El telón todavía no se abrió y la amenaza ya está sobre la mesa. El público apenas se acomoda en sus butacas cuando la ficción comienza a confundirse con la realidad: un abogado llega para anunciar que la función podría ser censurada. La escena remite inevitablemente a viejos fantasmas argentinos: la censura, el poder y la tensión permanente entre quienes preguntan y quienes prefieren el silencio y mantener el status quo. Así arranca La Suprema, la obra escrita y dirigida por Luis Longhi, una comedia musical que utiliza el humor como bisturí para diseccionar uno de los temas más sensibles de la vida democrática: la justicia.

La propuesta parece sencilla. Cinco jóvenes estudiantes de Derecho comienzan su recorrido académico convencidos de que pueden cambiar el mundo. Llegan cargados de ideales, con una visión cristalina de la ley como herramienta de igualdad. Sin embargo, a medida que avanzan en sus carreras, los sueños chocan contra una estructura donde las ambiciones personales, los intereses económicos y las disputas de poder terminan moldeando destinos. “Después se van corrompiendo, casi todos, mostrando cómo se maneja todo en la casta judicial”, explica Longhi. En la obra, aquellos jóvenes terminan vinculados a multinacionales, espacios políticos y mecanismos de poder que los alejan de los principios que alguna vez defendieron. La historia funciona como una metáfora del sistema judicial argentino y de las contradicciones que, según el director, atraviesan a sus instituciones.

«La justicia argentina nació torcida. La Corte Suprema de Justicia es la cabeza de un sistema que está podrido en la Argentina. Por eso quisimos hacer este espectáculo. Los artistas estamos armadísimos hasta los dientes con nuestra herramienta: la poesía, la música, los gestos y el movimiento son nuestras armas para combatir. Y La Suprema es parte de esta lucha.»

"La Suprema": abogados corruptos, lawfare, censura y una sátira sobre la Justicia argentina
La obra está escrita y dirigida por Luis Longhi.

Según el artista, este espectáculo no es inocuo. “Desde el campo de acción del arte combatimos al capital, a los abogados corruptos y a los mecanismos del poder. Pero todos los días aparecen nuevos argumentos para ampliar las denuncias que hacemos desde La Suprema. Lo que antes se lograba con golpes de Estado ahora se logra con un buen funcionamiento del lawfare. ¿Pero todos saben eso? Bueno, acá lo explicamos, pero con música y humor”.

La cuestión central de la trama es si la justicia responde a la ley o responde a los mercados. «Arrancamos el espectáculo con un acto de censura previa, en homenaje a la que sufrió Tato Bores con Servini de Cubría. Yo fui parte de ese elenco que cantó la canción, entonces me parecía oportuno homenajearlo. Hablamos de la corrupción de la justicia, pero también de los abogados buenos. A través del arte y del humor denunciamos los procesos de corrupción y podredumbre del Poder Judicial argentino, pero también tratamos de entenderlo», afirma Luis Longhi.

Pero La Suprema no se construye desde la solemnidad. La crítica llega envuelta en canciones, gags y situaciones absurdas. El humor político es el vehículo elegido para hablar de corrupción, lawfare, privilegios y desigualdad. “A través del arte y del humor denunciamos los procesos de corrupción y de podredumbre del Poder Judicial argentino”, sostiene Longhi. «Es una obra musical de humor político. El arte es un arma poderosa, poderosísima. Estamos viviendo un momento apocalíptico, social y económicamente. No hay que dejar que colonicen la subjetividad de tu vecino; para nosotros no hay poder que pueda contra el poder del arte. La Suprema es un espectáculo combativo para explicar lo que de otra manera no se entiende.»

"La Suprema": abogados corruptos, lawfare, censura y una sátira sobre la Justicia argentina
La Suprema sigue el recorrido de cinco estudiantes de Derecho y utiliza la comedia musical para abordar temas de máxima actualidad.

La obra dialoga con la actualidad. El director admite que los acontecimientos políticos y judiciales de cada semana parecen alimentar permanentemente el espectáculo. “Todos los días me salen argumentos para ampliar las cosas que denunciamos desde La Suprema”, señala. La velocidad de los acontecimientos, dice, incluso supera la capacidad de incorporarlos al escenario. Sin embargo, el espectáculo no se limita a señalar culpables. En medio de la sátira aparece un espacio para reconocer a quienes ejercen la profesión desde otro lugar. Uno de los momentos más emotivos está inspirado en el caso de Belén, la joven tucumana criminalizada tras sufrir una emergencia obstétrica, y en el trabajo de la abogada que llevó adelante su defensa. Es el contrapunto necesario frente a la corrupción: la existencia de profesionales que entienden la justicia como una herramienta de reparación y no de privilegio.

Para Longhi, el teatro tiene una responsabilidad que excede el entretenimiento. “Los artistas estamos armadísimos hasta los dientes con nuestras armas: la poesía, la música, los gestos, el movimiento”, afirma. Desde esa mirada, el escenario se convierte en un espacio de resistencia cultural y política. Una trinchera simbólica desde donde cuestionar aquello que considera injusto.

La convicción atraviesa toda la obra. Los actores, en su mayoría menores de treinta años, asumen el desafío de poner cuerpo y voz a debates complejos que suelen quedar encerrados en expedientes, tecnicismos o programas de televisión. En escena aparecen jueces convertidos en celebridades mediáticas, doctrinas judiciales que marcaron la historia reciente y preguntas incómodas que sobrevuelan toda la función: ¿la justicia responde a la ley, a la política o al mercado? ¿Quién controla a quienes tienen la última palabra?

"La Suprema": abogados corruptos, lawfare, censura y una sátira sobre la Justicia argentina
Entre canciones, gags y referencias a la coyuntura, La Suprema propone una mirada crítica sobre el funcionamiento del sistema judicial argentino.

Al finalizar la obra no hay respuestas definitivas. Tampoco las busca. Lo que queda es algo más valioso: la incomodidad. La sensación de que detrás de cada carcajada se esconde una pregunta urgente. Porque La Suprema entiende que el humor no es una forma de escapar de la realidad, sino una manera de enfrentarla.

En tiempos de desconfianza institucional y profundas discusiones sobre el rumbo del país, el espectáculo de Longhi propone un ejercicio poco frecuente: pensar mientras se ríe. Y recuerda que, cuando otros lenguajes parecen agotarse, el arte sigue teniendo la capacidad de interpelar, incomodar y abrir conversaciones que muchos preferirían evitar. “El arte te abraza y te invita también a combatir, a reflexionar, a pensar y a tomar partido. Por eso lo amamos”.

La Suprema

De Luis Longhi. Humor, música y sátira para explorar las tensiones entre los ideales, las ambiciones y el poder. Jueves 18 y 25 de junio, a las 20:30, en Perón Perón San Telmo, Bolívar 813 (CABA).