La noticia llegó para entusiasmar a coleccionistas y amantes del rock nacional: se reedita en vinilo La dicha en movimiento, el álbum debut de Los Twist, una placa que marcó el inicio de una era y sigue resonando como un símbolo de frescura, humor y renovación sonora del rock argentino. Este relanzamiento no es una simple reedición más: es la oportunidad de reencontrarse con un espíritu que, a más de 40 años de su aparición, conserva intacta su capacidad de contagiar alegría y desparpajo.
Cuando el 17 de octubre de 1983 La dicha en movimiento apareció por primera vez, Argentina se encontraba asomando a la democracia tras años de represión y silencios impuestos. Y en ese contexto, la propuesta sonora y estética de Los Twist fue como una bocanada de aire fresco. Lejos de la solemnidad o el dramatismo que podía cargar la música en otros tiempos, Los Twist apostaron al humor, la ironía y la fiesta como formas de contracultura: un rock que, con guiños y carcajadas, celebraba la vida.

La banda, formada en Buenos Aires en 1982 por Pipo Cipolatti (guitarra y voz) y Daniel Melingo (guitarra, clarinete y voz), completó su formación con Fabiana Cantilo (voz), Gonzalo Palacios (saxo y coros), Polo Corbella (batería) y Eduardo Cano (bajo) para este primer disco. El encuentro de personalidades tan diversas no fue casual: Cipolatti y Melingo venían con un bagaje de humor y gusto por lo inesperado, mientras que Cantilo aportaba una presencia vocal inconmensurable.
Los Twist y García, en tres días
Grabado en tres días intensos bajo la producción de Charly García, el álbum se convirtió en un fenómeno inmediato que vendió más de 120.000 copias en apenas unos meses. La idea era simple: capturar la energía en vivo del grupo, con bases tocadas como si estuvieran frente a un público, y permitir que esa espontaneidad conviviera con arreglos inteligentes y ritmos que mezclaban twist, ska, reggae y rockabilly.
Esa mezcla musical —y ese sentido del humor— se siente en cada tema. Desde el alocado “Jugando hulla-hulla” hasta la socarrona “S.O.S. sos una rica banana”, pasando por clásicos como “Cleopatra, la reina del twist” o “Pensé que se trataba de cieguitos”, el disco dislocaba expectativas musicales y líricas. No era solo música bailable: era una forma de reírse de uno mismo, de la cultura popular y hasta de la propia escena rockera.
Ese enfoque, a medio camino entre la ironía y la celebración, se transformó en bandera de una nueva generación que recién podía expresarse sin miedos. En un país que salía de siete años de dictadura, Los Twist no hablaban directamente de política, pero sí de un ethos social: la necesidad de volver a gozar, a reír, a moverse. Y lo hacían con letras que podían ser absurdas y profundas a la vez, revelando que el humor no estaba reñido con el comentario sociocultural.

La influencia de La dicha en movimiento no se limitó a su propia época. Ese disco se volvió un punto de referencia para bandas posteriores que entendieron que el rock podía ser festejo y reflexión sin caer en la solemnidad. Su lugar en la historia del rock argentino quedó sellado también con el tiempo: en listas retrospectivas, críticos lo ubicaron entre los mejores álbumes nacionales, destacando que su impacto no se mide solo en ventas, sino en cómo expandió las posibilidades expresivas dentro del género.
La reedición en vinilo es, en ese sentido, más que nostalgia: es la recuperación de una pieza que sigue teniendo algo que decir. Volver a escucharla en un formato analógico, con todo su color y su desenfado, invita a repensar no solo la música de Los Twist, sino también el lugar que la risa, la ironía y el baile tienen en la historia de nuestra música popular. Y mientras el surco gira, la dicha —efectivamente— sigue en movimiento.