La inflación cae, pero la comida vuela mientras los salarios apenas asoman la cabeza

Por: Martín Ferreyra

Los relevamientos indican que los alimentos y bebidas sin alcohol aumentaron un 17% en el primer semestre del año contra subas de ingresos que fueron apenas la mitad.

En la Argentina gobernada por La Libertad Avanza la inflación cae en el promedio general y es uno de los caballitos de batalla de la administración nacional para las presidenciales 2027, pero en los hogares de todo el país el acceso a los alimentos sigue siendo un desafío, que en muchos casos obliga a las familias al endeudamiento.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la consultora Orlando Ferreres, una de las que se anticipan a la publicación oficial del Indec, registró que en el primer semestre del año la variación de los precios de los alimentos superó al promedio de la inflación general.

Para esa entidad, que tiene un lugar entre las que el gobierno destaca positivamente, el IPC acumuló un 16,2% entre enero y junio, mientras que en el mismo período los alimentos y bebidas sin alcohol se incrementaron el 17%.

No sólo los alimentos aumentan por encima del promedio de la inflación, sino que superan largamente la evolución del salario mínimo vital y móvil, que pasó de los $ 341.000 en enero a los $ 367.800 en junio, con una variación del 7,8%.

En el mismo tramo, el haber jubilatorio mínimo pasó de los $ 419.333 (incluyendo el bono extraordinario de $ 70.000) a los $ 473.474 en junio, con un aumento del 12,9%, también inferior a la suba de los precios.

Todo esto sin considerar el empleo informal, que alcanza aproximadamente al 40% de los trabajadores que realizan sus actividades al margen de la legislación laboral y de los marcos impositivos y de la seguridad social, en un estado comparativamente mucho más crítico que el resto de la masa laboral.

Con ese panorama, queda claro que la comida viaja a una velocidad mucho mayor que la del bolsillo, con un gobierno que apuesta por el enfriamiento de la economía, en especial de los sectores que podrían crear empleo masivo, que interviene en el mercado laboral favoreciendo la desregulación y la flexibilización de las condiciones laborales y que resuelve por decreto incrementos insuficientes para las necesidades reales de los argentinos.

Foto: Diego Martinez @ildieco_diegomartinezph

Cuadro complejo

La lectura de algunos de los índices privados de inflación que se publican antes que el IPC del Indec confirma que los precios de los alimentos, aunque inferiores al promedio general, están siempre entre los que más condicionan las mediciones.

Por ejemplo, para PxQ la inflación fue del 1,9% en junio y el rubro Alimentos y bebidas aumentó 1,4%, pero también fue el de mayor incidencia en el promedio general con 22,3%, superando a las categorías Vivienda; Restaurantes y hoteles; y Transporte.

Otra perspectiva, como la de LCG, que sigue la evolución de los precios de los alimentos en forma cotidiana, observa un crecimiento del porcentaje de productos con aumentos en las últimas semanas que no llega a impactar porque otros productos con caídas compensan el promedio.

Hay miradas que ven una escalada de la canasta alimentaria y una profundización de la crisis social en un contexto de salarios atrasados que se prolonga en el tiempo.

Estos coinciden en advertir una persistencia de la suba de los precios de los alimentos, aun cuando reconocen cierta desaceleración, que si se suman mes tras mes dan un resultado más alto que la inflación general.

Entre ellos, el informe nacional de la Fundación Colsecor registró entre enero y mayo una variación del costo de la comida del 17,9% superior al IPC acumulado del 14,7% en el mismo tramo.

A la altura de mayo la previsión oficial de que la inflación de todo 2026 iba a ser del 10,1% no sólo ya había sido largamente superada por los precios de los alimentos, sino que se proyectaba a duplicar esa previsión, estando todavía muy lejos de diciembre.

Si el poder de compra de las clases medias y los trabajadores depende de la recuperación del salario, esta semana el propio presidente Javier Milei pateó esa posibilidad para después de las elecciones presidenciales en las que buscará revalidar su mandato a fines de 2027.

Recién entonces, de acuerdo al cálculo del mandatario, habrá llegado la hora de los “salarios enormes” que podrían devolver a los argentinos a niveles de consumo más cercanos a la expectativa.

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