Argentina se metió en semifinales en el Mundial de básquet con una tremenda victoria ante Serbia (97 a 87). Ahora espera por el poderoso Estados Unidos o Francia. Pero puede agrandarse: juega como nadie, tiene a Campazzo tal vez como MVP en China y a Scola en un nivel de excelencia.

El triunfo del equipo que juega como ningún otro del Mundial también linkea con el 2002 con la Argentina en llamas y, a la vez, a la espera de Estados Unidos, el superpoderoso al que en aquella ocasión volteó en su propia casa. “La selección de básquet no es ni mía ni nuestra. Es todos y esta victoria es para que las disfruten todos”, dijo Sergio Hernández como para sumar otro hipervínculo con la historia. El entrenador es otro elemento clave para explicar la clasificación a semifinales: diseñó un plantel versátil, mejoró a varios jugadores y modeló una estrategia ganadora para cada partido. La goleada ante Polonia, por caso, se cimentó sobre pilares distintos al triunfo ante Serbia en el que aplicó una rotación alta (once jugadores) y metió buena parte de lo que tiró (44% en triples).
Todavía quedan nuevas vallas. Todo indica que Estados Unidos aparecerá en el camino a la final. Pero ya nada parece imposible para este equipo en estado de gracia. Tiene todos los componentes necesarios en la caja de herramientas: juega como nadie en China, combina figuras individuales con ascendente funcionamiento colectivo y ya creó su propio combustible emocional. Generó nada menos que su propio relato. Sólo queda por definir dónde terminará la aventura de Scola y compañía.
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