“Mañana tiroteo, no vengan”. “Viernes 16, los vamos a matar. Tiroteo. Cecap, en serio”. “Mañana tiroteo, el que arriesga que venga”. Estos fueron algunos de los mensajes que aparecieron en las paredes de más de 20 colegios en distintos puntos de la Argentina. La principal hipótesis de los investigadores es que se trata de un supuesto desafío iniciado en las redes sociales, ese universo que por momentos parece reemplazar por completo al mundo en que las personas son de carne y hueso.
En la película francesa Black Heaven (L’Autre monde), filmada en 2010, la protagonista se llama Sam y está interpretada por Louise Bourgoin. Sam pasa la mayor parte del día jugando en una realidad virtual en la que ella es una mujer bella y a su vez asesina. En ese mundo imaginario existe un valle celestial al que va el avatar si muere en el juego. Sam termina suicidándose en el mundo real porque quiere quedarse para siempre en ese valle que aparece en juego virtual.
Parte del mensaje de la película es que lo que empieza en el universo virtual de las redes puede ir transformándose en una experiencia vívida que borre las fronteras entre ese universo electrónico y el real. Por eso es que lo ocurrido en las escuelas debe prender las alarmas.
Es un recurso fácil tomar un hecho que genera conmoción y asociarlo de manera lineal con las políticas de un gobierno. Puede funcionar para asestar un ataque político a quien está en la Casa Rosada, pero no siempre sirve para describir con precisión el fenómeno. Sin embargo, en este caso, hay demasiadas coincidencias.
Esta oleada de amenazas tiene sintonía con el clima de época. Y el presidente Javier Milei es, al mismo tiempo, producto y generador de ese clima. El 21 de enero de 2025, en una de esas jornadas en las que el jefe del Estado se dedica a full a lo que más lo apasiona, las redes, Milei hizo el siguiente posteo: «Zurdos hijos de puta, tiemblen. No sólo no les tenemos miedo. Sino que los vamos a ir a buscar hasta el último rincón del planeta».
Al igual que Sam en la película Black Heaven, Milei juega en las redes a la violencia extrema. Fogonea un clima de época en el que prima estimular el odio y la eliminación total del adversario, en el que el placer pareciera basarse en el sadismo de disfrutar del sufrimiento ajeno, pegándole a los jubilados, sacándole recursos a los discapacitados, celebrando la destrucción del Estado, el único instrumento que puede garantizar un piso de dignidad para la mayoría de la sociedad. Rompamos todo. Kill ‘Em All, como el primer disco de Metallica.
En este clima en el que el presidente argentino es protagonista, la oleada de amenazas de tiroteos no desentona. Al contrario, encaja perfectamente. Es otra pincelada en el cuadro de este momento decadente de la Argentina.
Por suerte están los pibes. La reacción de varios de los centros de estudiantes fue el destello de luz en esta oscuridad. Hubo asambleas, marchas, entrevistas en las que los adolescentes dejaron en ridículo a periodistas estrellas del establishment. Es la pulsión de vida que todavía anida en la sociedad argentina.
Hace poco más de diez años, el clima de época era muy distinto. La solidaridad, entendida como la preocupación por lo que le ocurre a otro ser humano, llevaba varios años instalada como un valor de la convivencia. No quiere decir que la sociedad desbordara solidaridad, sino que estaba puesto como el objetivo de lo que se debía ser. El mileísmo se vendió como una liberación de esa “obligación” de tener que tomar en cuenta a los demás, de que sea importante garantizar una serie de derechos básicos para todos.
Alguien puede pensar que Milei le dio rienda suelta a los bajos instintos, que por algún motivo siempre se cree que están asociados al egoísmo. Esa idea de que los bajos instintos son la codicia, el egoísmo, el narcisismo exacerbado, el deseo de aplastar a los demás, es una construcción cultural que intenta vender una sola naturaleza humana. La reacción de los pibes luego de las amenazas demuestra que todo sigue en disputa.