La irrupción de La Ferni en la música de raíz fue, desde el inicio, una toma de posición. No solo se volvió conocida por el episodio del Pre Cosquín, cuando el reglamento le impidió competir como solista vocal femenina por ser una cantante trans no binaria, hasta que la intervención del entonces INADI logró transformar la categoría en una única de solista vocal, sin distinción de género. También revolucionó el folklore porque resignifica clásicos desde una mirada inclusiva y porque eligió interpretar nuevas voces que hoy ensanchan el repertorio popular.

Mucho cambió en su vida y en su proyecto artístico desde entonces. Se expandió como intérprete, se convirtió en referencia para jóvenes que todavía encuentran obstáculos para adquirir visibilidad y se consolidó como una figura activa frente a las injusticias. Esa coherencia atraviesa también su primer disco solista, Mirarse en otros ojos, un trabajo que condensa sus búsquedas poéticas, políticas y humanas, y que corona un año en el que giró por primera vez por España, siguió representando Ópera Queer junto a su hermana Luchi y estrenó Las aventuras de la China Iron en teatro junto a Flor Bobadilla Oliva.

La Ferni y el folklore como espacio de ternura, conflicto y construcción colectiva

La Ferni cuenta que el álbum llega en un momento en el que puede “mostrar distintos colores” dentro de un mismo universo sonoro. El disco reúne ocho canciones que recorren formatos y climas diversos: grabó en dúo con Nahuel Quipildor, en banda junto a Marcela Vicente y Nico Rey —productor y compañero creativo— y con invitados especiales. Uno de los momentos más emotivos del proceso fue registrar, en vivo y con una microfonía minuciosa, el histórico piano de Sebastián Piana, hoy en manos de Noelia Sinkunas. En paralelo, el disco marca otro hito: por primera vez se muestra como cantautora. Incluye dos composiciones propias: “El toque del pibe”, escrita sobre un poema de Ioshua, y “Nani”, creada a partir de un texto de Susy Shock para su hija. Ambas fueron registradas solo con guitarra y voz, un gesto que la desnuda y la afirma.

La Ferni glosa ese mundo que la conmovió y que quiso llevar al disco. Sobre “El toque del pibe” dice que es un retrato poético y crudo, atravesado por sexualidades disidentes, vida en los márgenes y escenas que la sociedad prefiere no mirar: “las travestis, los villeros, la yuta que mata a los pibes, los cartoneros”. De “Nani”, en cambio, le interesa la ternura, la posibilidad de cantar una canción de cuna desde una tradición folklórica clásica. Ese equilibrio entre luz y filo recorre todo el trabajo.

La Ferni y el folklore como espacio de ternura, conflicto y construcción colectiva

La elección del repertorio también traza un mapa afectivo y político. Además de sus propias canciones, incluyó “Volver a volver”, de Gabo Ferro; “El otro país”, de Teresa Parodi; la cueca “Sin palabritas”, de Eladia Blázquez; “Puentes como liebres”, de Mocchi; una zamba inédita de Nahuel Quipildor; otra de María Laura Alemán, compositora travesti, y una canción de cuna anónima.

“Canto humanidades que fueron muy importantes en mi vida —explica—. Y no canto nada que no tenga un fundamento personal y colectivo”. El disco, dice, recorre una suerte de crecimiento: del nacimiento y la crianza al empoderamiento y luego a lo comunitario. De ahí que el título —Mirarse en otros ojos— funcione como una declaración estética y política. Ese gesto de mirarse en otros es también su forma de militancia.

Sobre el clima social actual, La Ferni admite que tuvo que aprender a resguardarse. A comienzos de 2025 configuró sus redes para evitar el odio incesante que recibía: “Yo tengo el umbral del dolor alto, pero me di cuenta de que tenía que preservarme. Me sostengo en mi vínculo, en mi red, en la música. En aquello que me da salud”. Para ella, la resistencia hoy pasa por elegir bien con quiénes compartir y por mantener viva la capacidad de mirar al otro: “Quienes gobiernan no quieren ver lo que está pasando. Entonces queda en nosotros la responsabilidad de no hacer la vista gorda. Conectarnos de verdad, no por el celular, sino en las miradas”.

La presentación oficial del disco en Buenos Aires, el pasado 6 de diciembre, fue una celebración extensa. Hubo una primera parte dedicada a las ocho canciones y luego una peña larga, con baile, canto colectivo y temas de su repertorio más amplio. Este año lo llevará por buena parte del país. “La gente hace rato me lo pedía. Este disco era muy esperado”, reconoce.

La Ferni y el folklore como espacio de ternura, conflicto y construcción colectiva

El verano la encontrará viajando con la guitarra. Tiene fechas en Mar del Plata y Mar de las Pampas y seguirá ofreciendo talleres de canto comunitario, una experiencia que recuperó este año y que le devolvió la alegría de enseñar en grupos numerosos: “Es hermoso cantar con otres”. Esa modalidad también formará parte de su segunda tournée por España, donde planea sumar encuentros de vidalas, canto con caja, repertorio norteño y canciones colectivas del Litoral y el Río de la Plata.

Del 22 de enero al 2 de febrero estará dando talleres de canto comunitario durante las nueve lunas del festival de Cosquín. Aunque aún no tiene ninguna participación confirmada en el escenario mayor, anticipa que algo surgirá, como el año pasado, cuando Yamila Cafrune la invitó a su presentación. Mientras tanto, cantará en peñas y patios tradicionales como La Salamanca y La Pirincha. Es su forma de habitar un espacio que también la transformó: “Hace tres años dejé mi cargo docente de 40 horas para dedicarme de lleno a este proyecto. Es mucha energía puesta acá y, felizmente, las cosas se siguen abriendo”. «

La Ferni y el folklore como espacio de ternura, conflicto y construcción colectiva