Hwang Geun-bae es el nuevo empleado de la tienda 24 horas Always, en el barrio de Cheongpa-dong, en Seúl, Corea del Sur. Arrecia la pandemia y la encargada, Seon-suk, tiene que lidiar con los conflictos de su hijo. La dueña, la señora Yeom, padece los primeros síntomas de la demencia y su hijo, Min-sik, es agresivo y no para de beber cerveza. ¿Querrá hacerse cargo de la tienda? ¿Qué buenos gestos del corpulento Gen-bae transformarán a todos en la novela Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong, de Kim Ho-yeon?

Este best seller afianzó a su autor como a un referente de la “healing fiction” (la ficción sanadora): los personajes viven sus problemas con resiliencia, emoción y capacidad de darse a los demás. Tras el éxito de La asombrosa tienda de la señora Yeom -su novela anterior-, Kim Ho-yeon, nacido en 1974, escribió esta segunda parte para explayarse sobre los avatares de esta tienda 24 horas que guarda sabores y secretos en Seúl: todos contarán sus historias y superarán sus dolores en pandemia. Y Kim Ho-yeon vino a la 50º Internacional del Libro para presentar, en la Sala Gorostiza, Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong.
El evento fue el 24 de abril; el domingo 26 volvió a la Feria para encontrarse con sus lectores y brindó esta entrevista, con traductora, sobre la novela. ¿Por qué “ficción sanadora? Kim Ho-yeon sonríe, capta el ritmo creciente de la Feria del Libro y contesta: “Yo no decidí escribir la novela desde un principio como healing fiction -dice-. Fueron los lectores, a través de sus experiencias, quienes decidieron tratarla como healing fiction. Y al igual que a la primera novela, a Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong la escribí en medio de la pandemia y por eso aparece en el texto. Como todos sabemos, fue un momento muy duro”.
Y piensa: “Yo sentí la necesidad de que la novela transcurriera durante ese período para que fuera una sanación para quienes leen. Y aunque ya se terminó la pandemia, seguimos sufriendo a través de las guerras, las violencias, las discriminaciones y las divisiones. Por esa misma razón, mi texto no sólo habla de la pandemia, sino del sufrimiento en general”. Kim Ho-yeon lo sabe: “Esta novela, si bien no tiene un final feliz, muestra la importancia de lo pequeño. Pequeños cambios y pequeñas ayudas en nuestra vida nos dan pequeñas felicidades. Al fin y al cabo, eso es lo que nos hace vivir cada día y cada momento
Kim Ho-yeon y el choque de generaciones
Las 285 páginas de Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong se leen con velocidad: cada personaje lucha para atravesar sus limitaciones y vincularse mejor con los demás. Y la tienda 24 horas los reúne en su cotidianeidad sin esconder los conflictos entre generaciones: “Yo pienso que es inevitable tener esos choques, porque tenemos mucho más tiempo juntos que antes: entre padres e hijos, por ejemplo -dice Kim Ho-yeon-. En la pandemia, ese conflicto entre generaciones se vio todavía más porque estábamos encerrados. Pero ese choque existió desde la época antigua, así que no es algo fácil de superar”.

La Feria del Libro se sigue llenando de gente y Kim Ho-yeon prosigue: “El choque entre generaciones es un problema que tenemos que soportar y tratar de que sea menos conflictivo para las generaciones que vengan”. ¿Qué fue lo más revelador de haber escrito Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong? “Que un hombre sin trabajo pudiera conseguir uno fue lo más revelador. Y la razón por la cual este libro recibió mucho respeto de los lectores es porque establece que los seres humanos pueden recibir ese tipo de bienes. No es una fantasía. Y eso es lo que vuelve tan viva a la humanidad”, dice el autor coreano.
Algo que la novela también refleja con vigor es la relación de la sociedad coreana con la alta productividad. ¿Cómo lo ve Kim Ho-yeon? “En la novela vemos la cultura de los coreanos -siente él-. Lo que se muestra más es que en la sociedad coreana hay una cultura de colaboración y siempre hay que trabajar. Hay un objetivo y siempre hay que lograrlo. En Corea hay algo que se llama la cultura de la rapidez: esta es una de las ventajas de los coreanos. Por eso la novela transcurre en una tienda 24 horas. Tal vez puede ser muy cómoda para el que va a comprar, pero es incómodo para el que tiene que estar ahí”.
Entonces contrasta: “Antes de la pandemia, los coreanos habían logrado calmar un poco esa impaciencia, pero después de la pandemia volvió esa cultura de todo lo acelerado”. Otro rasgo de Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong es la importancia que se le da a la comida y a las bebidas, como certifica Kim Ho-yeon: “La comida es un buen recurso para ponerle una característica o una personalidad a un personaje. Y como en esta tienda 24 horas hay muchos tipos de comida, me pareció una muy buena herramienta para mostrar un poco como es cada uno de ellos. Si un personaje no sabe comer se siente menos humano”.

Así, “cuando alguien come, se lo lee como más real. Eso hace que nosotros nos sintamos más tocados, más identificados, y que vivamos un poco más la lectura”, dice Kim Ho-yeon. Y un catalizador para ello, y para las transformaciones de los demás, es el nuevo empleado Hwang Geun-bae. ¿Cómo lo compuso? “Él es más de participar, de ayudar y de hablar, y con un poco de humor. Pero si vemos una tienda 24 horas, los empleados no son siempre los mismos. Cambian sucesivamente de un día al otro y también me pareció importante mostrar esa realidad, pero haciendo foco en el turno noche, que es el de Geun-bae”.
Otro foco esencial de Las maravillas de la tienda de Cheong-pa Dong está en los personajes de mujeres: las jóvenes y las adultas mayores. ¿Cuál es la dificultad de construir personajes femeninos verosímiles? “Entender la mente y el carácter de las mujeres debe ser algo natural para un escritor -concibe Kim Ho-yeon-. Mi mamá es mujer; está mi esposa; tengo compañeras del trabajo y amigas, y, como soy narrador, reflejar a las mujeres con credibilidad debe ser un valor muy importante. Tenemos que tratar de comprender el corazón de las mujeres. Como hombre, hacerlo puede ser difícil, pero lo tengo que intentar”.

En la novela, “los personajes femeninos surgen de la convivencia que yo tuve con las mujeres. Y un secreto: yo no escribo solo. La editora me ayuda y me dice, por ejemplo: ‘Creo que así no hablan las mujeres’. O mi esposa me señala: “Esa no sé si es una actitud muy común de las mujeres’. Entonces ellas leen conmigo y me corrigen todas esas acciones que quizá, siendo un hombre, no conocería. Y pienso que por esa razón pude dotar de mayor complejidad a un personaje femenino”. Habrá que llegar al final del texto para escucharlas: todas habrán mostrado su humanidad en la entrañable tienda 24 horas de Cheongpa-dong.