Nicolás Pereyra estuvo 6 de sus 25 años preso. Es oriundo de la ciudad de La Plata, purgó condena en el instituto de menores Almafuerte y cuando recuperó la libertad fundó una biblioteca popular La Esperanza. Lo hizo para que los chicos del barrio El Palihue no tomen el mal camino. Fue construida en la plaza ubicada sobre 122 y  600. 

Mientras transitó el encierro punitivo capitalizó el tiempo en la lectura y la escritura. Es poeta y escribe canciones: «La primera poesía fue dedicada a mi profesora Ana Sicilia, ella fue quien me iluminó y me mostró un camino correcto«, recordó Nicolás, en diálogo con Tiempo.  

Todo empezó mientras el joven estaba detenido y su profesor le nombró a la periodista Sicilia, que dedica tiempo al armado de bibliotecas en los pabellones de los penales. Lo hace con el fin de que las personas en situación de encierro cambien sus mentalidades a través de la lectura. Es autora de Libros Tras las Rejas.  

«Yo la veía en la televisión y miraba el trabajo que hace en las cárceles en sus redes sociales. Entonces un día decidí escribirle un mensaje a su cuenta de Instagram. Le pregunté si podía llevar libros al instituto Almafuerte; me respondió que sí y lo cumplió, fue un gesto muy hermoso de su parte», repasó el joven.

Como consecuencia de ello, Nicolás hoy atiende una biblioteca en la plaza del barrio que a su vez expresa un reclamo ante el olvido social. «Los libros tienen el poder para romper las cadenas y poder ver un futuro posible. Por eso, al salir en libertad decidí fundar una biblioteca y mi inspiración fue Anita», aseguró. 

El joven continuó relatando. «Ahora tengo este espacio que es el corazón de los chicos y del barrio, donde todos pueden encontrar felicidad, es un punto de encuentro en el que hacemos cosas que nos gustan y nos sentimos libres. La biblioteca está llena de colores». 

«Jugamos y leemos«, enfatizó. «Es un lugar de contención para los chicos y, a la misma vez, ellos me contienen a mí, porque todavía estoy aprendiendo. Pero sé que los libros son las herramientas que se necesitan para salir adelante; tienen la fuerza para transformar a toda la comunidad«, remarcó.    

Lo importante es que Nicolás pudo volver con otra mentalidad al barrio; donde tiene una historia fuerte. «Antes era una persona oscura y ahora tengo luz y la comparto con los chicos, es algo maravilloso«, expresó.

Contó a este diario que siente mucha alegría, porque los vecinos lo felicitan por su cambio personal y trabajo que está haciendo. Ahora comparte mucho tiempo con los chicos y antes lo pudo hacer con sus hermanitos porque estaba preso, es algo que lamenta y lo tiene muy presente.

«Anita siempre está firme a mi lado y me ayuda con lo que necesito para la biblioteca, en lo que organizamos y hacemos, sobre todo -valoró el joven- me aconseja. Para mí, ella es una persona muy importante, porque me acompaña en todo lo que quiero emprender, es muy comprometida, está cuando la necesito, ella me alienta y me da fuerza«.

Por eso construyó una pequeña biblioteca en la plaza del barrio El Palihue, clavando madera por madera, pidió ayuda pero los pibes pero no supieron entenderlo, entonces la encaró solo. Cuenta que fue un sueño que logró concretar.

Nicolás detalló: «Cuando terminé el armado de madera compré las chapas, ahora estoy haciendo el piso de material, porque tenía de tierra«.    

«Me emociono mucho cuando los niños y  niñas del barrio me van a buscar a mi casa en grupo para ir a la biblioteca, ellos me adoran, me levantan la autoestima. Lo importante es que esa luz que Anita me compartió ahora yo la comparto con ellos«, aseguró. 

Finalizó remarcando que la periodista, escritora y presidenta de la Fundación AS, es una persona a la que admira mucho: «Por su gran potencial y energía. Ahora el objetivo es que los chicos del barrio vean esa luz en mí».