¿Es posible traducir el deseo al lenguaje cotidiano? ¿Cuál es la relación entre el cuerpo y la palabra? ¿Qué es el amor? En ¿Se dice así? (Tusquets) la novela breve –la asignación de un género parece inevitable en el campo literario aunque el texto sea renuente a las clasificaciones- con la que Leila Sucari ganó la convocatoria María Elena Walsh-ara Facio de novela 2024.
Sucari no contesta a estas preguntas, sino que indaga y profundiza en ellas. No todas las preguntas tienen respuesta y es necesario aprender a convivir con el misterio. Su narración no cierra puertas y ventanas a la incertidumbre, sino que, por el contrario, las abre.
¿Novela, nouvelle,…? Tampoco esta pregunta tiene una respuesta clara porque no todo es encasillable. Lo que sí es seguro es que ¿Se dice así? es un texto de búsqueda permanente y, como tal, resulta inquietante porque no hay en él respuestas tranquilizadoras.
El jurado que le otorgó el Premio estuvo integrado por Claudia Piñeiro, Dolores Reyes y Mariano Vespa. El relato de Sucari resultó ganador entre más de 60 presentados.
Durante el acto de premiación la autora señaló que en tiempos de avasallamiento de la cultura como el que estamos viviendo, la escritura y el arte en general son una forma de resistencia. ¿Se dice así? es una prueba palmaria de esta afirmación ya que resiste prejuicios sociales, llama a las cosas por su nombre y se atreve a internarse en el territorio salvaje del deseo.

Leila Sucari
-Me parece muy difícil para un escritor o una escritora escribir un libro erótico porque se juega mucho de lo personal y porque hay que sortear el riesgo de no bandearse para ningún lado, ni hacia lo ingenuo ni hacia lo obsceno. ¿Es así?
-Sí, hay un límite muy delgado entre una cosa y otra. De todos modos, yo nunca escribo en términos de género, sino que es la propia historia la que se va armando y me va llevando para un lado o para el otro, pero sí es verdad que es un desafío distinto encontrar el punto, encontrar el tono. Me parece que, en general, en esta época el erotismo es no se trata mucho en la literatura. Los cuerpos quedan bastante escindidos de la palabra. Mi idea era, precisamente, investigar y ahondar en esto, en el cuerpo, en la palabra, en la traducción de lo erótico a la palabra, en la pregunta acerca del deseo. Encontrar este equilibrio, es cierto, fue todo un desafío.
–Es interesante lo que señalás acerca de que el erotismo hoy no se trata tanto en la literatura quizá porque se supone, aunque no sé si es así, que vivimos en una época en la que se han superado ciertos prejuicios sexuales y entonces hablar de sexo podría resultar poco novedoso. Por otra parte, vivimos en la era virtual, donde los cuerpos parecen tener menos contundencia que en otro momento.
-Creo que vivimos en una época hipersexualizada en la que se expone mucho, pero en la que en la que el erotismo y el deseo están en retroceso por la falta de imaginación que tenemos, por la falta de tiempo, de ocio, de expansión. Es un tiempo donde todo está contraído. El espacio está contraído, el tiempo está hiperacelerado, como si no hubiera tiempo ni espacio para el deseo y la fantasía incluida la fantasía erótica también.
En la historia de la literatura hay un montón de literatura erótica fantástica. Acá, en Argentina, recuerdo el libro de Guillermo Saccomano y Fernanda García Lao Amor invertido de hace unos años que me encantó, me pareció muy bueno. Creo también que hay una suerte de pudor de la exposición al contar una escena sexual. Esto es una contradicción, porque de sexo se habla un montón, pero no desde un lugar de la fragilidad y de intimidad que es lo que yo quería hacer en este libro: tomar el erotismo como una excusa para hablar de lo íntimo y de la fantasía.

-¿Cómo nació en vos este libro? ¿Tuvo algo que ver la convocatoria del concurso o lo estabas escribiendo sin pensar en eso?
– El libro lo había escrito antes de la convocatoria, hace tres años. Después lo dejé, como a veces sucede, que uno escribe cosas que quedan ahí perdidas en el medio de las carpetas de la computadora y cuando vi esta convocatoria del premio María Elena Walsh-Sara Facio recordé que yo tenía esa novelita, ese librito, porque no sabía bien cómo catalogarlo porque es una novela corta, pero también tiene algo de ensayo para mí.
– Te iba a decir justamente que ¿Se dice así? es ensayístico, porque me parece que postula el deseo como un lenguaje en sí mismo que toma prestadas palabras diversas, pero que no se puede traducir en palabras. ¿Cómo lo ves vos?
-Sí estoy de acuerdo porque todo el tiempo hay algo de reflexión y de pregunta. La trama, en un punto, no importa. La trama es también una suerte de laberinto, de reconstrucción de los hechos de un amor, de un romance, pero estos hechos nunca se llegan a reconstruir perfectamente. En realidad, lo que más me interesaba era la pregunta y la pregunta tiene que ver con el ensayo, con abrir un pensamiento, pero desde el lenguaje mismo, desde un lugar poético y no desde un dictamen de sentencia, sino todo lo contrario: cómo hacer para habitar la pregunta. Creo que el libro está lleno de preguntas. Por eso en un momento cito a Anne Carson que dice “El amor es una pregunta que no sé cómo hacer”.
Me interesaba abrir esta pregunta sobre la escritura, sobre el deseo, sobre la posibilidad y la imposibilidad de traducirlo. Mientras escribía pensaba que lo que estaba haciendo no era literatura, que no pretendía escribir una novela, sino otra cosa. Lo que me interesaba era ir ahondando y descubriendo a través de la palabra, hacer una suerte de arqueología para entender algo más sobre el amor y el deseo que siempre están en lo que escribo y lo que pienso, que me interesan siempre.
-¿Hubo algún hecho concreto que te disparó la escritura de este libro?
-Sí. Fue un hecho autobiográfico, un romance real que después llevé a la ficción. Eso también es algo con lo que juego mucho: los límites entre ficción y no ficción. El puntapié fue autobiográfico pero después decidí tensarlo, extremarlo. A mí la ficción me permite llegar a una pregunta de manera más profunda o a una especie de verdad, si se quiere. Armé una narradora que experimenta lo que me pasó a mí, pero que lo lleva al extremo, que juega a exagerar. Exagerar es también una forma de tensar.
-En tu libro hay mucho trabajo con el lenguaje ya desde el hecho de que recurras al francés y al inglés en el intento de traducir en palabras el deseo. Pero ninguna lengua es capaz de abarcar el deseo porque quizá el deseo sea una lengua en sí mismo.
-Sí, hay algo de lo incierto, del error, de estar confundida y perdida. Esa ambigüedad de la lengua, de los idiomas es lo que también hace que se genere deseo, porque hay espacios vacíos, como si el deseo tuviera que ver también con esos espacios vacíos, con lo incompleto, con la carencia de alguna manera.
-¿Cómo fue la escritura de este libro?
-Lo escribí en muy poco tiempo. Fue un mes, o quizá tres semanas pero tres semanas de estar inmersa en la escritura. Fue algo muy veloz y el texto tiene también un ritmo muy rápido. Así como mi novela anterior Casi perra me llevó cinco años, ésta me llevó unas pocas semanas. Me refiero a la escritura de base. Después la dejé estacionar y el año pasado el concurso me sirvió para volver a entrar en ella. En ese momento empecé a corregir, a repensar algunas cuestiones, a ajustar, a sacar, a encontrar la voz y a hacerme preguntas sobre quién era esta narradora, qué le pasaba, qué deseaba. ¿En realidad, estaba enamorada de otro ser o eso era una excusa más para descubrir que el amor en estos términos es también una adicción a la intensidad.
Ella buscaba un sentido que se le iba todo el tiempo. La escritura también fue mucho de dialogar con otros libros, con Annie Ernaux, Marguerite Duras y también con poetas como Cristina Peri Rossi, que me encantan y me interpelan. De alguna manera siento que fue ponerme a pensar y a jugar con ellas indirectamente y también con mis propias preguntas en relación al amor, al deseo. Así como el puntapié inicial fue autobiográfico y después decidí torcerlo hacia una ficción, también la cuestión del lenguaje que al principio era más solapado cambió y en un momento dije: «si voy a hablar de coger, voy a hablar de coger». A veces, para no caer en un lugar burdo se termina produciendo un lenguaje falso.

-Cuando comencé a leer ¿Se dice así? y vi esas palabras tan directas, me cuestioné si eso era erótico o iba un paso más allá. -Yo también me hice esa pregunta: ¿Hasta qué punto el erotismo se transforma en algo pornográfico? Pensé en qué caso se justifica la palabra y la escena y en qué caso no y tomé una decisión. Escribir con pudor sobre sexo me pareció la peor de las opciones. No quería volverme metafórica y distante si iba a hablar del cuerpo, del sexo, del deseo. Sí iba a escribir sobre eso tenía que asumir el riego de ser directa. En un momento la narradora misma se pregunta si es el sexo lo que importa y se contesta que no, que es otra cosa, pero que pasa a través del cuerpo. El erotismo es un motor que va más allá del cuerpo del otro, es un anhelo de infinito, de un encuentro, de una disolución del yo.
Los efectos de un premio
–Más allá de que siempre es lindo recibir un premio, ¿qué efecto tuvo en vos? Me refiero a si te dio más certezas acerca de tu escritura.
-Honestamente, no. Siempre tengo las mismas crisis y las mismas inseguridades con cada libro y el premio no cambió eso. Además, como dije, no identifico el libro como una novela, sino como una búsqueda a través de preguntas. El corazón del texto es un intento de contar lo que no se puede contar. Claro que ganar un premio está buenísimo y me gustó mucho recibirlo, pero no me da más seguridad . Yo trabajo y vivo de dar talleres y de escribir y sabemos que eso es muy difícil en estos tiempos. Así que toda plata que ingrese y pueda ayudar a sostener la vida cotidiana, a pagar el alquiler y los impuestos es bienvenida. Para mí eso es más importante y me preocupa más en mi cotidiano que el prestigio que pueda darme un premio. Por supuesto, lo agradezco y es muy bueno que ayude a que el libro pueda llegar a más gente. Pero los premios sirven también para ir a comprar al chino.
Ficción y no ficción
–Creo que los lectores tienden a creer que un libro erótico es necesariamente autobiográfico, mientras que si escribís sobre otra cosa lo toman con ficción. ¿Te sentiste expuesta al escribir? ¿Te preguntaron acera de eso?
–El libro salió recién y ésta es la primera entrevista que me hacen, de modo que no lo sé aunque pensé que iba a surgir la pregunta sobre lo autobiográfico. Es cierto lo que decís y me llama la atención que si escribo algo erótico surja esa pregunta y si, en cambio, escribo sobre maternidad o sobre mi gato maravilloso, no. No sé por qué pasa eso. El tema de la exposición en algún momento me generó dudas. Me pregunté si yo quería esa exposición, si la narradora se iba a identificar con la autora.
-¿Qué te contestaste?
-Finalmente me dije ése no es mi problema. En el libro hay un juego con la escritura. Es de no ficción y, a la vez, es ficción pura. Hay elementos autobiográficos, pero yo no soy esa narradora. Siento que es ficción y no ficción.
Y esto no lo digo para escaparme, para no decir “sí es verdad, todo es autobiográfico.» Lo cierto es que a la hora de escribir pienso solamente en lo que me va pidiendo el texto.
Además, realmente, no podría decir si es no ficción o ficción porque creo que es las dos cosas.