Liliana Bodoc tuvo una relación particular con la literatura. Comenzó a publicar a los 42 años, se convirtió en un éxito editorial desde su comienzos con La saga de los confines integrada por “Los días del Venado” (2000), “Los días de la Sombra” (2002) y “Los días del Fuego” (2004). También en ese mismo año publicó el libro de cuentos infantiles Sucedió en colores; en 2008, la novela El espejo africano y en 2009, Presagio de Carnaval

Murió súbitamente debido a un infarto a los 59 años, en la madrugada del cuando 6 de febrero de 2018. También su madre había muerto de manera repentina cuando la escritora tenía apenas 7 años.

Hoy, El hilo de oro publicado por Edyfil, la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo, nos trae nuevamente la voz de Bodoc, esta vez para escuchar sus criterios sobre la creación literaria y para acceder a sus consejos prácticos sobre escritura creativa, lo que también en una forma de entrar en la cocina de su propia escritura.

Es precisamente allí, en la cocina de su casa en Buenos Aires, donde se había trasladado por cuestiones laborales de su marido, donde entrevisté, un tanto intimidada por el torrente de su escritura, a Bodoc por primera vez. El lugar no resulta casual, si se tiene en cuenta que El hilo de oro se abre con un breve texto de su autoría que dice: “Porque amasar un pan y escribir un cuento son cosas muy parecidas. Porque repartir un pan entre todos y leer un cuento en voz alta son las más antiguas costumbres del amor”.

Es que Bodoc tenía, efectivamente, frente a la literatura la modestia del pan. No era una pose impostada, sino una actitud auténtica, la misma que la impulsó a transmitir sus saberes sobre la escritura, porque si bien no es del todo posible aprender a escribir porque supone mucho más que conocer las herramienta y la técnica, ella confiaba en éstas como un instrumento fundamental de la escritura que aunque no era suficiente, sí era imprescindible.

Liliana Bodoc: publican “El hilo de oro”, un libro que reúne sus clases y apuntes sobre el arte de narrar

Liliana Bodoc y El hilo de oro

El hijo de oro está conformado por consignas, clases grabadas y apuntes reproducidos en los talleres dictados por Bodoc en la Universidad de Cuyo, en Hasta Trilce y en el bar Barcelona de Mar del Plata. 

En el primer capítulo, Bodoc da, sin explicitarlo del todo, su primer consejo de modestia literaria y reivindica la escritura como un trabajo arduo y paciente. “Todos los artistas, creo yo, -dice Bodoc- están absolutamente acostumbrados al ensayo y al boceto. Nosotros no. Nosotros queremos abrir el archivo y ‘en un lugar de la Mancha…‘”.

Y agrega: “Los bailarines se caen, los músicos practican con sus instrumentos por años, los pintores hacen una forma, se van y luego vuelven, la miran y la vuelven a hacer. Nosotros no toleramos el boceto y eso no está bueno. No sirve, no nos ayuda. Nos lleva, en todo caso -en el mejor de los casos-, por el lugar repetido que nos queda cómodo, por el lugar que nos sale fácil Y eso puede servir un par de páginas, como mucho para una novela o dos, pero se termina pronto. Se agota”.

Bodoc continúa con sus consejos sobre la modestia literaria más adelante cuando dice: “Hay algo que necesariamente tenemos que preguntarnos al sentarnos a escribir. ¿Desde dónde escribimos?”

Y agrega: “A mí me parece absolutamente importante: ¿escribimos desde el ego? ¿Cuántas veces escribimos desde el ego? Y se los digo de verdad, se nota mucho cuando escribimos desde el ego o cuando escribimos desde las autoridades”. A continuación hace un llamado a no sentarnos al lado de César Aira, Borges, Piglia.

Bodoc remata el concepto diciendo: “es mejor que estén nuestros fantasmas, nuestro parientes, nuestros muertos. Es mejor que estén nuestros perros echados a nuestros pies”.

Con ligeras variantes, todas las clases de Bodoc tienen este tono entre coloquial y poético que nos acercan a la modestia de una hogaza de pan y que nos proponen un encuentro a la vez más sencillo y más profundo con la literatura.

El libro también incluye fotografías y textos de algunos de sus alumnos que tienen el aura de un álbum familiar.

Le siguen en el capítulo Lo cinematográfico propuestas para darles movimientos a los textos, consejos para hacer ejercicios de escritura desde la imagen, desde la imposición- También se refiere a la intención y hace consideraciones sobre los géneros literarios y la importancia del detalle y el ritmo.

Liliana Bodoc: publican “El hilo de oro”, un libro que reúne sus clases y apuntes sobre el arte de narrar
Foto: TM

La parte II del libro se llama “¿Dónde está mi corazón?” y está referida a qué se le quiere contar al lector y qué no. Aquí Bodoc propone ejercicios prácticos y consignas que seguramente serán útiles para quienes aspiran a ser escritores como para aquellos que desearían sólo escribir con una mayor fluidez o probar sus aptitudes para la escritura creativa. También se refiere a la temporalidad de la escritura, a los comienzos de un relato y a la importancia de releerse

En la tercera parte Bodoc vuelve a la comparación entre el pan y la escritura, Se llama: “Amasar la palabra” y está referida fundamentalmente a la construcción del personajes y a la construcción del narrador o narradores, al argumento y la verosimilitud.

El libro se cierra con “La palabra y la honra”, el discurso pronunciado por Bodoc cuando la Universidad Nacional de Cuyo le entregó el Doctorado Honoris Causa, los agradecimientos al equipo editorial y palabras de Mariana Guzzante, directora académica de Edyfil. La contratapa pertenece a Gustavo Zonana.