Durante más de dos décadas, Kill Bill fue una película partida. Lo que Quentin Tarantino imaginó como una única epopeya de venganza terminó llegando a las salas en dos entregas –Kill Bill: Vol. 1 y Kill Bill: Vol. 2– por una decisión ligada a su duración y a criterios de distribución comercial. Ahora, esa historia vuelve a exhibirse en su forma original: un relato continuo de cuatro horas y media que se estrena en cines argentinos el 26 de febrero bajo el título Kill Bill: The Whole Bloody Affair.
La nueva versión -que tendrá funciones limitadas- propone una experiencia diferente a la que el público conoció a comienzos de siglo. No se trata de un simple “Volumen 1 + Volumen 2” proyectados consecutivamente, sino de un montaje unificado que reorganiza el flujo narrativo y recupera escenas que habían quedado fuera o alteradas en los estrenos originales. El metraje total asciende a 275 minutos, con un intervalo de 15, en un guiño a las grandes superproducciones de otra época.
Kill Bill: qué cambia respecto de las versiones originales
La diferencia más visible es la duración. Mientras que la primera parte se extendía por 110 minutos y la segunda por 136, esta edición integra ambas en un solo arco dramático sin recapitulaciones ni interrupciones entre una y otra. El pasaje del enfrentamiento en Tokio al tramo final de la historia ocurre ahora sin los resúmenes que antes marcaban el comienzo del segundo volumen, lo que modifica la percepción del ritmo y la progresión emocional.
Uno de los cambios más comentados es la restauración en color de la secuencia de la Casa de las Hojas Azules, donde La Novia enfrenta al ejército de los Crazy 88. En el estreno estadounidense de 2003, esa escena había sido parcialmente desaturada y presentada en blanco y negro para evitar una calificación más restrictiva. En esta versión integral, la violencia coreografiada recupera su intensidad cromática original.

A eso se suma una secuencia inédita de animé de aproximadamente siete minutos y medio que profundiza el pasado de O-Ren Ishii. El segmento muestra a la futura integrante del Escuadrón de Víboras Letales con apenas 13 años, en una escena que amplía su historia y refuerza la dimensión trágica del personaje.
La unificación también elimina redundancias estructurales. En lugar de la división tajante entre dos películas, el relato se despliega como una sola travesía de venganza que acumula tensión hasta el duelo final con Bill, sin los cortes que en su momento respondieron a la lógica de estreno en dos partes.
La épica de La Novia
Protagonizada por Uma Thurman, la historia sigue a Beatrix Kiddo -La Novia- en su cruzada contra los miembros del escuadrón que la traicionaron y la dieron por muerta el día de su boda. El líder del grupo, Bill, interpretado por David Carradine, es a la vez mentor, amante y antagonista final. El elenco incluye también a Lucy Liu, Vivica A. Fox, Daryl Hannah y Michael Madsen, quienes encarnan a los distintos integrantes del grupo al que La Novia persigue uno a uno.

Desde su irrupción en 2003, Kill Bill se convirtió en un fenómeno cultural que combinó el spaghetti western, el cine de samuráis, las artes marciales hongkonesas, el pulp estadounidense y el animé japonés. Esa mezcla de géneros, junto con la estructura capitular y el uso fragmentado del tiempo, consolidó a Tarantino como uno de los autores más influyentes del cine contemporáneo.
En su momento, la película marcó un quiebre dentro del mainstream hollywoodense. La figura de La Novia -madre, víctima y guerrera al mismo tiempo- introdujo una protagonista femenina que dominaba la acción sin quedar reducida a un rol secundario. La violencia estilizada, casi coreográfica, se convirtió en una de sus marcas más reconocibles.
Con el paso de los años, el film fue adquiriendo status de clásico moderno. Las dos entregas recaudaron más de 330 millones de dólares en todo el mundo y dejaron escenas icónicas que trascendieron la pantalla. Sin embargo, la versión completa que ahora llega a salas comerciales circuló durante años apenas en funciones especiales y proyecciones puntuales.

El estreno local se produce, además, en un contexto dominado por el consumo en plataformas digitales. La posibilidad de ver este montaje extendido en pantalla grande recupera la dimensión colectiva del cine y revaloriza el formato pensado por el director: copias en 35 mm o 70 mm y exhibición en sala.
Más allá del interés cinéfilo, la llegada de The Whole Bloody Affair reabre una discusión sobre la integridad autoral y las decisiones de mercado que moldean el resultado final de una obra. En este caso, el público argentino podrá comprobar cómo se transforma la experiencia cuando la venganza de La Novia se despliega sin divisiones, tal como fue concebida desde el inicio.
A más de veinte años de su estreno original, Kill Bill vuelve así a escena en su versión más ambiciosa: cuatro horas y media de furia, sangre y géneros entrelazados que consolidaron a Tarantino como un narrador capaz de convertir el collage cinematográfico en una marca personal.