Desde el escenario del Kaseya Center, en Miami, Lionel Messi cuenta que el fútbol ya tiene un final para su vida. Es noviembre de 2025. Messi se acomoda el micrófono, muy pegado a la cara, y le dice a su entrevistador que para pensar en cómo seguir después del retiro le interesa la parte empresarial. “Estoy arrancando en esto”, explica. “Como empresario”, completa su interlocutor. Le recuerda sus proyectos Más+ by Messi, la inversión en los hoteles MiM y su sociedad con la cadena El Club de la Milanesa. Hay muchos más. Messi le dice que quiere aprender en ese terreno. Todavía no es campeón de la MLS. Entre el público está Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Messi lo saluda. Todos participan del American Business Forum. Por ahí también pasan, en esos días, Javier Milei, Jeff Bezos y Donald Trump.

A pocos meses de cumplir 39 años, algo que ocurrirá durante el Mundial que se aproxima en Estados Unidos, Messi es consciente de todo lo que hace. Del mundo que habita. El jueves no fue uno más en la recepción de Trump al plantel de Inter Miami, campeón de la MLS. Messi ingresó al Salón Este de la Casa Blanca como escolta del presidente de los Estados Unidos. También lo hizo Jorge Mas Santos, propietario del club, hijo de Jorge Mas Canosa, histórico activista contra la revolución cubana. No es casual que Trump haya hablado de la isla amenazando con una próxima invasión.   

Los aplausos de Messi
Foto: @WhiteHouse

Messi no participó apenas de un homenaje protocolar por el título, como intentó luego despejar Javier Mascherano. Al menos no lo entendió así el propio Trump, que realizó un acto político, una arenga guerrerista por el ataque a Irán, incluso a una escuela primaria, según imágenes de la cadena CNN. Todos aplaudieron las palabras de Trump.

Con contrato hasta 2028 como futbolista, el plan es que continúe como accionista del Inter, socio de Mas, además de sostener sus múltiples intereses. ¿Pudo haber dicho que no? ¿Pudo haber evitado participar del acto de Trump? Por supuesto. Pero la pregunta es otra. ¿Y si lo que en realidad hay que entender es que quiso estar, que no quiso perderse ese encuentro?

Los aplausos de Messi

Messi siempre había esquivado hasta acá cualquier movimiento que lo comprometiera políticamente. En enero del año pasado, no quiso ir a recibir la Medalla Presidencial de la Libertad que le entregó Joe Biden, un galardón que los mandatarios estadounidenses le otorgan a extranjeros. Sólo dos argentinos la tienen, el Papa Francisco y Messi, a quien se la enviaron por correo. Tampoco fue a la Casa Rosada después de haber ganado el Mundial en Qatar 2022, con una multitud en las calles. Aquello fue más difícil, no sólo fue decisión de Messi. Claudio “Chiqui” Tapia estaba distanciado de Alberto Fernández, que había querido sacarlo de la AFA. Hay que recordar la cortina a Eduardo “Wado” De Pedro, el entonces ministro del Interior. Más joven, Messi participó de la campaña de Abuelas de Plaza de Mayo por la búsqueda de los nietos y visitó a Cristina Fernández de Kirchner después del Mundial 2014. Otros tiempos. Messi tampoco tiene, por ejemplo, una foto con Javier Milei. 

En la parte en la que se salió de lo político, Trump comparó a Messi con Pelé. Dijo que era mejor que Pelé, al que había visto en el Cosmos de Nueva York. Se dio vuelta, le habló a los jugadores, a los sonrientes Luis Suárez y Rodrigo De Paul, a Mascherano. La comparación de Trump es muy pertinente. Mucho más pertinente a la que se quiere hacer con Diego Maradona. Messi es mucho más Pelé que Maradona. Pelé era el hombre de la FIFA, de las multinacionales, de la tarjeta de crédito que lo auspiciaba. Y Messi, como demostró en este tiempo, tampoco quiere ser Maradona. Ya dijo con sus gestos, con lo que se puede adivinar, que no le interesa ser Maradona. Lo admira, lo quiere, le demostró respeto e idolatría, pero él es Messi. Sus gestos ocurren adentro de la cancha, nunca pretendió interesar afuera de ella. Maradona, en cambio, excedió al jugador, excedió a todo, fue mucho más que un futbolista.

Los aplausos de Messi

Aún así, la foto con Trump inevitablemente daña a Messi, su imagen, su vínculo con un sector del mundo que lo ama, que lo amó durante Qatar 2022, que lo alentó lejos de la Argentina, y que hoy está amenazado por las bombas. Habrá que ver hasta dónde llega, pero lo daña en los países que compran camisetas pero a los que él no puede sacar campeón del mundo. En la Argentina es otra historia, todo está intermediado por el triunfo. Por el Mundial que viene, incluso, en Estados Unidos (también en México y Canadá). Que tiene a Irán como selección clasificada, ahora por supuesto en duda. “No me importa que jueguen”, dijo Trump. Sí le debe importar que lo juegue Messi, una figura global. Su foto con Trump llegó a todos lados esta semana en medio de la guerra. “Nunca he conocido europeos —ni un mundo— tan antiestadounidenses como hoy”, escribió el escritor inglés Simon Kuper en el New York Times esta semana. El diario inglés The Times dejó un título descriptivo: “Lionel Messi aplaude mientras el presidente Trump se jacta de bombardear Irán”.