El teatro suele narrar historias, pero a veces también las desarma para mirar lo que hay debajo: el amor cuando se rompe, el tiempo que se quiebra y lo que queda resonando entre dos cuerpos. Esa es la zona que le interesa a Lautaro Delgado Tymruk, que mientras continúa en gira con Seré -sobre la fuga de un prisionero de un centro clandestino de detención- vuelve a dirigir en el Teatro San Martín con La habitación desconocida. La obra parte de la separación de una pareja, pero abre un campo mucho más amplio: la memoria afectiva, el desamor y sus ecos en el presente.
Su gestación tiene algo especial. Así lo cuenta Delgado Tymruk: “Gonzalo Martínez me dio la obra para leer en 2020, en plena pandemia, con la intención de que él la dirigiera y me convocó a mí y a Julieta Vallina para actuar. Tuvimos algunos encuentros por Zoom, pero todavía estaba complicado juntarse y, bueno, pasó el tiempo. Lamentablemente, en 2022 Julieta Vallina falleció y el proyecto de hacerlo los tres se truncó. Quedamos muy tristes con su pérdida. Al tiempo, hablando con Gonzalo, me dijo que ya no estaba en su intención hacerla, entonces le pregunté si me daba la posibilidad de dirigirla yo”.
Entonces, Lautaro Delgado Tymruk encaró el proyecto de armar la obra junto con Sofía Brito, su esposa y partenaire creativo. “Lo presentamos al San Martín hace dos años, el proyecto gustó mucho, pero la programación ya estaba resuelta. A mediados del año pasado me dieron la hermosa noticia de que teníamos la posibilidad de hacerlo este año. Convocamos a Guillermo Angelelli y arrancaron los ensayos”.
Este es un texto potente y bastante expositivo, por lo que la apuesta es muy sutil. “Son sujetos que cuentan algo, como si fueran testimonios. Siento que es una continuidad de El corazón del mundo, de Santiago Loza, y Seré, las anteriores obras que dirigimos y producimos con Sofía. Ninguna de estas tres obras tenía didascalias de cómo hacerse por parte del autor. Me interesó de la obra su estructura directa, como si fuera un texto desgrabado de dos personas, como si no fuera una obra de teatro, sino una transcripción de una charla de dos personas que realmente se hubieran separado y hubieran pasado por esta situación. La obra es muy cruda. Para mí es como un documental apócrifo, me interesa mucho trabajarlo desde ese lugar. Les pedía en los ensayos a los actores, tanto a Sofía como a Guillermo, que fuera natural: les dije que imaginemos que esto es un documental, o sea, que esto era real, que saquemos todo lo teatralizado que pudiera haber en la actuación”.

Para el director, los testimonios de cada personaje son como dos olas que se chocan. “Son dos personas que se reprochan, la una a la otra, el hecho de haberse separado. Se habla de la prehistoria de la pareja, cosas que ocurrieron en el pasado. También lo que sucede en la obra, y es la intención de la puesta, es romper el tiempo cronológico. Todo es pasado, presente y futuro. Hay como un tiempo estallado, como si fuera un vidrio que se hizo añicos y pudiéramos ver partes de la imagen. Quizá lo que está viendo el espectador no es lo que pasó, sino lo que va a pasar dentro de 20 años. Es un juego teatral interesante”.
La dramaturgia de Gonzalo Martínez es totalmente espejada. En la obra hay muchos textos que dice un personaje y que después repite el otro casi idénticamente, con leves variaciones, haciendo que el espectador vaya tomando partido por uno u otro personaje. Son dos personas, dos cuerpos sensibles que están heridos y son fruto de una lucha por el desamor.
“En la obra hablamos del desamor para hablar del amor. Hoy estamos configurados y diseñados por las pantallas, y enfrentamos la disolución de todo lo fraterno, y eso intentamos reflejar. Pero creo que la obra va más allá de la relación de pareja. Está hablando también de la disolución de los lazos sociales y vinculares a nivel mundial, y tiene que ver con la época. Es algo que a mí hoy en día me preocupa mucho y traté de volcarlo. La obra es como una trompada en la nuca; sin embargo, es una obra muy amorosa. Porque tiene en cuenta lo espiritual y el daño se repara en el sentido de lo simbólico”, afirma Delgado Tymruk.
Para él es como si se viera una laceración, pero también como si poco a poco esa sangre empezara a coagular y, tiempo después, se hiciera una cáscara. “Se ve la herida, pero con el tiempo quizás queda la cicatriz de eso. Y luego queda el recuerdo de ese golpe que ya no duele, pero está ahí. A mí me conmueven ciertos relatos que funcionan como advertencias, como un alerta simbólico de la coyuntura de época”, agrega.

En el caso de La habitación desconocida, hay un dispositivo escénico que juega con lo que se refleja y lo que parece estar de un lado, pero en realidad está del otro. “Queríamos esa dualidad, cuando uno cree que está viendo algo y en realidad está viendo otra cosa. Es un torrente anímico que no para, que se arremolina, que danza, dejando salir lo que hay en el corazón de esos dos personajes”.
Para Delgado Tymruk esto se contrapone a lo que hoy parece regir. “Es como si hubiera una gran planificación para tratar de anestesiar los dolores, como si hubiera un paliativo del desamor. Pero cuando uno amó profundamente y se separa, lo que pasa es tremendamente doloroso. Aun así, ese amor fue real y no fue en vano. La experiencia del amor en el ser humano es fundamental”.
Delgado Tymruk cree que el panorama es desastroso para la cultura, pero que igual hay que seguir. “Pienso en los chicos que estudian cine, con la poca posibilidad que tenemos hoy de hacer películas. Y televisión también: salvo alguna producción grande o alguna serie en plataforma, no hay nada. El teatro también está muy golpeado. No solo por los recortes en subsidios, sino porque está desguazado el Instituto Nacional del Teatro y la gente no tiene para pagar las entradas. Se corta la cadena si la gente no va. Pasa en la salud pública, en la educación pública. Es tremendo. El Estado se está vaciando completamente”, afirma.
“Solo unas pocas familias multimillonarias están muy bien, pero al pueblo, a la gran mayoría de la sociedad, este gobierno le está haciendo mucho daño, no solo económico sino también psicológico, alimentario y educativo. Es un no gobierno”, dice. Su trinchera es el escenario, aclara: “No vamos a dejar nunca de hacer teatro ni cine. Lo haremos como podamos, autogestionados, pero no vamos a dejar de hacerlo. Si no pudo la dictadura, tampoco va a poder este gobierno”.
La habitación desconocida
De Gonzalo Martínez. Actúan Guillermo Angelelli y Sofía Brito, con dirección de Lautaro Delgado Tymruk. De miércoles a domingo a las 19:30 en el Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530.
