigaciones porque dependemos de esos subsidios para poder llevarlas adelante. Tampoco hay un llamado a abocarnos a ciertas líneas de investigación, directamente hay silencio.

-También hay una fuga de cerebros.

-Sí, en particular de los becarios. Son quienes cobran los sueldos más bajos, por lo que no les alcanza para vivir y se van a trabajar a otro lado o a investigar afuera. Es muy triste porque nuestros recursos humanos son de gran calidad y llevamos años construyendo investigaciones que se están destruyendo rapidísimo.

-Algo similar está ocurriendo con las universidades.

-La sensación es la misma. Los docentes se van a trabajar a universidades privadas o están con varios trabajos al mismo tiempo para poder llegar a fin de mes. Es muy triste porque, en el caso de biotecnología particularmente, estamos formando profesionales que son reconocidos tanto por el sector público como el privado y es muy doloroso que se desmantele la educación de esas personas.

-¿Qué anhelás para el sistema científico y universitario?

-Que sea política de Estado. Si no, somos rehenes de los cambios de gestión y termina siendo un modelo que no construye nada.

Una nueva embestida contra la ciencia

El gobierno de Milei emprendió una nueva embestida a la ciencia, contra organismos como el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el INTI la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el ANLIS Malbrán. Así lo denunció la Mesa Federal por la Ciencia y Técnica: «Sin argumentos que lo justifiquen, arremeten contra cuatro organismos con décadas de trayectoria, desmembrando las capacidades nacionales en áreas estratégicas y sensibles».
En el SMN acaban de despedir a 140 profesionales altamente capacitados.

En el INTI dieron de baja más de mil servicios industriales claves para pymes y grandes empresas, «afectando certificaciones, asistencia técnica, ensayos de calidad, alimentos y procesos de innovación productiva».
En la CNEA se aplicó un recorte profundo en los programas de investigación y desarrollo, paralizando proyectos estratégicos en los ámbitos nuclear, energético y médico. En Malbrán el gobierno impulsó una fuerte «reestructuración» que incluyó el cierre de áreas, la disolución de institutos y la fusión de dependencias.

Las universidades siguen sin financiamiento

El gobierno de Javier Milei lleva 180 días sin cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario. Aunque la normativa fue aprobada, ratificada por el Congreso tras el veto del Ejecutivo y avalada por la Justicia para su implementación, al Ejecutivo parece no importarle. El impacto se dirige directo a los sueldos de los docentes y nodocentes y a la posibilidad de estudiar de los alumnos y alumnas. El viernes vencía el plazo para que abonara los fondos, pero en cambio el gobierno presentó un recurso extraordinario para suspender la Ley. La Procuración del Tesoro realizó la presentación ante la Cámara de Apelaciones y luego pasaría a la Corte. Hasta que no se decida, el Ejecutivo tiene obligación de empezar con las transferencias.

Según un informe del CEPA, el presupuesto destinado al sector superior cayó un 45,6% desde 2023 hasta la actualidad. Además, solo los salarios de los docentes titulares con dedicación exclusiva y los nodocentes con categoría 1 y 2 (los sueldos más altos) alcanzan la Canasta Básica Total. El resto se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Y muchos, de indigencia. Como medidas de fuerza, las universidades iniciaron el cuatrimestre con semanas de paro y se espera que se repita durante los próximos meses. En los últimos días llevaron adelante la jornada “La universidad no se apaga” para visibilizar actividades, como las de investigación y extensión. En el caso de la UBA se ofrecieron servicios de salud como odontología y oftalmología y clases públicas. En la Universidad Nacional de Quilmes se dieron charlas y proyecciones de películas sobre Malvinas, y en la de Hurlingham hubo talleres de música, clases públicas y conciertos de la orquesta.

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