El auditorio estaba en total silencio cuando Javier Milei citó: “hemos evolucionado tanto como sociedad que estamos haciendo pensar y hablar a las piedras”. Aquella frase, aseguró, pertenece a una creación intelectual de Santiago Caputo. Al instante, estallaron los aplausos. Diputados, senadores, secretarios y ministros se arrebataron las palmas, casi como un gesto de desahogo. La única persona en el recinto sin aplaudir fue captada por las cámaras. Karina Milei, ama y señora del control político del gobierno, miró estoica a su hermano mientras a sus espaldas y costados los presentes congraciaban a quien, ya no oculta, es su peor enemigo.

El miércoles el asesor, quien sigue habitando el Salón Martín Fierro de la Casa Rosada, llegó temprano al evento homenaje a Adam Smith. Con no más que su celular en mano, el cuarentón dejó su despacho cerca de las 18, más de una hora y media antes de la disertación del presidente, para ultimar los detalles de la organización.

Las redes comenzaron a llenarse de videos “robados” en los que se lo podía ver respondiendo con amabilidad los saludos efusivos de quienes se le acercaban a palmearle la golpeada espalda. Más de una hora después, la comitiva automovilística, que incluía al presidente, Karina Milei y Manuel Adorni, salió de Balcarce 50 al ex Centro Cultural Kirchner. Ningún celular captó el momento en que los ex miembros del extinto Triángulo de Hierro se cruzaron. Ambos se sentaron en la primera fila del salón, separados por un mar de funcionarios que hacían las buenas de barrera para evitar un contacto que ninguno de los dos quiere tener, mucho menos en público.

En el ecosistema libertario, las menciones presidenciales son leídas como gestos y, en algunos casos específicos, también como demostraciones de cariño. Después de haberlo mencionado, y mientras el presidente buscaba con los ojos a su asesor en el público, las cámaras oficiales a cargo de la transmisión del evento -fierros que suelen estar bajo las órdenes del karinismo-, mostraron en plano a un incómodo Caputo que instantáneamente se ocultó el resto con la mano para evitar dar muestra de su expresión. La hermanísima no tuvo el mismo tacto.

El post evento, como de costumbre, dio cientos de tela para cortar. Después de sobrevivir a la embestida pública en el Ministerio de Justicia, que desde las sombras manejaba su amigo y ex viceministro, Sebastián Amerio, el ala caputista del oficialismo apostó por el silencio. El movimiento se replicó, por orden u obediencia debida, en el terreno digital, donde las cuentas militantes que tienen al asesor como referente político -pese a que su jefatura territorial es inexistente- mantuvieron a rajatabla el silenzio stampa. Hasta ayer.

La reaparición pública del monje negro libertario reactivó el aparato tuitero que venía de poner la cara en los embates que el karinismo lanzó en las últimas semanas. El miércoles por la noche, las versiones sobre la salida de Adorni de la jefatura de gabinete volvieron a cotizar en bolsa. La ampliación de la denuncia de la diputada, Marcela Pagano, en la que advierte sobre una supuesta casa sin declarar que pertenecería al ministro coordinador, le echó más leña al fuego.

Karina vs. Caputo: con gestos mínimos, Milei hace equilibrio en la interna sin cuartel entre su hermana y su asesor
Karina Milei no aplaudió cuando su hermano nombró a Santiago Caputo en su discurso.

Fue a partir de este momento cuando la guardia pretoriana, sintetizada en el piberío que compone Las Fuerzas del Cielo, se puso al hombro la defensa digital del ex vocero. La participación en la calle online de los treintañeros caputistas trae consigo todo tipo de reacciones dentro y fuera del gobierno. Su silencio o su exaltación son material de análisis para comprender el momento que atraviesa el gobierno y, por sobre todo, dónde se para cada tribu. Esta vez, no fue la excepción.

El operativo contención, que inició la semana pasada con una ola de posteos de todo el gabinete en favor del jefe de gabinete, fue coordinado por los equipos de comunicación que integran la oficina de Santiago Caputo. Después de una semana de traspiés, que tuvo como pico el deslome de Adorni en vivo, el Salón Martín Fierro activó el protocolo de crisis y cerró filas para contener la escalada. Pese a los esfuerzos, funcionarios de distintas tribus del oficialismo reconocen que el plan debería haber iniciado antes. ¿La culpable común? La interna.

El estallido del escándalo por la filtración del video en el que se ve a Manuel Adorni abordando un coqueto jet privado con destino a Punta del Este abrió en el gobierno una cacería de brujas predestinada a terminar con el asesor presidencial en la hoguera. Su jefatura política en la Secretaría de Inteligencia, sus vínculos con poderosos miembros del Círculo rojo y su inhabitable convivencia con el karisnimo, con Martín y Eduardo “Lule” Menem como protagonistas, eran motivos suficientes para condenarlo al fuego. Caputo fue de los primeros en ponerse a disposición del jefe de gabinete y, por privado, le aclaró que él no había tenido ninguna participación en el caso que sacudió a absolutamente todo el oficialismo. Adorni le creyó, pero, al parecer, no fue suficiente.

El gesto inmutable de la hermanísima en la noche del miércoles dejó expuesto el rechazo, ya a este punto personal, que mantiene con el protegido de su hermano mayor. Desde su círculo íntimo, incluso, dejaron trascender por distintos portavoces que la secretaria general recibió la filtración del video como un atentado personal y declaración de guerra imparable. 

Aunque lo nieguen en público, en privado sus laderos están convencidos que el mismo fue por obra y gracia del asesor. Y hay quienes dicen que ella también lo cree. Caputo, cuentan, hizo saber a todos los escalafones que su participación en el entramado de la filtración era nulo y hasta prometió ayudar a reconstruir el camino hasta llegar al autor material e intelectual. Pero los viejos son sabios. Hazte la fama y échate a dormir.

Nadie dentro del oficialismo se atreve a esbozar una hipótesis sobre el futuro de la interna. La decisión manifiesta de Milei de no entrometerse en la guerra que su roto tridente de confianza mantiene desde hace meses es la principal razón para impedirlo. Quienes conocen de cerca al primer mandatario advierten que este es un “Javier auténtico”. “Él va a dejar que todos sigan haciendo su juego y sólo cuando se de cuenta que están al límite, va a interceder. Antes, imposible”, sintetizó una fuente con acceso al cerebro presidencial.