Vale la pena comenzar con una reflexión sobre un evento reciente que fue noticia y que a primera vista no tiene demasiada relación con la Ley de Glaciares. Ocurrió específicamente en la provincia de Santa Cruz, donde los medios provinciales se hicieron eco: un Macá Tobiano fue depredado por un visón.
¿Qué tiene que ver esto con los cambios que se quieren hacer a la ley de glaciares? Bueno, existen muchas especies que están adaptadas a sistemas dominados y modelados por glaciares. El macá tobiano, evolucionó desde hace aproximadamente 2 millones de años, entre periodos de glaciaciones e inter-glaciales, expandiendo, reduciendo y modificando su distribución a lo largo de todo este lapso –largo- en escala biológica. El macá es un ave acuática que estamos intentando proteger desde 2010, gracias al apoyo principalmente del CONICET. Quedan aproximadamente solo 750 individuos adultos que habitan únicamente en lagunas de alturas, en zonas peri-glaciares, de las mesetas de altura del oeste de Santa Cruz. Es decir, el ambiente de esta especie críticamente amenazada de extinción depende directamente de las condiciones generadas por los glaciares del pasado, pero también por los campos de hielo actuales.
Yendo al grano con el evento. La depredación ocurrida esta temporada de sólo un macá por parte de un individuo de visón americano nos trajo recuerdos de lo ocurrido entre 2011 y 2012, cuando cerca del 10% de la población global del Macá Tobiano fue depredada por tres visones. Imaginen lo que representaría el 10% de la humanidad. Desde entonces, investigadores del CONICET y miembros de ONGs nacionales e internacionales -como la Fundación Macá Tobiano- comenzamos a controlar a este depredador invasor (nota: el visón es de la familia de los hurones, pero con la diferencia de que es acuático). El control de este carnívoro generó que en más de una década ningún macá tobiano sea depredado. Pero el visón sigue avanzando y los esfuerzos necesarios son cada vez mayores.
Pero, ¿de dónde provienen los visones? Acá está la cuestión central y de más relevancia para la modificación que se pretende hacer con la Ley de Glaciares. Los visones fueron traídos a Patagonia como parte de incentivos para la diversificar la producción en el sur durante la primera mitad del siglo XX. Entre las décadas del 30 y el 70 se instalaron entre 50 y 60 productores, entre estos, varios criaderos de gran tamañodesde los que luego, por “gemación”, se crearon muchísimos pequeños. El fin era promover una nueva actividad productiva que se sumara a las actividades que en ese momento era casi exclusivamente la ganadería ovina. Por supuesto, desde el principio existieron escapes accidentales de visones, que empezaron a prosperar en un ambiente sin competidores y depredadores. Luego, cuando la productividad y los beneficios económico de los criaderos cayó, muchos productores liberaron sus planteles, que en algunos casos eran de cientos de ejemplares de visón. Eran otras épocas y la concepción del impacto de las especies invasores no estaba ni por cerca en el radar. Es decir, se promovió una industria a gran escala, pero sin considerar las externalidades para el ambiente, así como tampoco sin realizar estudios que permitieran conocer el potencial impacto al ambiente -y la sociedad, porque los visones son grandes depredadores de aves de corral-. De nuevo, eran otras épocas, y por el “lado ambiental” no estaba considerado por el estado.
Un estudio realizado por investigadores del CADIC-CONICET, liderados por la Dra. Laura Fasola, generó un presupuesto necesario para controlar a la especie en pequeñas áreas de Patagonia. Si se extrapola a toda Patagonia la estimación del costo podría estar en el rango de los cientos de millones de dólares (¿ó quizá miles?) que conllevaría hoy intentar la erradicación del visón de los ambientes naturales… si es que acaso fuera esto posible. Es decir, la actividad productiva nos dejó un gran problema, que para resolverlo habría que invertir millones de dólares, que claramente no tenemos.

La modificación de la Ley de Glaciares tiene como objetivo afectar el pequeño remanente de zonas productivas para las compañías mineras que esta ley les “quitó”. Las zonas peri-glaciales por las que tanto presión y lobby existe hoy representaría sumar apenas un 1% más a la zona que ya actualmente tienen permitida para la minería. Es decir, es ambición sin mucho argumento.
Es fundamental en esto entender que las actividades mineras se regulan bajo el código minero nacional, claramente ya desactualizado debido a que tiene bastante más de tres décadas de historia (casi cuatro). Más aun, en las provincias mineras, los estudios de impacto ambiental para la producción minera no son realizados por los ministerios (secretarías o direcciones) de ambiente o entidades similares, sino por las mismas autoridades de minería. Es decir, el lobo cuidando de las ovejas.
Volvamos un segundo al caso del visón y el macá tobiano. La falta de previsión en el pasado nos dejó un problema en nuestro presente. En ese caso “sólo” problema para la biodiversidad. No comprender el impacto sobre los glaciares que tendría destruir los ambientes peri-glaciales significa poner en riesgo la vida de 15% de los argentinos en el futuro, quizá no tan lejano.Es, casi con certeza, dejarlos sin un recurso tan importante como el agua. Intentan hacernos creer que sin ese 1% más de explotación minera no se podrá bajar la pobreza.
Hoy tenemos la conciencia ambiental, sabemos hacia dónde va el mundo en un contexto de crisis climática, donde las sequías afectarán gran parte del mundo, especialmente Argentina. Hoy ya no es como antes, ya que si tenemos los recursos para basar nuestras decisiones en información científica sólida. Hoy no podemos pensar en producción sin pensar en bienestar futuro. Hacerlo es irresponsable y nos pone en riesgo a todos.
