-Ponga huevo verdolaga- grita la hinchada de Ferro, en la cabecera sur del Templo del Rock, el estadio de Obras Sanitarias.
Pero en la cancha las que transpiran el escudo son mujeres, que no detienen a señalar el “error“ del lenguaje tribunero porque delante están Las Rockeras, con su estrella Florencia Chagas, quien en 2021 fue la primera argentina de la historia en ser elegida en el Draft de la WNBA.
Es sábado, hace frío y el país, a esta hora, se entretiene con el campeonato de Belgrano de Córdoba y el despido de Gustavo Costas. Pero acá se juega el tercer partido de la final de la Liga Femenina de Básquet. El primer cruce fue en el Héctor Etchart de Caballito y Las Locomotoras ganaron 90 a 84. La figura de Las Rockeras fue Chagas, que anotó 37 puntos. El segundo juego ocurrió en este estadio, y el local empató la serie al imponerse por 62 a 56.
Ferro, que viene de ganar la Liga Femenina y el Torneo Apertura 2025, busca el tricampeonato. Obras quiere romper la maldición después de perder en 2018, 2023, 2024.
En el arranque del primer cuarto, las jugadoras de Ferro utilizan más la cabeza que los ovarios. Gabriel Fernández no grita ni hace gestos para la tribuna, que insiste en que el equipo ponga huevos. El entrenador mantiene la calma y las chicas desarrollan su estrategia. Fernández sabe de partidos importantes: fue uno de los doce apóstoles de la Generación Dorada masculina que ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Veintidós años más tarde, no sólo conduce al primer equipo femenino de Ferro. También dirige a su hija Julia, nacida el 14 de agosto de 2004, apenas un día antes de la histórica palomita de Manu Ginóbili que definió el duelo con Serbia y Montenegro.
El nivel de los equipos es parejo. Ferro apuesta a que la pelota circule a través del juego colectivo mientras que Obras es agresivo desde la capacidad individual de sus jugadoras. El choque de estilos se traduce en el tanteador: el primer cuarto cierra 17-14 para las locales; pero en el segundo, Las Locomotoras lo dan vuelta 40-33.
-Uruguaya, uruguaya – retumba en las tribunas.
Se trata de la “mano caliente” de Josefina Rivera, la primera uruguaya en ser campeona de la Liga Femenina, que encestó los cuatro intentos de triples para que su equipo pase arriba en el marcador y se acerque al tricampeonato.
-Cuando uno la siente, la tiene que tirar – dirá después.
El segundo tiempo muestra el mismo tono. Pero el banco de Ferro comienza a señalar a uno de los tres jueces por sus decisiones: parece que el hombre de negro muestra cierta predisposición para los fallos localistas. Entonces de la tribuna verde surge el inoxidable “hijo de puta, hijo de puta”. Las más enérgicas son dos mamás y una abuela; el trío se desgañita ante las presuntas injusticias y Obras lo revierte 51-50. Pero luego del minuto que pide el entrenador, Las Locomotoras retoman el protagonismo y ganan el tercer cuarto 54-52.
Último intervalo del torneo. La hinchada de Obras parece despertar gracias a la insistencia del animador del juego, de barba, anteojos y gorra, que agita al público con dos mascotas. La “barrabrava” del local son tres hombres que tienen flojo el parche del bombo, lo que provoca que el aliento suene a lavarropas con el motor fuera de punto.
La que no está fuera de punto es Giuliana Baccarelli, la 22 verdolaga, que se tira de cabeza entre dos rivales y recupera una pelota que quizás no sea decisiva en el tanteador pero que representa, para sus compañeras, el gesto que necesitaban: esta tarde van a llevarse lo que vinieron a buscar.
Baccarelli no mide dos metros y pesa 100 kilos. No tiene los biceps y triceps que se venden en redes sociales. Lo que sí tiene son dos compañeras que sostienen el trabajo colectivo: Abril Romagnoli, suma 14 puntos, al igual que Lucila Sampietro, que busca su cuarto título con el club.
Dicen que en el básquet, como en la vida, un segundo es un montón. Lo saben Las Locomotoras, que ajustan detalles defensivos y cierran el partido 75-69. El tricampeonato es suyo.
Madres y abuelas ni se acuerdan del juez. Festejan dentro de la cancha con las campeonas. En el centro de la escena celebra la otra Fernández del equipo, Florencia. La Flaca tiene la camiseta 1 y doble marca: sus hijos se le cuelgan y casi logran arrancarle el trofeo que sostiene con las manos como si fuese el último rebote de un partido. Es que mamá acaba de ser nominada la jugadora más importante de una final de la liga femenina de básquet por tercera vez en su carrera. Y sumó su octavo título nacional.
-Tuve un año difícil. En un momento, medio me enojé y pedí que si tanto iban a ver al masculino, que vinieran a vernos a nosotras. Y el Echart estuvo lleno, tiraron papelitos, la verdad nunca había vivido eso – le cuenta a Aro y Pasión, medio especializado en básquet.
Las que sí vieron sus tres partidos, son las jugadoras del Club Nolting, de Ciudadela. Con las tribunas vacías, las chicas esperan para fotografiarse con las jugadoras de los dos equipos. Algunas muestran el physique du rôle de la basquetbolista argentina promedio: peinado con rodete y mucho gel; crocs o chancletas con medias; pantalones amplios y buzos canguros extra large. Sonríen nerviosas, a centímetros de las mujeres que representan su sueño: ser jugadoras profesionales. Para eso entrenan toda la semana.
-El básquet femenino nos representa. El nivel de estos equipos es muy diferente a como jugamos nosotras, todas tienen un nivel re alto – cuenta Guadalupe, jugadora del club de Ciudadela.
Después, le pasa el teléfono celular a su hermana Olivia y buscan a Dalma Piri, elegida junto a Baccarelli, Chagas, Candela Gentinetta de Obras y La Flaca Fernández, en el quinteto ideal de las finales de la Liga Femenina de Básquet.
La 23 de Ferro, ex Obras, festeja sentada en el aro de la tribuna visitante, con la red como collar. Allá arriba, las hermanas de Nolting no pueden alcanzarla. Piri, campeona cuatro veces de este torneo, se da cuenta. Entonces baja de las alturas, abraza a la adolescente y posan, sonrientes, con el trofeo de campeonas que, otra vez, se va para el Oeste.