Actriz joven de amplio recorrido en televisión y teatro, caracterizada por su naturalidad para interpretar papeles variados, su gracia y su carisma. Esa podría ser una buena definición de Julieta Zylberberg.
Su debut en cine fue nada menos que de la mano de Lucrecia Martel, en 2004, con La niña santa. Pero su carrera comenzó en la tira infantil Magazine For Fai, conducida por Mex Urtizberea, cuando todavía era una niña. Trabajó con directores como Ariel Winograd, Juan Taratuto, Ana Katz, Daniel Burman, María Alché y Benjamín Naishtat, entre otros. Ganó el Premio Cóndor de Plata a Mejor Actriz en 2011 por su papel en La mirada invisible, de Diego Lerman, y fue parte de Relatos salvajes, de Damián Szifron, nominada al Oscar.
Recientemente estrenó la serie Yiya, donde hace de Yiya Murano, y participa de 27 noches, de Daniel Hendler. En abril volverá con Prima facie, obra unipersonal que le valió el Premio María Guerrero.
-¿Siempre estás con algo nuevo?
-Me gusta estar activa. Lo último que hice fue organizar, con unos amigos un fogón abierto a la gente. Lo hicimos en un lugar de Chacarita, gratis, sin entrada: quien se enteraba podía ir a comer, tomar y cantar. Salió espectacular. Me divierte organizar cosas por fuera de los proyectos laborales. También voy a empezar a ensayar una obra nueva con Mariana Chaud, que es amiga mía.

-¿Cómo llevás la maternidad con el trabajo?
-Bien, haciendo malabares como todos los padres y madres que trabajamos. Es difícil por momentos, pero bien, muy bien.
-¿Cómo te llevás con la exposición?
-Bastante bien. Creo que me armé un vínculo muy tranquilo con el tema de ser conocida. La gente que se me acerca lo hace de una manera respetuosa, no me siento hostigada ni nada de eso. Cero. Tampoco circulo mucho por fuera de los trabajos y las presentaciones. Mi vida social pasa por otro lado. Somos de estar en casa: tengo hijos, más lo de mi novio. Somos más de hacer cosas tranqui.
-¿Juegos en casa?
-Muchos. Me estoy armando una casa como si fuese un salón de juegos. Con mi novio somos muy jugadores y armamos reuniones para comer asado y jugar al ping pong, al metegol o al truco. Pero hay algo que es lo que más me gusta…
-¿Qué?
-Cantar. Tengo una relación apasionada con el karaoke. En todas mis reuniones se canta. Ya tenemos repertorios bien trabajados.

-¿Qué te gusta cantar?
-Me gusta el bolero, lo melódico, pero un poco de todo. Me animo a todo.
-Empezaste a actuar de muy chica. ¿Siempre fue tu sueño?
-Empecé a estudiar teatro de muy chica y claramente era lo que me encantaba. Desde siempre jugaba a inventar historias: creo que fue inevitable. El primer paso fue clave. Trabajé en Magazine For Fai, pero después hice el colegio, terminé el secundario. Recién más grande fui avanzando en la carrera.
-¿Sentís que tenés facilidad para actuar en algún género por sobre otros?
-No, me siento preparada para todo. Lo hago hace muchos años, me divierte. Me gusta ir a trabajar. Eso es importante en la vida adulta: buscar momentos de entusiasmo. Tengo la suerte de tener un trabajo que también es bastante lúdico. Soy consciente de lo privilegiada que soy. No concibo el trabajo del actor sin disfrute. Si no disfrutás, sale mal.

-¿Cómo recordás Magazine For Fai?
-Fueron muchos años. Lo recuerdo con mucho amor y agradecimiento porque creo que soy actriz porque empecé ahí. El primer contacto con una profesión marca el camino. Muchos de los que estuvimos ahí seguimos actuando, y creo que es porque la pasábamos tan bien que nos armó un buen vínculo con esta tarea. Éramos niños jugando, muertos de risa. Fue fundacional.
-Luego debutaste en cine con Lucrecia Martel. ¿Te ayudó también?
-La verdad que sí. Fue una película maravillosa. Recuerdo mucho ese rodaje y la preparación que tuvimos.
-¿Fue muy ardua?
-Fue divertida. Con María (Alché), con quien protagonizamos, nos metimos en grupos de catequesis para investigar. Como no nos conocía nadie, pudimos hacerlo tranquilas. Ensayamos muchísimo. Éramos jóvenes y podíamos dedicarle todo el tiempo del mundo a preparar eso. Fue hermoso.
-¿Cómo te llevás con el futuro?
-Bien. Los cuarenta y tantos son una edad extraña. A veces pienso “¿qué me gustaría ser cuando sea grande?”, pero me doy cuenta de que ya soy grande. Miro mis 20 años y me parecen otra vida, a la que no quiero volver. No añoro esa juventud. Disfruto la que siento que tengo ahora. Supongo que la extrañaré cuando el cuerpo no me rinda como quiero. Siento que estoy en un muy buen momento.

-¿Sos de cuidarte?
-Hago algo de ejercicio. Me gusta, pero no me mato. Con la comida no me cuido nada, soy un desastre. Me gustan mucho los dulces, cocino muchos dulces y como muchos dulces: es mi condena. Después trato de compensar. Ya los análisis no dan perfectos como antes, pero hay que pilotear este viaje lo mejor que se pueda.
-¿Qué leés?
-Ahora menos que antes, con un hijo chico es difícil. Últimamente me gustó Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño; y Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez. Me atraen más las novelas que los cuentos. Me gusta entrar en una historia y conocer a los personajes. «
