Bajo la superficie de la innovación científica, el Gobierno nacional ensayó esta mañana una maniobra de distracción política de alta complejidad. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, recorrió las instalaciones del ANLIS Malbrán con un objetivo que excedía lo protocolar: ratificar el respaldo absoluto a su «hermano del alma» y jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

El escenario elegido fue la flamante Unidad Operativa Centro de Contención Biológica, el primer laboratorio de Bioseguridad Nivel 4 (BSL-4) de América Latina, una joya de la salud pública que paradójicamente florece en un contexto de asfixia presupuestaria.

Karina Milei respaldó a Adorni en el Malbrán, en medio de las denuncias por enriquecimiento
Foto: Presidencia/NA

La comitiva, que incluyó al ministro de Salud, Mario Lugones, se mostró fascinada ante el laboratorio de máxima seguridad que posiciona a la Argentina como líder regional en la prevención de enfermedades emergentes. Sin embargo, el hermetismo de las probetas no logró ocultar el ruido exterior. La presencia de Adorni en la foto oficial se lee como un «operativo blindaje» frente al avance de la causa por presunto enriquecimiento ilícito que tramita en la justicia federal, tras conocerse la compra de propiedades y sus recurrentes vuelos al exterior.

La contradicción fue la marca de la jornada. Mientras los funcionarios celebraban la alianza estratégica con el Departamento de Estado de los EE UU y el fortalecimiento de la «seguridad sanitaria», el ministro Lugones aterrizó en el Malbrán cargando con el pesado lastre del conflicto por la falta de pago en las prestaciones de PAMI. En el centro de contención de virus más avanzado de la región, el Ejecutivo buscó inocularse contra la crisis de imagen y el descontento social, utilizando el prestigio del sistema científico como escudo para una gestión cercada por las denuncias y la sospecha.

Karina Milei respaldó a Adorni en el Malbrán, en medio de las denuncias por enriquecimiento
Foto: Presidencia/NA

Petitorio de trabajadores

Desde la noche del domingo circulaba que habría un ‘escrache’ ante la visita de Adorni y compañía al Malbrán. El Gobierno se aseguró de evitarlo con un mega operativo que rodeó el edificio, y no hubo acceso a la prensa durante el recorrido. Sin embargo, trabajadoras y trabajadores nucleados en ATE lograron entregar un petitorio a las autoridades, para hacer llegar su reclamo contra el desfinanciamiento y las malas condiciones laborales.

“Fue un tour para lavarse la cara”, describió Flavio Vergara, de ATE. “Había un operativo policial muy intenso, cortaron la calle de atrás del instituto, con vallas, motos, adentro había perros y policías. Un cordón intenso”, describió. De todos modos, se acercaron a las autoridades de la cartera que conduce Lugones para entregar un petitorio contra la pérdida de poder adquisitivo (en torno al 45%), contra el 25% de reducción presupuestaria y contra las pérdida de puestos de trabajo.

“Ya hubo más de 150 perdidas de trabajadores, la mayoría por renuncias. La baja de salarios es una forma de despido –lamentó Vergara- Impacta más en el sector profesional: hoy alguien que empieza arranca en un 1.200.000. Cinco o seis años de carrera para eso. Y un técnico arranca en 900.000. Es insostenible”.

“Mientras tanto se deteriora el aparato de control y de garantía de sanidad de la población”, advirtió en diálogo con Tiempo. Y cuestionó que la inauguración del laboratorio ya se había realizado antes por esta misma gestión, “aunque se hizo con el presupuesto de la gestión anterior. Mientras tenemos dos obras paradas súper importantes”. Lo dijo en referencia al laboratorio que produce anti sueros para diagnóstico de enfermedades diarreicas de niñeces y al que produce un medicamento preparado para el tratamiento de cáncer de vejiga. “Están en edificios vetustos en lugar de edificaciones proyectadas y paradas”, afirmó.

La visita al Malbrán se da poco después del anuncio de cierres y “fusiones” de áreas dependientes del Instituto. Entre ellas, del centro de producción de vinchucas vivas para investigación y control, en Punilla, Córdoba. Los tres trabajadores que alimentaban y mantenían los insectos fueron desplazados, por lo que más de 40 mil vinchucas quedaron a la deriva.