Las atmósferas pictóricas de Lily Salvo ofrecen luces dramáticas, grises y negros intensos, así como colores tenues: brillan en sus sutilezas. Más de cuarenta de sus grabados, pinturas, dibujos y bocetos -muchos jamás exhibidos-, de las décadas de 1970 y 1990, componen la muestra Lily Salvo. En el umbral del misterio, en el Museo Nacional de Bellas Artes, que podrá visitarse hasta el 10 de mayo. ¿Qué imágenes conjuró Lily Salvo (1928-2010)? ¿En qué universos se inspiró para desplegar sus vastas creaciones oníricas y simbólicas?

“El Museo Nacional de Bellas Artes redescubre a una artista cuya obra explora las tensiones del mundo contemporáneo a través de composiciones en ese umbral donde la imagen se abre al misterio”, dice la curadora, María Florencia Galesio, responsable del Área de Investigación del Museo. La exposición se organiza en tres núcleos: retratos y autorretratos, el cuerpo y la denuncia política. Como dice Galesio en el texto curatorial: “Su aproximación al grabado trascendió el ejercicio técnico para convertirse en un medio de reflexión crítica”.
Así, “a través de técnicas como el aguafuerte y el aguatinta, Lily Salvo construyó escenas de gran intensidad dramática vinculadas al exilio, pobladas por cuerpos fragmentados o cabezas encerradas en cajas”. Y profundiza: “En muchas de sus composiciones la figura humana ocupa casi la totalidad del espacio, mientras el entorno se reduce a indicios mínimos: un horizonte, planos que sugieren interiores o pequeños objetos -sombreros, pinceles, cajas, flechas- que adquieren valor simbólico”, con “una gran economía de elementos”.
Lily Salvo y su trayectoria
Lily Salvo nació en La Plata en 1928 y se radicó en Montevideo, donde estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en el histórico Taller Torres García, núcleo de la Escuela del Sur. Colaboró con el semanario Marcha y con el Cine Club-Cinemateca de Montevideo y en 1972, por la dictadura, se fue a Europa, donde vivió durante cuatro décadas -sobre todo, en Florencia y Roma- y desarrolló su mayor obra. Desde los ‘70 sus piezas fueron exhibidas en Lucca, Florencia, Roma, Milán, Nancy, Cracovia, Frankfurt, Cali, Nueva York y Buenos Aires.
Además, en Italia tuvo una intensa labor como vestuarista y escenógrafa, y colaboró con el coreógrafo belga Micha van Hoecke en un cruce entre las artes visuales y la danza contemporánea. Cuenta la curadora: “En esta exposición pueden verse un conjunto de diseños que realizó para la ópera contemporánea Lucía!, compuesta por Sergio Rendine y estrenada en el Teatro de San Carlo de Nápoles en 1987. Sus atmósferas persistían allí.

Ya en 2020, el Museo Juan Manuel Blanes de Montevideo le dedicó a Lily Salvo la exposición De la misma materia que los sueños y sus trabajos están en colecciones del Palazzo Madama de Roma, el Complesso Monumentale di Santa Chiara de Nápoles y el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo. Pero, ¿de dónde provenían las inspiraciones de Lily Salvo? Así como el exilio había sido clave para ella, en Italia desplegó sus obras en diversos formatos: pintura, grabado, dibujo, ilustración editorial, escenografía y diseño de vestuario.
“En la obra de Salvo, lo simbólico, lo onírico y lo inquietante conviven con una profunda reflexión sobre la condición humana”, señala Galesio. Y observa que el simbolismo, el expresionismo, el surrealismo y la pintura metafísica conviven en la imaginación de Lily Salvo, con el retrato en un lugar nodal. “Salvo exploró la complejidad del mundo femenino y la dimensión psicológica de sus personajes. Sus pinturas al óleo -a veces construidas con una materia densa, otras mediante transparencias delicadas- revelan una notable sensibilidad”.
Además, Galesio entiende que Lily Salvo “emplea los medios plásticos al servicio de la expresión, y de cierta introspección, para conocer el mundo de lo femenino. Eso se da en los retratos, tanto en el grabado como en la pintura. Además, emplea la fantasía, la ironía y el grotesco para descubrir la realidad que la rodea”. Para Galesio “fue un descubrimiento poder acceder a su obra y es interesante cómo Lily Salvo maneja una cuestión un poco más onírica, con sus cabezas metidas dentro de cajas o su manejo del absurdo en algunos grabados”.

¿Cómo fue el proceso de curaduría e la muestra Lily Salvo. En el umbral del misterio? “No fue muy complicado poder organizarla -explica Galesio- porque Lily Salvo tiene un recorrido muy marcado en aquellos temas que aborda. El retrato, el autorretrato, la figura humana y todos aquellos otros grabados que recurren a su memoria, y que pueden haber sido momentos dramáticos del exilio, fueron bastante fáciles de unir y de distribuir por núcleos”. E invita: “Nos interesa que el público pueda entender a Lily Salvo de una forma accesible”.
La nieta de la creadora, la joven Helena Grompone, que estudia en París, “hizo un pequeño video de homenaje a su abuela que completa la mirada sobre lo femenino que tuvo la artista -cuenta la curadora-. Además, hay documentación de folletería, artículos de prensa y catálogos de exposiciones que van a formar parte de lo que la familia va a donar a la Universidad Nacional de Tres de Febrero, y cuya curaduría y trabajo de investigación va a hacer Sofía Bresler, quien además se ocupó del ordenamiento del material para la muestra”.
Para Galesio “Lily Salvo maneja el aguafuerte como el aguatinta, que son técnicas de grabado sobre metal, y con un trabajo de trazo y de manejo de los tintes logra darles atmósferas muy dramáticas a cada una de las escenas”. De ahí el valor de la muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes: “De alguna manera estamos dándole lugar a una artista que acá no se conocía. El día de la inauguración, el 7 de abril, mucha gente del público realmente se sorprendió por la calidad de sus obras. La gente se interesa cada vez más por Lily Salvo”.