En 1902, durante los albores del recién comenzado siglo XX, conmovido por las proporciones de la pobreza que descubrió en una visita a la ciudad de Londres, el escritor estadounidense Jack London se impuso a sí mismo un ejercicio arriesgado. Movido por su naturaleza profundamente humanista, se propuso narrar cómo era la vida de las personas que habitaban el East End, el barrio más pobre de la capital británica, pero no a la distancia, desde la comodidad del turista social que mira a la realidad de los otros a través de las ventanas enrejadas de la burguesía.

Por el contrario, London decidió vivir durante un tiempo en aquel sector miserable de la ciudad, mezclándose entre sus vecinos, para dar cuenta de ello en primera persona. El resultado de esa experiencia, que se adelantó unos sesenta años al llamado periodismo gonzo, es el libro El pueblo del abismo, que acaba de ser publicado por la editorial chilena La pollera.

Jack London y un retrato de la pobreza a comienzos del siglo XX como espejo fiel de la actualidad

London es famoso por su obra literaria, en la que supo narrar la vida de las clases obreras que conocía tan bien. Él mismo se desempeñó como minero, empleado en un molino, marinero, explorador o periodista. Esas experiencias alimentaron sus cuentos y novelas, en su mayoría protagonizadas por trabajadores explotados o buscavidas. Pero ninguno de esos textos expresa su preocupación por las tremendas desigualdades que alejan a las clases altas de los pobres con la potencia que lo hace El pueblo del abismo.

London en Londres

La elección de Londres y sus suburbios miserables no es azarosa a la hora de llevar adelante la experiencia que propone este libro. A comienzos del siglo XX habían pasado unos 50 años desde lo que la historia considera el final de la revolución industrial, proceso que terminó de instalar a Inglaterra como el gran imperio colonial de su tiempo. Sin embargo, no había sitio en el mundo en que las consecuencias sociales de aquel período se mostraran con toda su potente contradicción que aquella capital imperial, donde las personas más ricas del mundo estaban separadas de las más miserables por apenas algunas cuadras.

Jack London y un retrato de la pobreza a comienzos del siglo XX como espejo fiel de la actualidad
Jack London

Lo curioso de las experiencias que London relata en El pueblo del abismo es que tanto podrían ser parte de un manual de historia que describe la vida del vulgo durante la edad media, como de una crónica ambientada ayer nomás en cualquiera de las villas miseria de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores.

La falta de oportunidades laborales; una multitud de gente durmiendo en las calles, hostigadas por la policía; los chicos y los adultos revolviendo la basura para comer lo que sea;  las filas para comer en una olla popular o dormir en un parador nocturno; la mugre, el olor a pis, la invisibilidad. London lo cuenta todo sin ahorrar detalles, convirtiendo al libro en un espejo incómodo para el lector del siglo XXI.

Jack London y un retrato de la pobreza a comienzos del siglo XX como espejo fiel de la actualidad

“Un libro que nos lleva a concluir que todavía enfrentamos las desigualdades grotescas de la revolución industrial […] que relegó a millones de personas a una existencia precaria, a un precipicio donde el estándar de vida resultaba peor que el de las tribus del neolítico”, describe Nicolás Medina Cabrera en el prólogo de El pueblo del abismo.

Si se piensa que tal vez la aparición de las inteligencias artificiales en la actualidad podrían derivar en consecuencias socioeconómicas similares a las que dejó el impacto de la mecanización en la industria del siglo XIX, entonces este trabajo de London puede funcionar como una advertencia. Un aviso, no para detener un avance que se avizora inevitable, sino para tomar decisiones que permitan amortiguar el impacto, sabiendo que, con seguridad, la ganancia de algunos pocos representará para millones la diferencia entre la dignidad y la miseria. No aprender de los errores cometidos hablaría muy mal de la especie humana.