Ley de Identidad de Género: un paso fundamental, pero de un largo camino

Por: Área de diversidades de Grow-género y trabajo

Los ámbitos laborales necesitan desarrollar más protocolos de inclusión para las personas trans.

Hace trece años, Argentina marcó un antes y un después con la sanción de la Ley de Identidad de Género. Desde entonces, miles de personas trans y travestis pudieron nombrarse, reconocerse y ser reconocidas por el Estado. Fue una conquista histórica que sacó a esta población de la criminalización para ubicarla como sujeto de derechos. A partir de entonces, la transición de género dejó de ser un camino clandestino o patologizado, para convertirse en un proceso vital acompañado por una ley pionera a nivel mundial.

Por menos barreras

Pero el derecho a la identidad, aunque fundamental, no resuelve por sí solo los desafíos cotidianos. Las personas trans y travestis siguen enfrentando enormes barreras para acceder al trabajo, y sus tasas de desempleo duplican la media nacional, según surge del Primer relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica (2023). Desde Grow – género y trabajo, nuestro objetivo es que el bienestar también llegue a los espacios laborales.

Es decir, que nadie tenga que ocultar quién es para conservar un empleo. Porque los lugares de trabajo no solo definen ingresos: también son fuente de vínculos, autoestima y futuro.

La Ley de Identidad de Género marcó el inicio de una nueva etapa. Sin embargo, la discriminación, la precariedad y la informalidad siguen presentes. Muchas empresas aún no han repensado sus procesos de selección, ni cuentan con protocolos para acompañar una transición. La Ley Diana Sacayán – Lohana Berkins, que estableció el cupo laboral travesti-trans en el Estado, fue una respuesta clave, pero todavía hace falta que el sector privado se sume de manera decidida.

¿Qué pueden hacer las organizaciones?

Desde Grow – género y trabajo, acompañamos a organizaciones en la construcción de espacios de trabajo donde todas las personas puedan desarrollarse con autenticidad. Proponemos una mirada integral que incluya desde los registros hasta los procesos de selección, los códigos de convivencia y los protocolos institucionales. Porque las transiciones no son solo médicas o registrales: también son sociales, laborales, afectivas.

Hablar de inclusión es abrir la puerta a esos procesos, y no cerrarla en nombre de la neutralidad. En un contexto donde se multiplican los discursos de odio, defender el derecho a la propia identidad en el trabajo es más urgente que nunca. ¿Qué puede surgir del encuentro entre una persona trans y una empresa? Solo lo sabremos si ese encuentro sucede. Y para eso, hace falta una decisión: empezar a conversar.

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