Es un tema que se instaló en la agenda y que preocupa a toda la comunidad educativa: familias, docentes directivos y estudiantes. Tras el tiroteo en la escuela de la localidad de San Cristóbal, en la provincia de Santa Fe, donde un estudiante asesinó a un compañero, comenzaron a reproducirse mensajes intimidatorios en distintas escuelas porteñas y de otras jurisdicciones del país.

A raíz de este fenómeno, en principio motivado desde las redes sociales, la legisladora porteña de Fuerza por Buenos Aires (FxBA) Maru Bielli, que preside la comisión de Educación de la Legislatura, abrió un espacio de trabajo con estudiantes secundarios, docentes, familias y especialistas para tratar este tema. El encuentro giró en torno a la presencia del Estado, el rol de las redes sociales en las nuevas generaciones y el abordaje de la salud mental de las y los estudiantes.
“Es necesario que la Legislatura y todas las fuerzas políticas escuchen a la comunidad y le pongan palabra a un fenómeno que es un síntoma de muchos problemas. Hay que pensar en dos tiempos. Primero, acciones frente a lo urgente. Segundo, reflexionar de forma compleja qué implica esto que sucedió en las escuelas luego de lo acontecido en Santa Fe, cuál es el vínculo de las nuevas generaciones con la tecnología, qué pasa con el abordaje de la salud mental”, señaló Maru Bielli en el inicio del encuentro.
Cuáles son las herramientas con las que cuentan las instituciones escolares y las que hay que fortalecer o incorporar; los desafíos que plantean los contenidos violentos en redes sociales en términos de prevención, abordaje y regulación; y las medidas necesarias para dar respuesta al malestar de niñas, niños y adolescentes; fueron los tres ejes en los que giró la reunión de trabajo.
“Estos casos son sintomáticos de que los hemos dejado solos a los chicos. Las familias no tienen tiempo para el encuentro intergeneracional por la gran crisis que vivimos y la ruptura del tejido social”, lamentó el Padre “Toto” de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé de la Villa 21-24 de Barracas.

Este fue uno de los consensos del encuentro: la falta de espacios de escucha a los y las adolescentes. “Poco se preguntan qué necesitamos los adolescentes. Es momento de que los jóvenes nos organicemos por nuestro futuro y ser protagonistas de los asuntos que nos involucran”, dijo un estudiante del Colegio Nacional Buenos Aires.
“El Estado no puede banalizar lo que pasó. La respuesta no puede ser que fue un reto viral de TikTok”, afirmó una estudiante del Lenguas Vivas.
El rol del Estado y su responsabilidad fue uno de los temas centrales de la reunión. Coincidieron que éste debe poner en el centro de sus políticas públicas la salud mental y el bienestar de las infancias y adolescencias, que debe dotar de más recursos a las escuelas y de robustecer las articulaciones con otros actores, así como generar nuevos marcos de acompañamiento frente a escenarios de creciente violencia social.
“No podemos construir proyectos de ley en base al problema del año: apuestas online, deepfakes, amenazas. Hay que pensar dispositivos y políticas transversales que pongan en el centro a las palabras de los pibes”, expresó Pilar Molina, coordinadora de equipos interdisciplinarios en el Ministerio Público Tutelar de CABA.
“Este no es un fenómeno de la escuela, se da en la escuela. Las escuelas hoy están bastante solas y sin embargo todavía son un gran espacio de encuentro”, aseguró Roxana Perazza, directora General del Derecho al Desarrollo Humano de la Defensoría del Pueblo de la CABA. Al mismo tiempo, exhortó a los adultos a hacerse cargo de las dificultades a la hora de mirar y alojar a las infancias y adolescencias.
En ese sentido Juan Pablo Sabino, rector del Normal 4 sostuvo: “No necesitamos adultos disponibles, sino responsables”.
Por su parte, Jordana Secondi, directora de la Escuela de Educación Media nº 6 del Distrito Escolar 5, advirtió sobre los riesgos de criminalizar a los jóvenes. “Tengo temor de que alimentemos la idea de que las escuelas son espacios hostiles para estar cuando en realidad son lugares amables, de cuidado y respeto”. Viviana Alonso, rectora de la Escuela Normal Superior N° 5, añadió que la escuela es un lugar que se tiene que sostener sobre la base de una trama de confianza.
Impacto de las redes sociales
En el encuentro se propuso tratar con urgencia el impacto de las redes sociales en la vida de las juventudes, diseñadas para que los usuarios pasen la mayor cantidad de tiempo allí dentro. Se señaló la necesidad de avanzar en su regulación para promover el cuidado de las nuevas generaciones.
“El medio en el que estos retos y amenazas circulan no es neutral, tiene un diseño, una arquitectura que estimula el uso compulsivo. La responsabilidad debe incluir a las plataformas y el reconocimiento de que no son inmunes frente al contenido que suben sus usuarios, sobre todo si es contenido ilegal”, explicó Martín Becerra, investigador CONICET y docente en la UBA y UNQ.
Santiago Stura, coordinador de comunicación institucional de la organización Faro digital, explicó que las plataformas no inventan la infancia y la adolescencia, pero son el territorio donde se tramitan desafíos históricos propios de esa edad vinculados a la pertenencia, los vínculos y la identidad: “Encontramos una distancia intergeneracional muy grande con el mundo adulto que atraviesa una crisis de autoridad cognitiva. Hay que restituir la autoridad cronológica y establecer a qué edad cada pantalla, plataforma y contenido”.
“Lo que estamos viviendo es la enorme insatisfacción que tiene gran parte de nuestro pueblo con lo que el Estado debería resolver, en este caso, en relación a la escuela, el lugar donde los niños, niñas y adolescentes aprenden a convivir de forma democrática. Todo lo contrario a las redes sociales. Nos llevamos dos compromisos: atender la salud mental y avanzar en una discusión regulatoria de las plataformas que tienen domicilio en la Ciudad de Buenos Aires. Necesitamos estar a la altura de lo que demandan los pibes y las pibas a las que el mundo adulto les falló. La política debe dar respuestas”, concluyó Bielli.