Mientras el relato oficial le exige un sacrificio de dimensiones bíblicas a la sociedad argentina bajo la promesa de un orden fiscal implacable, los fondos públicos se escurren por la pista de despegue. Un pedido de acceso a la información pública reveló que el Gobierno nacional ya gastó más de un millón de dólares en las giras internacionales del presidente Javier Milei en lo que va de 2026. Los datos oficiales exponen una contradicción flagrante con el discurso de la austeridad estatal: la comitiva presidencial no escatima en gastos a la hora de financiar un derrotero que combina alineamiento geopolítico ultra conservador con agendas de fuerte tinte personal.
El desglose de los números oficiales, difundido por el diario Página/12, es categórico: los ocho viajes realizados por el mandatario entre enero y abril de este año demandaron una erogación de casi 970 mil dólares destinados exclusivamente al combustible del avión presidencial. A este impactante gasto en nafta se le suman otros 130 mil dólares en concepto de hospedaje para Milei y su círculo de hierro, integrado por su hermana Karina, el canciller Pablo Quirno, el ministro Luis Caputo y el titular de Desregulación, Federico Sturzenegger, según el informe que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, debió presentar ante el Congreso. Como si fuera poco, la cifra total queda corta, ya que no contempla los costos de las delegaciones completas ni el noveno viaje realizado a comienzos de mayo a Los Ángeles.
El itinerario presidencial de 2026 expone que la prioridad del jefe de Estado está lejos de los problemas de la calle argentina. El derrotero incluyó escalas en Asunción, el Foro de Davos, cumbres conservadoras impulsadas por Donald Trump en Washington, y foros de inversión en Miami y Nueva York. Fue justamente en ese viaje a Estados Unidos donde estalló el escándalo local: la inclusión en la comitiva oficial de la esposa del propio Adorni desató fuertes polémicas y derivó en investigaciones judiciales por posible enriquecimiento ilícito del vocero. La agenda continuó con visitas a Santiago de Chile para la asunción de José Antonio Kast, España, Hungría —para reunirse con Viktor Orbán— y una tercera visita a Israel para entrevistarse con Benjamín Netanyahu, antes de su última excursión a Los Ángeles.
Esta sangría de divisas no hace más que profundizar la crítica a un mandatario que declama que «no hay plata» para las universidades, los jubilados o los comedores populares, pero dispone de una billetera abierta para su vidriera personal. Mientras el consumo interno se pulveriza por el encarecimiento de los servicios y la caída del salario real, el presidente ya prepara las valijas para un décimo viaje a comienzos de julio con destino a Estados Unidos.