Se cayó el relato. El jefe de Gabinete Manuel Adorni, que había asegurado exultante hace unos meses que los familiares de los funcionarios dejaban de viajar en los viajes oficiales por decreto, se trasladó junto a su pareja, la coaching ontológica Bettina Angeletti, a Nueva York. Como parte de la comitiva, ambos se alojaron en el lujoso hotel cinco estrellas The Langham, cuya tarifa es de 1500 dólares la noche. A estos valores, por una semana que es lo que se extendió la gira presidencial «Argentina Week», se podrían haber pagado los sueldos de unos 15 becarios del CONICET, un sector vilipendiado por el gobierno. 

Justamente Adorni fue uno de los funcionarios que más atacó a sectores como docentes e investigadores universitarios con acusaciones de falta de trabajo o de supuestas irregularidades, exigiendo auditorías para justificar el ajuste. Auditorías que habrá que ver si ocurren en el caso de su viaje, ya que el jefe de gabinete acumula denuncias, como la de Marcela Pagano o pedido de informes como el del legislador Esteban Paulón.

Según se informó, la pareja estuvo al igual que el resto de los funcionarios, en el hotel situado en la Quinta Avenida al 400, en pleno Manhattan, una de las zonas más exclusivas de la ciudad, a metros del Empire State Building, Bryant Park y Times Square.

De acuerdo a la web del hotel, la habitación más cara supera los 1600 dólares, mientras que las más económicas rondan los 800. Todas tienen vistas a la Quinta Avenida y el servicio incluye “bar premium, incluido el champán” y “presentaciones culinarias todo el día, incluyendo un desayuno completo”.

Vale decir que el escándalo trascendió luego de la difusión de una fotografía en la que se ve a la pareja en medio de una actividad oficial en el santuario Ohel, en Queens, donde Milei visitó a la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson, líder espiritual del movimiento Lubavitch.

Como se sabe, Adorni se defendió los cuestionamientos sobre la utilización de fondos públicos para sus propios fines, al argumentar que su pareja “iba a viajar a Nueva York. De hecho, ya tenía pasaje comprado para el 26 de febrero por US$5348 (…) Pero después hubo un cambio en el viaje: de Nueva York yo pasaba por Miami y quería que me acompañara”.

“Son trabajos muy sacrificados y era mi deseo que mi mujer me acompañe”, dijo, echando por tierra todo el relato que mantuvo desde hace años, en donde hacía especial hincapié en las giras presidenciales y en la cantidad de personas que acompañaban a los funcionarios. 

Y soltó su ya «célebre» frase: «Vengo a deslomarme y quería que me acompañe. No le sacamos un peso al Estado. Presidencia la invitó a subirse al avión porque si no, no nos íbamos a encontrar», a pesar de que los viajes de presidencia son costeados con fondos públicos.