Quizá tenga razón el santo yonqui William Burroughs: todo placer es un alivio. Esa sentencia parece ser el motor invisible que empuja a los personajes de Los pasos prohibidos (Editorial Omnívora), la nueva novela de Rodolfo Omar Serio. Mientras el orden sanitario decretaba el no-contacto y el silencio higiénico de las ciudades, en los márgenes del Abasto y los búnkers de cemento porteños, el deseo se hace carne. Es la bitácora de una resistencia química; una (des)memoria de la fiesta después del apocalipsis que se lee con la urgencia de quien sabe que la «nueva normalidad» es solo otra forma de vigilancia.

El punto de partida es una mitología raver-queer con tintes de ciencia ficción porteña: en el piso 22 de un edificio, nueve chicos fanatizados por un DJ polaco llamado Ruido Indecente intentan abrir un portal interdimensional. El combustible es el «sonido Lincoln», una frecuencia capaz de fisurar la realidad como un láser, y la guía son los fragmentos de una serie cuya última temporada nunca se emitió. En ese «espacio-no tiempo» arrebatado al control estatal, los personajes se escabullen de la pandemia para ingresar en un mundo de diálogos fragmentados, departamentos-refugio y sustancias que prometen el ahogo dulce en el agujero de la anestesia.

Los pasos prohibidos: literatura y música para pastillas

Como bien señala Enzo Maqueira en la contratapa, no es una novela sobre el amor después del amor. Es, más bien, una radiografía del after como espacio de exploración y camaradería. Allí aparece Malena, esa amiga chamánica que «cocina la teka como ninguna y en cada gramo pone su corazón». Hay en la prosa de Serio una conexión directa con esa hipótesis que el investigador brasileño Leo Felipe lanzó en su Historia universal del after: la pista de baile como un pequeño espejo que refleja y distorsiona el cosmos. Aquí, el baile no es ocio; es semiótica de la carne, una tecnología del deseo en su gloria luminosa.

La novela de Serio dialoga con la genealogía del under porteño, desde el Parakultural hasta las fiestas nómades que florecieron en la pospandemia. Sus personajes son «Ángeles del infierno» que reivindican el Peace, Love, Unity and Respect (PLUR) frente a un mundo que intentó decretar el fin del contacto físico. Es la épica de los feos, sucios y malos; laburantes que se gastan el salario en una noche para salir de la «mierda de la semana» y sentir, aunque sea por un rato, el alivio —burroughsiano— del calor humano que el algoritmo les niega.

Con referencias literarias, palabras transgénicas y una disección precisa del flash compartido, Los pasos prohibidos celebra las amistades químicas. Rodolfo Omar Serio construye un culto a la teka como portal hacia un mundo donde ninguna pandemia podrá robarnos el derecho a morir por un rato para sentirnos vivos. Una novela plebeya sobre la deriva de quienes ponen el cuerpo en el sucio dancefloor porque saben que, cuando todo se derrumba, todavía nos queda el after.

Al final, solo queda seguir bailando hasta que las piernas no den más. Porque en la noche profunda, cuando el tecno nos canta sus aceleradas canciones de cuna, el portal finalmente se abre.